Casi paródico el final, ayer, del neofuneral de Juan Perón. Los restos del General quedaron a cargo de Dante Gullo y Carlos Secas.
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El primero, un montonero de los 70 que estuvo entre los expulsados de la Plaza por orden del propio Perón. Apareció en el propio mausoleo de Perón en San Vicente, un lugar reservado a los cultores más ortodoxos de la memoria del General.
Antes, se había paseado por las inmediaciones de la CGT y también participó en un tramo del traslado, antes de subir el catafalco a la autopista rumbo a San Vicente.
Secas, un peronista proveniente de la derecha hasta por el estilo: la cabeza engominada, el bigote ralo, la corbata tiesa.
En los orígenes del menemismo merodeó a la primera dama, Zulema Yoma, hasta que la echaron de Olivos. Después navegó todos los ríos y ayer, insólito escolta, terminó custodiando el catafalco en San Vicente.
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