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19 de mayo 2006 - 00:00

Solá resta apoyo a cumbre para unir PJ

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Alos tumbos, el proceso de mestizaje entre el Frente para la Victoria (FpV) y el PJ bonaerense -feroces rivales electorales en octubre pasado- ofrecerá esta tarde un ensayo formal de fusión que, lejos de ser pacífico, estará contaminado por la primera crisis brava y pública en el kirchnerismo de Buenos Aires. El nudo crítico es Felipe Solá, atizado por la tropa «randazzista», que recela de un acercamiento con el peronismo y, por ese motivo, faltará a la cumbre de Coronel Suárez, donde se reunirá el consejo partidario, con intendentes y legisladores de la sexta sección electoral -sur provincial- tanto del PJ como del FpV. El felipismo, que a principios de año intentó -sin éxito- desbarrancar a José María Díaz Bancalari de la jefatura partidaria, despotrica contra el ensamble PJ-FpV con el argumento, a simple vista razonable, de que esa fusión no respeta la ecuación que entronó el 23-10 respecto de vencedores y vencidos. Solá y su ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, recitan a diario ese libreto para justificar que el posoctubre no «debe» ser conducido por «los perdedores». Pero Néstor Kirchner ha dado señales precisas sobre, al menos, no avanzar en la destrucción de la conducción del PJ que encarnan Bancalari y Hugo Curto. La incertidumbre asoma, en cambio, cuando se profundiza sobre cómo debe continuar el proceso. Los delegados de la Casa Rosada -desde Carlos «Cuto» Moreno hasta Carlos Mosse- aseguran que el Presidente les dio expresas indicaciones para producir un acercamiento entre el PJ y el FpV. Solá, en cambio, y especialmente Randazzo, aseguran que nunca existió -al menos hasta ayer- ninguna orden de Kirchner para avanzar con un concubinato con los ex enemigos y advierten que otros operadores, que sólo pretenden desplazarlos del ring, invocan una «falsa decisión» del patagónico.

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Calzando cada palabra con algodones para no despertar la ira santacruceña, Solá y Randazzo insistían ayer con ese fundamento para evitar que su resistencia a un acercamiento entre el FpV y el peronismo sea interpretado como un desafío a la voluntad y determinación del Presidente. Algo es cierto: el miércoles, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, llamó en «nombre de Kirchner» a los seis jefes comunales que el peronismo en formato PJ o FpV tiene en la Sexta Sección para pedirles que concurran a la cumbre de Coronel Suárez. También es real que Parrilli tiene la rara virtud de no mejorar todo lo que toca. Ejemplo: planeó una marcha pro Kirchner para el 24 de marzo que debió suspender, pero engendró los incidentes de esa tarde frente al palco. ¿Pasará lo mismo el 25 de mayo, ahora que es responsable de la seguridad de la «plaza del sí»? En esa agitación, es práctico detenerse en algunas precisiones:   

  • La fusión entre PJ y el FpV en la provincia que, al menos, autoriza Kirchner debe leerse más allá de las fronteras bonaerenses: tiene, en el caso más obvio, rebote en el Congreso nacional y fue allí donde dio el primer paso cuando el gobierno buscó votos para aprobar la reforma del Consejo de la Magistratura. Aportó, además, calma en otros planos, como los municipios donde los ex duhaldistas corrían riesgo de ser desplazados por inquietos kirchneristas. La Casa Rosada apagó de un grito todos esos movimientos.

  • El acercamiento, sin embargo, es unidireccional: el kirchnerismo le abre la puerta al posduhaldismo amigo para que se conviertan en parte (el PJ) de un todo (el FpV). Kirchner no supone un ensamble entre iguales, sino la incorporación de un actor importante como el PJ para, en el futuro, ir incorporando otros protagonistas al pankirchnerismo: sectores de la UCR y vecinalismo, entre otros.   

  • El felipismo controla a seis consejeros del PJ -Randazzo, Aloe, Bartoletti, Pérez, Quintana y Bozzani-sobre un total de 48. Además dos diputados, mientras los intendentes están en zona neutral. Puro simbolismo como expresión numérica, pero sintomática la rebeldía porque representan a Solá y Randazzo. Habrá otras ausencias obvias: Chiche Duhalde y Juan José Alvarez, los únicos no kirchneristas que perduran en la mesa del consejo partidario. En tanto, el bancalarismo, con el espaldarazo de Mosse -a quien Kirchner le pidió que intervenga en la fusión-, y el neokirchnerismo de los intendentes del conurbano, coordinados por Julio Pereyra y Alberto Descalzo, se mostrarán alineados con el proceso de ensamble.

  • El lugar de la cumbre funciona como emblema: Coronel Suárez está gobernado por el vecinalismo cercano a Solá, pero el FpV local responde a Hugo Bilbao, diputado provincial, que «sateliza» a Mosse y que con éste fueron los únicos dos consejeros partidarios kirchneristas que, por encargo de Kirchner -a veces para espiar, claro-, nunca dejaron de participar de las cumbres del PJ.
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