Surge ahora un nuevo San Vicente en la CGT
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Julio De Vido
No podía faltar en una operación de «apriete» como ésta la aparición de Carlos Kunkel, quien se precia de ser comisario político de la Casa Rosada. A él no hay que indicarle nada para que se mueva en favor del camionero. Como consejero de la Magistratura, ya tiene cerrado un acuerdo con el judicial Julio Piumato, moyanista acérrimo, para modificar todas las designaciones del Poder Judicial: con la excusa de promover la transparencia pretende instaurar un régimen de concursos que les impida a los jueces sugerir la designación de su personal de confianza.¿Será una forma de influir sobre los tribunales inundando su línea administrativa? Imposible saberlo ahora. Lo único concreto es que Kunkel llamó al sindicato de Canillitas y a la UOM -es amigo de Francisco «Barba» Gutiérrez- para alinearlos detrás de Moyano y Piumato.
En el caso de Rodolfo Daer, encargado de convocar al listado de «gordos» que se había previsto para la reunión de Obras Sanitarias, lo llamaron directamente desde la CGT: «Si no frenás, preparate para la tapa de los diarios por el tema del terreno de Ituzaingó». Es una causa en la que el secretario de la Alimentación está a punto de llegar al juicio oral. Muy persuasivos los amigos de Moyano. Más discreto estuvo Héctor Capaccioli: desde la Superintendencia de Salud, donde se administran los fondos de las obras sociales, no necesitó explicar mucho para alinear a sus contactos detrás de la conducción formal del gremialismo.
Todo este operativo de contactos y disuasión es nada al lado del protagonismo que cobró Carlos Tomada, el ministro de Trabajo. Está en su mejor momento: Kirchner le encomendó el trato con Moyano, quien hasta hace un mes se burlaba de su función y lo corría con la posible designación de Héctor Recalde. Ahora este laboralista experto se toma tiempo para atender al impetuoso camionero, algo atemorizado con la posibilidad de perder en un mes las prebendas y los subsidios que le otorgaron desde el Tesoro. Ahora le debe agradecer al ministro de Trabajo una operación mayor: haber convocado ayer a su despacho a Armando Cavalieri, acaso el máximo contradictor del camionero, para pedirle tiempo y moderación. «Bueno, Carlitos, pero Moyano ya vino por la logística de los supermercados. Cuando venga por las góndolas, ¿me lo van a frenar ustedes?» Respuesta: «Es cierto, pero ahora vos estás muy bien con el gobierno, con Zannini, te vamos a ayudar».
Además de estos apoyos oficiales, que debilitan a Moyano en grado extremo, se produjo otra curiosidad: los empresarios, como el titular de la UIA, Héctor Méndez, también sostienen al jefe de la CGT por su fragilidad actual. Giro copernicano: el representantede los trabajadores obtiene más sostén de los empresarios.
Tanto calor oficial detuvo la mano asesina de Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez, los dos sindicalistas oficialistas que funcionan hoy como bisagra entre los adversarios del camionero y quienes se mantienen al lado suyo con lealtad. Estos dos ex «jóvenes brillantes», que suscribieron sus propios acuerdos con el gobierno -muy rentables, claro-, no quieren a Moyano pero tampoco quieren ser sus verdugos, por lo menos hasta que Kirchner lo decida. Por eso Rodríguez se negó a suscribir una solicitada que anunciara la caída del secretario general, después de dos horas de discusiones con Carlos West Ocampo.
Con este refuerzo vitamínico, Moyano se anima ahora a una tumultuosa reunión de secretarios generales de gremios mañana. Es de desear que entre camioneros y taxistas no terminen de hacer otro San Vicente. En los números reales, hoy sólo controla 5 de los 34 integrantes del consejo directivo y 200 de los 1.400 delegados del congreso de la CGT. Pende de un hilo y, si perdura, será porque quienes hoy lo empujan alcanzaron un buen acuerdo con Kirchner.




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