14 de septiembre 2001 - 00:00

Talibanes: un régimen que no conoce límites

Talibanes: un régimen que no conoce límites
Los talibanes, que consideran su «huésped» al multimillonario saudita Osama bin Laden, sospechoso de ser responsable de los atentados perpetrados en los Estados Unidos, son milicianos islamistas fundamentalistas y ocupan el poder en Afganistán desde 1996.

Estos «estudiantes en teología» (eso significa la palabra talibán) formados en escuelas coránicas en Pakistán aparecen en el escenario afgano en el otoño (boreal) de 1994 y tienen como líder al mullah Mohammad Omar, de unos cuarenta años de edad, un ex jefe de la resistencia contra la ocupación soviética.

Armados por Pakistán y financiados por Arabia Saudita, con el acuerdo de los Estados Unidos durante su lucha contra los comunistas, los talibanes, apoyados por parte de una población cansada de años de guerra civil, conquistaron en dos años la casi totalidad del país. Luego de apoderarse de Kandahar, la ex capital real en noviembre de 1994, tomaron en setiembre de 1995 el control de otra gran ciudad, Herat (oeste), antes de tomar Jalalabad (este), el 11 de setiembre de 1996, y Kabul, la capital afgana, dos semanas más tarde. Los talibanes expulsaron al presidente Burhanuddin Rabbani, ejecutaron al ex presidente prosoviético Najibula e instauraron un «sistema islámico completo».

Siendo sólo algunos centenares cuando atravesaron la frontera paquistaní, los talibanes cuentan ahora con unos 35.000 hombres. Disponen de cientos de tanques, transportes blindados, artillería pesada, cañones antiaéreos y aviones de combate y controlan la casi totalidad del territorio afgano.

Pertenecientes en su mayoría a la etnia pashtu, mayoritaria en Afganistán, los talibanes aspiran a poner en pie el Emirato islámico más «puro» del planeta. Con el Corán como única referencia, imponen el régimen más radical del mundo musulmán, prohibiendo toda diversión y toda influencia occidental en la vida de los afganos.

Las mujeres, que ya no tienen derecho a trabajar, están condenadas al confinamiento y sólo tienen derecho a salir a la calle cubiertas de pies a cabeza, la mirada oculta detrás de un velo muy cerrado. En este sistema está prohibido mirar televisión o películas de video, escuchar música no religiosa, pasear sin sombrero o vestirse a la occidental, poseer aves en jaulas, fotografías, jugar con barriletes o tocar el tambor.

Es también en nombre del Islam que el régimen destruyó en marzo pasado valiosas estatuas preislámicas, entre ellas los célebres budas gigantes de Bamiyan (centro), y en agosto prohibió la utilización de Internet. En cambio, es obligatorio ir a rezar a la mezquita cinco veces por día y los hombres están obligados a llevar barba, cuyo largo está estrictamente reglamentado.

Los asesinos son ejecutados de un balazo, ahorcados o golpeados hasta que mueren, los homosexuales son enterrados bajo montañas de lodo hasta morir, a los ladrones se les amputan las manos y a veces los pies, y las personas reconocidas culpables de adulterio son muertas por lapidación, frecuentemente en público.

Desde el 4 de setiembre, ocho trabajadores humanitarios extranjeros comparecen ante la Corte Suprema de Kabul por propagación del cristianismo.

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