Todo raro, por lo menos, en la celebración de Granaderos. Ese regimiento, se supone, merecía otro tratamiento. Por ser custodios del Presidente, se imaginaba que Néstor Kirchner asistiría a la ceremonia. Inclusive, se cambió el horario programado (a la tarde) por las 11 horas en la confianza de que se adecuaría a la agenda presidencial. Aun así, a pesar de las promesas, igual el mandatario no fue. Muchos conjeturaron que la inasistencia de Kirchner se debió a no compartir estrado con el jefe del Ejército, Roberto Bendini, hoy cuestionado en la Justicia sureña por anomalías administrativas que podrían derivar en su procesamiento (lo que equivaldría a su inmediato pase a retiro). Al menos, así lo entendieron muchos de los asistentes, quienes estaban convencidos de que el jefe de Estado concurriría a la ceremonia para respaldar a Bendini.
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Hubo otras novedades, al menos, para la liturgia militar. El general Bendini cambió también las reglas: normalmente, en la celebración habla el jefe del Regimiento, pero en la ocasión Bendini asumió ese privilegio. Casi inédito o, tal vez, pensando que asistiría Kirchner, a quien le hubiera sentado -se supone- un mensaje nítidamente peronista de los '50, en el cual se evocaron los sacrificios de ese partido sin mencionar el costo que éste les generó a otros sectores.
También se pronunció contra los golpes de Estado, los mismos que encumbraron a militares en el poder, desde el cual se atrajo a jóvenes esperanzados como Bendini en hacer mejor carrera de la que ha hecho.
Seguramente, si hoy Bendini fuera un adolescente, no se postularía para la tarea militar.
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