28 de febrero 2005 - 00:00

Traspié para Kirchner

Santiago del Estero se sumó anoche a la serie de desgracias encadenadas que le han arruinado a Néstor Kirchner el que creyó sería su mejor momento: el final del canje. Primero el «cuento chino», después Cromañón, luego Ezeiza, ahora la derrota del peronismo que su gobierno ha promovido en una provincia donde el poder de ese partido parecía imbatible. El triunfo de Gerardo Zamora es el fracaso de su intervención a la provincia que imaginó como la piedra fundamental de un proyecto que ya no será.

Que el peronismo perdiera ayer en Suncho Corral -pueblo natal de José Figueroa- en Termas de Río Hondo o en Sumampa, parece una pesadilla electoral que sólo ha podido pergeñar este presidente transversal.

Anoche el gobierno trataba de influir sobre el ganador pidiéndole que no nacionalice el resultado a la hora de los festejos. «Ustedes nacionalizaron esta elección», le respondió Zamora a un delegado del Presidente por teléfono. Le pidieron que no olvidase que Néstor Kirchner no había ido a la provincia a hacer campaña contra él.

En realidad, la intervención fracasó cuando la Corte Suprema de Justicia frustró la idea del gobierno de modificar la Constitución provincial. Esa reforma hubiera instaurado un sistema electoral mucho menos caprichoso que el imaginado por Juárez. Pero la idea de que un interventor federal modificase una Carta Magna provincial mereció el repudio de todos. Hasta Cristina Fernández, impulsora de la intervención, había sentado posición en el debate legislativo que decidió la intervención contra una reforma constitucional. La Corte de Justicia usó ese argumento de quien es además presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales para derribar la propuesta de Lanusse que, nunca se desmintió, había imaginado el constitucionalista Daniel Sabsay.

• Ese golpe a la reforma constitucional completó el ciclo de la caída de la intervención iniciado por la salida de Gustavo Béliz del gobierno el 24 de julio de 2004. Este extravagante personaje que fue Béliz en la política argentina (en estos días comienza nueva vida fuera del país) armó el plan político de la intervención junto al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. La idea era proveerle a Kirchner un escenario donde representar aquel libreto ya abandonado de una nueva política que lo separase al nuevo presidente de quienes lo habían ayudado a alcanzar el poder en la elección que perdió el 27 de abril de 2003.

Después de Juárez venían -según ese pergeño porteño para uso de santiagueños- los Rodríguez Saá, y después Duhalde.

• Elegir a
Juárez cerraba perfecto porque había sido un aliado de Kirchner en la elección presidencial, algo que exhibía dos mensajes: 1) se atacaba a alguien que era amigo, casi un gesto altruista de autoflagelación; 2) se castigaba a alguien que lo había hecho perder la elección presidencial en ese distrito frente a Carlos Menem, una señal que obligaba al éxito a quienes se quisieran anotar como aliados de la nueva administración. El modelo de nuevo Estado imaginado por el kirchnerismo también estaba recortado con el molde de la transversalidad: armar desde el gobierno en una provincia de tradición peronista un Frente Cívico con radicales, peronistas disidentes y un sector de la izquierda local. Algo como lo que habían hecho los Castillo en Catamarca para terminar de derribar al saadismo. El triunfo en Misiones en 2003 de Carlos Rovira al frente de un partido Renovador basado sobre fracciones del peronismo disidente del PJ de Ramón Puerta y con aliados del radicalismo proporcionaban un antecedente más cercano.

• Este nuevo esquema de un
Lanusse sin reforma constitucional precipitó las elecciones, casi un plan de fuga. Ya en el tramo final los apoyos de Casa de Gobierno se materializaron con aporte de fiscales, medios económicos y participación de funcionarios en actos de campaña.. Salvo Kirchner y Roberto Lavagna fueron todos a buscarle votos a Figueroa. Hoy se dirá que un sector del electorado de Santiago expresó en el voto a Zamora su rechazo a la intervención.

• Este resultado, por más que ahora el gobierno busque entornarlo a Zamora -un hombre de prolija administración en la intendencia de Santiago pero que está aislado del radicalismo tradicional de su provincia-, revela un traspié de Kirchner, un presidente con dificultades para construir fuera de la baldosa donde está parado. Lo que hace parece servirle para seguir en su oficina y revestirse de luces de poder no hace pie en iniciativas políticas: no ha aumentado su espacio político, la transversalidad es un sueño perdido y ya le están anotando que bajo su presidencia el peronismo perdió un distrito en manos del radicalismo, un partido que muchos creen tiene existencia virtual pero que cogobierna ya en Misiones y ahora manejará Santiago. Kirchner podrá decir que terminó con Juárez -uno de los adversarios más viejos y persistentes de Carlos Menem-Duhalde, desde Las Casuarinas, anota que el método que imaginó el Presidente para arrinconarlo ha vuelto a fracasar y que él tiene una segunda oportunidad sobre la Tierra.

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