7 de enero 2003 - 00:00

Tenaz, Duhalde pidió que le aprueben "proyecto Romero"

Eduardo Duhalde está a punto de enfrentarse a la limitación más severa que ha tenido desde siempre como dirigente político con pretensiones de ejercer un liderazgo nacional: su incapacidad para comprender al interior del país o, dicho de otro modo, su apuesta a forzar el proceso político a partir de la prepotencia demográfica. El Presidente se reunió ayer con sus principales gestores en la interna peronista, Eduardo Camaño, Jorge Matzkin y Juan Carlos Mazzón, y les pidió algo para ellos imposible. Duhalde quiere que se vuelva a reunir la mesa de conducción del congreso partidario para suspender la interna del PJ y adoptar el denominado «proyecto Juan Carlos Romero», iniciativa que supone que los candidatos del peronismo concurrirán a los comicios generales al frente de sus propias fuerzas políticas, con el solo compromiso moral de votar a un hombre del partido en la segunda vuelta.

Duhalde volvió sobre esta idea luego de que, entre el jueves y el viernes pasado, esa misma mesa de conducción del congreso del peronismo la rechazara. Camaño, el presidente de la Cámara de Diputados, escuchó los argumentos de Ramón Puerta (Misiones), Jorge Busti (Entre Ríos) y Alberto Hammerly (Santa Fe) en contra de esa iniciativa, que supone provocar deliberadamente el ballottage bajo el supuesto de que Carlos Menem caería derrotado en esa instancia. Esos tres dirigentes, claves por pertenecer a distritos «bisagra» -no tienen alineamientos automáticos con el duhaldismo ni con el menemismo-, convencieron al presidente de la Cámara de Diputados de las ventajas de la ley de lemas, que evita la interna peronista pero, al acumular los votos en la fórmula más votada de cada partido, facilita el triunfo del PJ en la primera vuelta electoral. Camaño volvió a la mesa de Duhalde con esa iniciativa, que fue de inmediato desautorizada. A tal punto que el domingo el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, se pronunció públicamente sobre la inconstitucionalidad de la ley de lemas, siguiendo la opinión de la mayoría de los juristas.

Cuando ayer los tres gestores de Duhalde escucharon la contraorden presidencial comprendieron que se los convocaba a una misión imposible. El proyecto Romero se está levantando como una muralla entre el Presidente y los dirigentes del interior, y Camaño cree ser el principal afectado. Es la segunda vez que su palabra se devalúa en un compromiso interno (la anterior fue cuando negoció con Eduardo Bauzá fijar el 23 de febrero como fecha de la interna). Con este deterioro ya se comienza a dudar de que llegue en las mejores condiciones a presidir el gobierno «títere» que los duhaldistas imaginan entre el 25 de mayo y el 10 de diciembre, para que Duhalde pueda volver a postularse.

• Reacciones

La pretensión de Duhalde de llevar al PJ a la derrota con tal de que Menem no vuelva a la Casa Rosada comenzó a generar reacciones ayer en el seno del partido. Por un lado, aparecieron los que se ofendieron por el desaire de haber desautorizado a la mesa del congreso, mandando a su jefe de Gabinete a calificar de inconstitucionales sus iniciativas. Uno de los legisladores que participaron del encuentro del viernes censuró: «Duhalde no puede ser tan torpe de decir que la ley de lemas viola la Constitución cuando él mismo, siendo senador, la votó el 22 de diciembre de 2002, cuando se ordenaba la transición de Fernando de la Rúa. Además, en aquella oportunidad, Ramón Puerta fue asesorado por el que iba a ser ministro de Justicia del gobierno actual, Jorge Vanossi, y por Alberto García Lema, quienes le dijeron que la norma era correcta». Ayer, desde las oficinas de Camaño y Matzkin, se realizó también una ronda de consultas con constitucionalistas, en un intento postrero por rescatar la ley de lemas de las llamas.

Las consultas con la red de dirigentes del PJ comenzaron a realizarse desde anoche y tuvieron resultado negativo. Más aún, Mazzón y Matzkin quedaron convencidos de que la mesa del congreso del PJ, tal como sesionó el viernes, ya no volverá a reunirse por la ausencia casi segura de Busti y Puerta. Mientras tanto, Juan Carlos Romero, representante del menemismo en esa reunión, comenzó a exigir desde temprano que se cumpla con el contradocumento que se firmó en esa ocasión. Es un papel firmado por los nueve asistentes (Camaño, Juárez, Puerta, Busti, Hammerly, Montoya, Antuz, Curto y el propio Romero) en el que se convenía la realización de internas el 2 de marzo para el caso de que la ley de lemas no fuera sancionada en el Congreso.

Pero ayer el duhaldismo ortodoxo comenzó a predicar otra salida: que no se realicen internas, tal como su jefe ordenó al proponer el proyecto Romero. ¿Por qué no se cumpliría con ese compromiso suscripto el viernes? Respuestas duhaldistas: «porque no hay tiempo», «porque no están dadas las condiciones», «porque puede haber problemas». Es decir, «porque no queremos».

Sólo un hombre muy cercano al Presidente confesó la verdad: «El ve que gana Menem y que no puede frenarlo pero no se da cuenta de que en su odio no puede pretender la solidaridad de todo el partido». Aún dentro de la Casa de Gobierno comienzan a aparecer disidencias explícitas sobre la manipulación institucional a la que está llevando la confrontación con Menem y no faltó ayer quien hablara del «temor a que la suspensión de las elecciones sea vista como un fujimorazo». El que decía esto, un ministro del gabinete, hablaba del próximo paso que, se presume, dará el gobierno: hacer todas las gestiones habidas y por haber para que la Justicia declare inconstitucional la ley que convoca a elecciones para el 27 de abril. De ese modo, suponen los duhaldistas, Duhalde podría manejar un gobierno «títere» desde su casa de Lomas de Zamora y hacer la campaña electoral que le permita intentar, por segunda vez, llegar al lugar que ocupa actualmente pero por la vía de los votos (para un populista como él la designación de una asamblea legislativa es un doble baldón). Nadie calcula en el gobierno, hasta ahora, que la martingala institucional en la que está ingresando el Presidente termine con su propio capital político antes que con el de Menem, que es lo que él pretende conseguir.

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