Un «peligroso» federalismo (para el universo kirchnerista)sobrevuela este año algunas de las elecciones clave en las provincias. Ganan, o abruman al gobierno con más votos de los pronosticados por encima de los candidatos oficialistas, quienes son figura en sus territorios y no se anclan a ninguna candidatura nacional. No sólo Santa Fe y Córdoba son ejemplo desde el domingo; también la Capital Federal y hasta Tierra del Fuego y Neuquén, que fueron a la elección con candidato nacional pero casi camuflado, pueden incluirse en la nómina de autónomos.
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La grilla podría continuar incluyendo hasta algunos triunfos que reivindica para sí Néstor Kirchner y que apoyan la candidatura de su esposa Cristina. Por ejemplo, para el triunfo del radical K Miguel Saiz en Río Negro finalmente no hubo Concertación, y si bien la hubo en Catamarca para la elección de Eduardo Brizuela del Moral como gobernador, ese acuerdo estalló hace dos semanas cuandocerró la lista de diputados por la provincia junto al radicalismo lavagnista, lo que le generó la inmediata reprimenda oficial con el consecuente corte del flujo de obras públicas a su provincia.
En ese tren del «gana quien no tiene candidato», priman otros efectos peligrosos para las aspiraciones de Cristina de Kirchner en octubre. El resultado de la elección a gobernador en Santa Fe y Córdoba ratificó un fantasma que los Kirchner ya sufrieron en la Capital Federal y en Tierra del Fuego, donde el electorado históricamente vota, hasta la poca población rural, como en las grandes urbes: las ciudades más importantes del país no compraron el modelo Kirchner y tampoco disfrutan del discurso de Cristina. Curioso para una mujer que se fascinó con las grandes capitales del mundo y disfruta codearse con la intelectualidad neoyorquina o el seudoprogresismo parisino. Rosario, Córdoba y la Capital Federal no piensan lo mismo.
Buenos Aires, de todas formas, no guarda secretos: Mauricio Macri le ganó al kirchnerismo en Capital con un resultado cantado, pero se cuidó hasta el extremo de no complicarse la campaña con la definición de su apoyo a un candidato a presidente, algo que tampoco hicieron muchos de los que también triunfaron en sus provincias. Creíble o no el efecto, el problema para Cristina de Kirchner es que se convierta en cábala.
En la racha de elecciones no sólo ganaron quienes demostraron gobiernos locales, sería sólo un aspecto menor de lo que está sucediendo explicar así los triunfos de Binner o de Juez en Córdoba Capital. Hubo también voto cansancio contra el PJ y hasta contra quien gobierna localmente. De hecho, en Santa Fe los peronistas perdieron municipios que controlaban pero ganaron algunos que estaban en manos del enemigo. Primó entonces el efecto cansancio.
Preocupación mayor
El ejemplo que más preocupa a Cristina es el de Córdoba. El casi 36% de Luis Juez -en una elección reñida como hace años no se conocía- no fue registrado hace cuatro meses por las encuestas de intención de voto. Error de las consultoras contratadas, imposibilidad real de medir el fenómeno o pasión por la mentira en los cordobeses, lo cierto es que Juez cayó en la intención de voto cuando Héctor «Pichi» Campana se pasó a las huestes de Schiaretti, pero recuperó esa pérdida y creció aún más cuando ya solo y sin contacto alguno con el gobierno se dedicó día tras día a despotricar públicamente contra la Casa Rosada.
Los peronistas sostienen que el fenómeno de los triunfos locales no tiene que ver directamente con cada PJ local: «La gente vota en contra de lo que está», se defienden. Si es así, el efecto sobre la candidatura de la primera dama puede ser nocivo. Más aún si cunde en el país el mensaje que están dejando las últimas elecciones en esas provincias clave: gana el que no se ata a una lista y al mismo tiempo se despega del gobierno.
Fenómenos locales
En Santa Fe jugaron en contra también los fenómenos locales. Todos los integrantes de la lista de candidatos a diputados que Jorge Obeid armó para las elecciones de octubre perdieron en sus departamentos.
Curiosamente, los peronistas que ganaron en sus distritos reúnen dos condiciones: casi todos son reutemanistas y ninguno de ellos tiene cargo asignado para competir en los próximos comicios. «El gobernador encabeza la lista de diputados y perdió la provincia y su ciudad y lo mismo sucedió con el resto», bramaba ayer un peronista santafesino.
Frente a este esquema, Cristina Kirchner deberá allí reconstruir un peronismo que está roto, perdidoso y resentido con la organización de la campaña, si quiere tener alguna fuerza de choque de frente a las elecciones.
Para peor, no tuvo un buen antecedente en la provincia: el peronismo perdió también en el único lugar donde Cristina de Kirchner estuvo en la campaña, el departamento de Reconquista.
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