La ansiedad del secretario de la SIDE por asegurar su futuro es tan conmovedora que hasta hace tambalear los privilegios actuales. Hombre que está a cargo de un presupuesto de $ 108 millones anuales que, además, puede gastar amparado por el secreto de su misión -un caramelo para un político-, a Carlos Soria no se le ocurrió nada mejor que lanzar una candidatura a gobernador por una de las tantas provincias que lo cobijan, Río Negro.
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Este estado es una perla que nunca pudo sumar el peronismo a su corona y la gobierna desde 1983 el radicalismo. El actual mandatario Pablo Verani tiene reelección perpetua, pero su salud personal y la salud de su administración le permiten jugar con el futuro; eso le permite soñar al peronismo que otra vez puede intentar quedarse con la Casa de Gobierno de Viedma. Ya ha retirado a aquel eterno candidato que se convirtió con los años en un seguro de derrota para el PJ, el ex senador Remo Costanzo.
Ahora, la facilidad de recursos políticos con que cuenta Soria le ha permitido dos milagros:
1) reconciliarse con Miguel Angel Pichetto, viejo adversario que lo desplazó siempre de la mano de Carlos Menem y con quien compite cerca del corazón de Eduardo Duhalde. Pichetto es un duhaldista de nuevo pelaje como Soria, que ha compartido esa observancia con lealtades más viejas hacia la «orga» de Diputados que sigue comandando desde las sombras José Luis Manzano.
2) El segundo milagro es el de la ubicuidad. Soria hizo su carrera política en Río Negro, provincia a la que llegó a representar como diputado nacional. Cuando quedó fuera de las listas en 1997, porque Pichetto (con Menem) le ganó la interna, migró sin que se le moviera un músculo a su provincia natal, Buenos Aires, y alcanzó, gracias a la mano de Duhalde, una banca por este distrito.
La cabeza de Soria en el cargo desde el lanzamiento de la candidatura vale cada día menos, ya que los adversarios le recriminan una comprensible incompatibilidad entre sus tareas como master spy y las del candidato. No sólo por el recurso a las infinitas posibilidades de la caja de la SIDE; también porque sus manualidades le permiten acceder, aunque no quiera, a información que privilegia sus posibilidades frente a los demás candidatos. «Hoy, más que nunca, el peronismo rionegrino está ante una oportunidad única: llegar a gobernar la provincia para demostrar que otra realidad es posible. Desde 1983 hasta el presente han pasado años muy duros en los que algunas cosas quedaron muy claras: se puede gobernar tan mal como para dejar una provincia potencialmente rica al borde del abismo», dice el panfleto que hace circular en estos días Soria en Río Negro para presentar su candidatura a la gobernación rionegrina.
El lanzamiento lo oficializó hace dos semanas, en una cena que mantuvo en la capital rionegrina con referentes del peronismo. La semana pasada, comenzó una modesta gira por el interior de la provincia, como en el caso de Sierra Grande. «El pasado fin de semana, en una visita que realizamos a la localidad de Sierra Grande, el senador Miguel Pichetto expresó que ahora debemos ser una alternativa seria, al tiempo que dejaba en claro el acompañamiento a Soria como candidato a la gobernación de Río Negro», dice la misiva con la que se presenta el titular de la SIDE ante la prensa.
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