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19 de diciembre 2006 - 00:00

Sorpresa para Cristina: Scioli reivindica añejas demandas duhaldistas

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Si bien el Presidente insiste en que nada hay cerrado, se alaba su cintura política por haber propuesto, como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, a Daniel Scioli. Recurso de dudosa ética -nadie ignora que el vicepresidente sólo pensaba en Capital Federal y hacía campaña en ese sentido-, pero de razonable eficacia: al menos, a gran parte del justicialismo le cayó bien la idea. Y esa mayoría no es poca en el distrito que define las elecciones del año próximo. Aun así, Néstor Kirchner confiesa que «todavía falta mucho», que es necesario evaluar el proceso (tanto vacila que ni siquiera han intentado incluir a Scioli en el padrón electoral). Más allá de estas maquinaciones, el vice ya incorporó como propia la decisión y ayer mismo se reunió con Felipe Solá para conocer los preocupantes números de la provincia, producto -según el gobernador-de la falta de equidad en el reparto de la coparticipación. No es nuevo este argumento: en rigor, Eduardo Duhalde también lo esgrimió durante mucho tiempo (en épocas de Carlos Menem obtuvo un resarcimiento con el Fondo de Reparación Histórica) y fue su bandera de lucha contra un Estado que privilegia a ciertos distritos (Santa Cruz, por ejemplo) en detrimento de otros. Esa prédica, sin embargo, se frustró con la Administración Kirchner, que en lugar de corregir el sistema de coparticipación se empecinó en no modificarlo y juró que no lo haría nunca-, más bien prefirió contribuir con asistencias y subsidios los distintos déficits bonaerenses. Y ese objetivo, además, se confirmó con duros discursos de Cristina de Kirchner, representante de Buenos Aires, quien aludió a los problemas económicos de la provincia como un fenómeno de pésima administración pasada, no como resultado de una distribución irregular. Ahora Scioli se ha empapado, vía Solá, de lo que ya sabía sobre coparticipación, entendió el mensaje -finalmente él nada ignoraba, pasó muchas horas de su vida escuchando las quejas de Duhalde cuando jugaban al ajedrez-y asumir esas demandas, quizás, le provoque reticencias en la Casa Rosada. Como se sabe, es costoso, al menos con este gobierno, pretender algún tipo de autonomía.

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