26 de julio 2005 - 00:00

Sorprendió a Kirchner renuncia de ministro

Horacio Rosatti y Alberto Iribarne
Horacio Rosatti y Alberto Iribarne
Sorpresiva fue, ayer, la renuncia del ministro de Justicia, Horacio Rosatti, al gabinete nacional. Estupor en Néstor Kirchner, quien pensaba reemplazar al abogado santafesino -el cual no le rindió como ministro ya que no operaba en la Justicia y tampoco como candidato pues no pudo postularlo como diputado en su provincia-, pero éste se le adelantó en la decisión.

Se fue por su cuenta, casi al estilo de su antecesor, Gustavo Béliz y, por si fuera poco, lo hizo cuando ciertas habladurías apuntaban a la contratación de un estudio jurídico norteamericano para defender a la Argentina en los juicios del CIADI (tribunal del Banco Mundial). Hasta el mismo Rosatti habla del tema en su despedida: «Espero continúe en el futuro» la línea de defensa que él diseñó en los tribunales internacionales.

Para no ofrecer la debilidad de haber sido sorprendido por la dimisión, en pocas horas Kirchner resolvió la vacante: ascendió al secretario de Seguridad, Alberto Iribarne, buscando menos academia y pergaminos que en Rosatti, pero mayor cercanía política. Iribarne es un hombre allegado al jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Proviene, el nuevo funcionario, del peronismo capitalino. Supo ser el segundo de Carlos Ruckauf (inclusive, cuando ocurrió el aciago episodio del atentado a la AMIA), con la característica de haber sido discípulo del ex ministro y colaborador de Carlos Corach, cuando, con el resto de los peronistas, siempre le atribuyeron dotes de mentor.

También sirvió con entrañable dedicación a Eduardo Duhalde y hoy debe contar con la máxima confianza de Kirchner ya que lo promovió, a pesar de que hace pocos meses apareció involucrado -como tantos otros ex funcionarios- en la lista de los que cobraban sobresueldos bajo la administración Menem.

Si Iribarne parece un hombre para el cargo por su experiencia pasada, no parece que el mismo sayo le encajara al renunciante Rosatti: nunca pareció demasiado cómodo con el kirchnerismo -a pesar de haber sido recomendado para el cargo por Cristina de Kirchner, a quien en esta ocasión ni le avisaron del cambio- por cuestiones de estilo y de fondo que derivaron en más de un encontronazo. El último, al parecer, se vincula al tema del CIADI, al estudio norteamericano que defenderá al país en ese organismo, grupo que llega al gobierno por obra del secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, quizás el hombre de mayor confianza del santacruceño. También fue quien designó al procurador Osvaldo Guglielmino, el responsable frente al CIADI, aunque la fama de Zannini obedece -no la mejor, claro- a la forma en que alineó a la Justicia en Santa Cruz. Al revés de lo que pasaba hasta ayer, difícilmente en el futuro haya tropiezos entre Iribarne y Zannini.

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