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21 de diciembre 2007 - 00:00

Tres CGT: el balcanizado modelo sindical que fogonea Cristina

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La dispersión del gremialismo, con tres centrales sindicales, asoma en el horizonte de Cristina. Hugo Moyano reelecto, Hugo Yasky oficializado y Antonio Caló ¿jefe de una CGT paralela?
Entre amigos, radiante, luego de custodiar a Néstor Kirchner hasta el auto, la medianoche del miércoles Hugo Moyano brindó por su reelección como jefe de la CGT. Pocos minutos antes, el ex presidente había sobreactuado un ceremonioso gesto público en respaldo del camionero.

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La presencia del patagónico en la cena navideña de la CGT moyanista -no hubo dirigentes de otras tribus- se pactó en un diálogo que mantuvo con Moyano días atrás que se replicó con una charla reservada sostenida entre el jerarca gremial y Cristina de Kirchner.

Para entonces, estaba despejada una incógnita que inquietaba a Moyano: Jorge González, «El Gallego», de múltiples cargos en Camioneros, seguiría como subsecretario del Transporte Automotor, orgánicamente debajo de Ricardo Jaime pero con terminal en Azopardo. Juró ayer.

Con González en esa oficina, Moyano se garantiza el control del joystick de una de las «cajas» que engorda los ingresos de su gremio: el RUTA, registro que debe pagar aquel que quiera pilotear cualquier vehículo de carga, sea una 4x4 o una traffic.

Celebración íntima, casi familiar, el miércoles la CGT homenajeó a Jaime. Ayer, junto al cordobés, reasumieron otros dos soldados enrolados en el moyanismo en Transporte: Ricardo Luján en Puertos y Vías Navegables, y Antonio Luna, en Transporte Ferroviario.

  • Interpretación

    Pero más que la permanencia de sus hombres en el organigrama oficial, Moyano interpretó la visita de Kirchner como la constatación pública de que el «pacto implícito» que lo ató a Kirchner estos años se extenderá durante la gestión de su esposa.

    Para el camionero, eso no tiene otra traducción que la certeza de que la Casa Rosada avalará su continuidad en la CGT. Sabe, así y todo, que todo puede cambiar: por caso, una verificación que lo ligue con el crimen de Abel Beroiz abortaría su felicidad navideña.

    Tiene razones. Kirchner -y el capítulo gremial, como el del PJ, figura entre las tareas que retendrá el ex presidentenocontempla animar una ofensiva contra Moyano. Cristina se muestra más proclive pero, en este caso, prima la visión del hombre de la casa.

  • Escándalos

    Tampoco, sin embargo, desactivará una secesión de grupos enfrentados al camionero. Sólo, llegado el caso, intervendrá para evitar que los modos, a veces bruscos, del sindicalismo deriven en escándalos como el que embarró el traslado de los restos de Juan Perón.

    Como mucho, Kirchner intervendrá para que el grupo de gremios «independientes» -a pesar que son los que obedecen a la Casa Rosada, entre ellos Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA)- pueblen o vacíen la futura CGT que, con el camionero al frente, no contará con la presencia de «los Gordos» ni del barrionuevismo.

    Ese bloque, donde además de Rodríguez y Martínez están el bancario Juan José Zanola y un puñado de gremios menores, funcionará como equilibrio: quizá terminen junto a Moyano, como socios críticos; quizá se plieguen al grupo de disidentes en una CGT bis.

    «O hay acuerdo o hay dos CGT: es imposible ir a un Congreso dividido. Termina a los tiros», pronosticó un dirigente con diálogo frecuente con los Kirchner que, a pesar de no cuadrarse bajo el mando de Moyano, da por hecho que éste será reelecto como jefe cegetista.

    En ese esquema, parece irreversible el proceso de segmentación de la central que comenzó cuando «los Gordos» abandonaron Azopardo y se amplificó cuando los seguidores de Luis Barrionuevo siguieron el mismo camino. De facto, ya integran una CGT paralela.

    ¿Asumirán esa posible derrota y verán calmos por TV cómo Moyano es reelecto o, los díscolos harán su propio congreso gremial para elegir autoridades? Si ocurre lo segundo, está en agenda tentar a Antonio Caló, jefe de la UOM, para que capitanee la CGT bis.

    A esa fragmentación, habría que sumar otra. La Presidente, que en materia sindical comparte más puntos de vista con Alberto Fernández que con su marido, tiene en carpeta -como lo tuvo durante cuatro años Kirchner- ponerse a revisar el expediente CTA.

    En junio, la OIT volvería a tratar la demanda por libertad sindical que empuja la central que comanda Hugo Yasky, y todo indica que si no hay una respuesta positiva de la Argentina, esa organización hasta podría sancionar al gobierno cristinista. Esta amenaza la conjuró siempre el peronismo desde hace 20 años.

  • Roce internacional

    La Presidente, que valora el roce internacional y se dice gendarme de la institucionalidad, no está dispuesta a aceptar el reto de una entidad como la OIT. Razón suficiente como para animarse a desempolvarel archivo CTA y su pedido de personería gremial.

    Hay análisis en marcha para hacerlo, incluso, sin tener que modificar la ley de Asociaciones Sindicales que -según repite en su rezo diario Hugo Moyano- sólo permite la existencia de una central sindical. ¿Encontrará Carlos Zannini el atajo necesario? De prosperar, sería una personería «de papel», acotada a la CTA, como organización global, pero sin permitir los doble gremio de base. Así y todo, como mandamás de una CTA oficializada, Yasky se convertiría en el tercer jefe gremial de la era Cristina.

    Si la Presidente pone en marcha su modelo de gremialismo balcanizado, con tres centrales paralelas, el brindis navideño de Moyano quizá debería haber sido menos efusivo.
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