Jorge Telerman, nuevo director general del Teatro Colón como publicó ayer este diario, visitó ayer al mediodía las instalaciones del Primer Coliseo para mantener una reunión de transición con la directora saliente, María Victoria Alcaraz. Si bien no trascendieron públicamente detalles de la conversación (según dejó entender, el flamante director recién hablará tras la publicación de su nombramiento en el Boletín Oficial, la semana próxima) se descuenta que se han referido a varios de los temas calientes que afectan desde hace tiempo al Colón, y que además de la política artística y la frecuente inclusión de bandas populares, cada vez con mayor asiduidad e irritativa para el público tradicional, tienen que ver especialmente con la situación sindical, el tema jubilatorio, o el enfrentamiento, cada vez menos diplomático, entre algunas áreas directivas.
Colón: Telerman habló con su antecesora y evaluó primeros movimientos
El Gobierno porteño no comunicó el nombre de su sucesor en el Complejo Teatral pero en el ambiente se rumoreaba fuerte a José Miguel Onaindia.
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Jorge Telerman. Del San Martín al Colón, un paso complicado.
Ese “gran teatro”, como lo llamó Mujica Lainez, es también un gran laberinto en el que se han extraviado los más duchos, y se necesita una piel muy dura para manejar todas sus áreas. Sólo basta recordar que con la llegada de Fernando de la Rúa, cuando accedió a la jefatura de Gobierno de la Ciudad, llevó a Kive Staiff desde el Teatro San Martín, donde había cumplido una gestión de varios períodos y todos fructíferos, al Teatro Colón, donde las cosas, en cambio, no le fueron tan bien, y terminó regresando al San Martín. A diferencia de Staiff, hombre de administración pero sobre todo de teatro, hay que reconocer que la cintura política de Telerman, quien viene cumpliendo también una ya extensa trayectoria en el Complejo Teatral de Buenos Aires, es mayor. Pero el Colón es el Colón.
Los nubarrones que se cernían sobre la gestión Alcaraz, que había comenzado bien, comenzaron (como en tantos otros casos) con la pandemia. Aunque quizá más grave en su caso. En primer lugar, además de verse obligada a tener cerrado el teatro durante todo 2020, al año siguiente lo reabrió con una temporada extremadamente limitada en repertorio y elenco, y no le tembló el pulso para darle curso a una versión de la ópera barroca “Theodora”, de Haendel, que erizó más la piel de los abonados tradicionales que diez bandas de rock juntas. Era una versión de ultravanguardia, acortada, deformada, y con la inclusión de un personaje de una teóloga lesbiana (que interpretaba Mercedes Morán), donde acusaba a los sacerdotes pedófilos, entre otros ataques que jamás habría soñado Haendel, y mucho menos el público abonado. La obra tuvo, desde ya, sus defensores, pero en el interior del Colón son muchos los que dicen “este fue el comienzo de la caída”.
La crisis se coronó este año con el choque de Alcaraz con la directora del Ballet Estable, Paloma Herrera, cuya renuncia al cargo tuvo un eco de resonancias públicas como pocas veces se han visto. Ese es otro intríngulis para la nueva gestión, pues la salida de Herrera y la llegada al Ballet de un director de la vieja guardia, Mario Galizzi, fue saludada con júbilo por los bailarines, ya que Herrera --más allá de algunos enfrentamientos que no vienen al caso-- se oponía a la cantidad de bailarines de planta ociosos, que por razones de edad ya no pueden actuar (ese tema se llevó puesto a otro de los directores del Colón, Pedro Pablo García Caffi). Y, si algo faltaba en estos días, también renunció al CETC (el Centro de Experimentación del Teatro Colón, creado por Sergio Renán en los 90 para música de avanzada) su director, Miguel Galperin, porque --según dijo-- no podía ensayar nada porque habían convertido el CETC en un vacunatorio contra el covid.
El Gobierno de la Ciudad dijo que en los próximos días comunicará el nombre del nuevo director del CTBA, que incluye el teatro San Martín. Hubo decenas de rumores, pero el nombre y apellido que más sonaba ayer era el de José Miguel Onaindia, un abogado especializado en temas culturales de vastísima trayectoria y que también llegó a la gestión pública con el delarruísmo (fue director del INCAA, entre otros cargos, además de productor teatral privado). En los últimos años estuvo trabajando en el Uruguay, tanto en el Teatro Solís como en el SODRE, y el fin de semana estuvo en Buenos Aires para asistir al FIBA, organizado por CTBA.
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