La reunión de Néstor Kirchner con Lula da Silva -también el tramo en que se incorporó Hugo Chávez- tuvo varias consecuencias relevantes para el futuro inmediato de la política exterior. Tal vez la más notoria es un intento por encauzar el conflicto por las papeleras establecidas en Fray Bentos en términos más convenientes para la estabilidad regional.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Kirchner y, sobre todo, su Cancillería, se mostraron empeñados en modificar el formato de la pelea. Se pretendería focalizar al «enemigo» en la empresa Botnia, en lo posible asociando al gobierno uruguayo en la contienda. En vez de tratarse del enfrentamiento entre dos Estados por las inversiones que se realizan en uno de ellos en detrimento del medio ambiente común, se pretende establecer una cruzada contra una multinacional que quiere realizar su negocio sin respetar las reglas que el sector público debe imponer. El término «multinacional» es clave en este argumento: activa agresividades en la memoria setentista de muchos funcionarios a uno y otro lado del Plata.
Sin embargo el anuncio de un acto con todos los gobernadores del país para darle dimensión nacional a la presentación contra Uruguay en La Haya dista bastante de ese intento por separar a Vázquez de Botnia (eventualmente ponerlo como víctima de la voracidad finlandesa) que se intentó en San Pablo.
Preocupación
Con distintos argumentos y por varias razones, el gobierno brasileño les hizo notar a los funcionarios argentinos la preocupación porque ese entredicho haya adquirido la forma de un enfrentamiento entre dos gobiernos asociados en el Mercosur. No es una preocupación aislada: también Kirchner confiesa, reservadamente, que entiende las restricciones políticas de Tabaré Vázquez y que, en homenaje a ellas, está intentando moderar sus presiones. Hasta se manifestó en contra de los cortes de rutas internacionales, aclarando que tampoco está dispuesto a reprimirlos.
Antes de eso, Vázquez realizó una gira en los países de la región para hablar, casi exclusivamente, del «acoso argentino». Llevó ese argumento a la mesa de Chávez y también de Lula. Los resultados se vieron en los últimos días. El bolivariano aceptó el argumento -que debió deponer en San Pablo- sobre un eventual corte en el flujo de gas desde la Argentina a Uruguay. Dijo que por esa eventualidad había concurrido a Asunción, donde Tabaré habló de esa hipótesis con dramatismo. Lula manifestó que ésa había sido una queja del presidente oriental. Tomaron demasiado en serio a Kirchner, quien agitó esa alternativa en algún almuerzo de los que sirve en Olivos, los sábados, para sus allegados.
Estas prevenciones están ligadas a la posibilidad de una tormenta más importante. ¿Cómo presentar a un Mercosur en estado de beligerancia interna ante la Unión Europea, con la que se está negociando actualmente? ¿Cómo evitar que Vázquez, dominado más que nunca por su ministro de Economía, Danilo Astori, no abra una cuña a los Estados Unidos dentro del bloque? (Esta conjetura supone algo que todavía debe ser probado: el interés de Washington por suscribir ese eventual acuerdo.)
El gobierno de Brasil, en su medida el de Caracas, pretenden que Kirchner se asocie en una preocupación: reducir el carácter interestatal del conflicto para convertirlo en un choque entre dos Estados aliados y una empresa multinacional que se niega a proporcionar información que despeje la amenaza de la contaminación. Esta aspiración política tiene un límite hasta ahora inamovible: la decisión de Kirchner de presentar el caso ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya, que es el que establece el Estatuto de Administración del río Uruguay para cualquier diferendo entre los dos países ribereños. No sólo la Casa Rosada pretende no moverse de esta decisión sino que ha decidido convertirla en una causa nacional al convocar a todos los gobernadores a Gualeguaychú el día de esa presentación jurídica. ¿Semejante homenaje a la causa entrerriana sup o n e , como retribución, el final de los cortes de ruta? ¿O potenciará la ira de los vecinos de la provincia?
Mientras tanto, al gabinete nacional llegan infinidad de propuestas,más o menos imaginativas, para disolver el conflicto. Algunas, muy discretas, corresponden a la misma Botnia, que las hace conocer a través de allegados pero que no alcanzan a satisfacer las expectativas mínimas del gobierno. En otros casos, se buscan soluciones de ingeniería: la más reciente es el estudio de una canalización de los efluentes de las papeleras para que drenen aguas abajo, donde el río cuenta con un caudal suficiente para degradar la polución.
Dejá tu comentario