UCR porteña: la tapó el agua
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Fuera de las razones del acuerdo, lo que más crispó los ánimos de los punteros de la UCR porteña fueron los nombres en danza. Más, cuando a Marcela Larrosa no podrían sacarla de la Legislatura porteña aunque no fuera candidata, ya que ostenta también el rol de empleada de planta permanente de esa casa. Ese doble «pago» amenaza ahora con romper la ya frágil armonía que emergió de la convención de la Capital: considera la dirigencia -las protestas ya alcanzaron las oficinas de la UCR nacional- que el radicalismo de los Larrosa no es históricamente representativo de los valores morales del partido como para asignarle el rol de única piedra fundamental de un soñado renacimiento en el distrito. Dicen que su derrotero les da la razón. Basta recordar que el mayor bochorno la UCR Capital lo protagonizó en 2003 en la candidatura de Cristian Caram a jefe porteño, un ex legislador y también hoy ex de Marcela Larrosa.
Uno de esos grupos ayer lo puso en papel: los convencionales de Pensamiento y Acción denunciaron que la UCR capitalina entró en sus últimos tiempos: «Telerman les reservó el 7° y 11° lugares de la lista para dos candidatos radicales que nadie sabe quién, cómo, ni dónde fueron elegidos, ya que no hubo elecciones internas ni tampoco se expidió la convención al respecto», dijeron denunciando el acuerdo.
Hoy el radicalismo mantiene una sola banca en la Legislatura. Es la que ocupa Carlos Lo Guzzo, quien asumió en lugar del fallecido Roberto Vázquez. En realidad, además del lugar para Larrosa, Telerman quiso hacer jugar en la negociación a María Florencia Polimeni, que fue radical, luego pasó al macrismo y terminó en el telermanismo. Pero un conocedor de la materia como Rafael Pascual dio su veredicto: no le reconoció pergaminos partidarios como para recibirla a cambio de otro puesto para la UCR.
Al resto del radicalismo del distrito se lo encuentra hoy en todos los partidos. Fernando Cantero y Alejandro Rabinovich son dirigentes del ARI y Enrique Olivera, su candidato a vicejefe de Gobierno. En esa línea hasta ex punteros del «Beto» Larrosa se reconvirtieron al contrato moral de Lilita Carrió.
Jorge Enríquez está entre los radicales macristas más convencidos y los radicales K pululan cada vez más en las parroquias de la mano de Miguel Pesce, vicepresidente del Banco Central, uno de los primeros en adherir al proyecto kirchnerista.




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