El brigadier general Jorge Chevalier, titular del Estado Mayor Conjunto, tiene una pesada mochila sobre su espalda. Tendrá que proponer a tres altos jefes (en actividad o retiro) para integrar el directorio del nuevo IAF a sabiendas de que esos cargos son meramente ornamentales. Ni Jorge Godoy, el jefe naval, ni Roberto Bendini, el titular del Ejército Argentino, ni Normando Costantino, el aviador militar, están en condiciones de negociar nombres.
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Su suerte está echada y sigue la regla general del cambio de gabinete que corean en voz baja los seguidores del «cristinismo», que apuesta a la reelección de un Kirchner. Lo que decida Chevalier marcará a fuego el destino previsional de miles de cuadros en actividad, que serán los verdaderos afectados por el traspaso del IAF a control político. La medida no es una sorpresa para ninguno de los nombrados. Como aún «están en actividad» les resulta lejana cual si fuesen bisoños en la carrera militar. Y eso que hubo más de una reunión como aquella en el buque histórico amarrado en puerto Madero donde se supo en detalle el tenor del decreto de Nilda Garré.
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