2 de noviembre 2006 - 00:00

Surge ahora un nuevo San Vicente en la CGT

Julio De Vido
Julio De Vido
Sigue en el freezer Hugo Moyano, sin que Néstor Kirchner le atienda el teléfono, ofuscado desde los accidentados funerales de Juan Perón en San Vicente. Pero eso no quiere decir que el Presidente no haya dado la orden de sostener al camionero, al menos hasta que se aclare el panorama sindical: bueno sería que, en la semana de la derrota misionera, también le descabezaran la conducción sindical que él mismo pergeñó. Por eso, si se les aplicara a los teléfonos de los sindicalistas y de los ministros aquel método del Excalibur que se hizo famoso durante la causa de José Luis Cabezas, aparecería un sorprendente e hiperactivo cuadro de contactos.

El más solícito fue Julio De Vido, como siempre. Es el padrino de Moyano dentro del gobierno, desde aquel día en que el camionero le advirtió: «No te olvides de que con el cuento de la Banelco derrumbé un gobierno. El día que estén débiles me van a conocer». Eran los albores de la actual administración, y el sindicalista se quejaba de que lo hubieran «mejicaneado»: él había colaborado con la campaña presidencial a cambio de que le mantuvieran a Guillermo López del Punta como secretario de Transporte, y Kirchner resolvió desconocer los acuerdos (garantizados por el senador Nicolás Fernández) y designar allí a Ricardo Jaime.

Se necesitaron muchos esfuerzos para recomponer el vínculo: entre otras cosas, la designación de un hombre de Moyano, Jorge González, como segundo de Jaime.

Lo cierto es que, desde entonces, De Vido tiene una instrucción: «Aunque yo no le atienda el teléfono, vos lo seguís frecuentando». Es lo que sucede, por primera vez, en estos días. El ministro de Infraestructura llamó a todos los gremios ligados a las empresas reguladas por su área y los conminó a apoyar a Moyano. Ya lo había hecho antes, tal como confesó en su momento Omar Maturano: «El que me convenció para unirme a la CGT fue De Vido, que me hizo entender». La Fraternidad, el sindicato de maquinistas de trenes que capitanea Maturano, recibió su parte en el ferrocarril Belgrano Cargas. Ese gremio conoció tiempos de mejor intransigencia a lo largo de su historia, es cierto.

  • Con sindicatos

  • Además de los llamados de De Vido, también figuran conexiones entre teléfonos de Daniel Filmus y sindicatos ligados a la Educación. El mismo mensaje, aunque formulado con más cortesía que el del arquitecto: «Veríamos mejor que no te prendas en la embestida contra Moyano», explicó el ministro a sus interlocutores de guardapolvo blanco.

    No podía faltar en una operación de «apriete» como ésta la aparición de Carlos Kunkel, quien se precia de ser comisario político de la Casa Rosada. A él no hay que indicarle nada para que se mueva en favor del camionero. Como consejero de la Magistratura, ya tiene cerrado un acuerdo con el judicial Julio Piumato, moyanista acérrimo, para modificar todas las designaciones del Poder Judicial: con la excusa de promover la transparencia pretende instaurar un régimen de concursos que les impida a los jueces sugerir la designación de su personal de confianza.¿Será una forma de influir sobre los tribunales inundando su línea administrativa? Imposible saberlo ahora. Lo único concreto es que Kunkel llamó al sindicato de Canillitas y a la UOM -es amigo de Francisco «Barba» Gutiérrez- para alinearlos detrás de Moyano y Piumato.

    En el caso de Rodolfo Daer, encargado de convocar al listado de «gordos» que se había previsto para la reunión de Obras Sanitarias, lo llamaron directamente desde la CGT: «Si no frenás, preparate para la tapa de los diarios por el tema del terreno de Ituzaingó». Es una causa en la que el secretario de la Alimentación está a punto de llegar al juicio oral. Muy persuasivos los amigos de Moyano. Más discreto estuvo Héctor Capaccioli: desde la Superintendencia de Salud, donde se administran los fondos de las obras sociales, no necesitó explicar mucho para alinear a sus contactos detrás de la conducción formal del gremialismo.

    Todo este operativo de contactos y disuasión es nada al lado del protagonismo que cobró Carlos Tomada, el ministro de Trabajo. Está en su mejor momento: Kirchner le encomendó el trato con Moyano, quien hasta hace un mes se burlaba de su función y lo corría con la posible designación de Héctor Recalde. Ahora este laboralista experto se toma tiempo para atender al impetuoso camionero, algo atemorizado con la posibilidad de perder en un mes las prebendas y los subsidios que le otorgaron desde el Tesoro. Ahora le debe agradecer al ministro de Trabajo una operación mayor: haber convocado ayer a su despacho a Armando Cavalieri, acaso el máximo contradictor del camionero, para pedirle tiempo y moderación. «Bueno, Carlitos, pero Moyano ya vino por la logística de los supermercados. Cuando venga por las góndolas, ¿me lo van a frenar ustedes?» Respuesta: «Es cierto, pero ahora vos estás muy bien con el gobierno, con Zannini, te vamos a ayudar».

    Además de estos apoyos oficiales, que debilitan a Moyano en grado extremo, se produjo otra curiosidad: los empresarios, como el titular de la UIA, Héctor Méndez, también sostienen al jefe de la CGT por su fragilidad actual. Giro copernicano: el representantede los trabajadores obtiene más sostén de los empresarios.

    Tanto calor oficial detuvo la mano asesina de Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez, los dos sindicalistas oficialistas que funcionan hoy como bisagra entre los adversarios del camionero y quienes se mantienen al lado suyo con lealtad. Estos dos ex «jóvenes brillantes», que suscribieron sus propios acuerdos con el gobierno -muy rentables, claro-, no quieren a Moyano pero tampoco quieren ser sus verdugos, por lo menos hasta que Kirchner lo decida. Por eso Rodríguez se negó a suscribir una solicitada que anunciara la caída del secretario general, después de dos horas de discusiones con Carlos West Ocampo.

    Con este refuerzo vitamínico, Moyano se anima ahora a una tumultuosa reunión de secretarios generales de gremios mañana. Es de desear que entre camioneros y taxistas no terminen de hacer otro San Vicente. En los números reales, hoy sólo controla 5 de los 34 integrantes del consejo directivo y 200 de los 1.400 delegados del congreso de la CGT. Pende de un hilo y, si perdura, será porque quienes hoy lo empujan alcanzaron un buen acuerdo con Kirchner.

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar