Un hecho que puede cambiar la guerra
Los dramáticos episodios de ayer en el Líbano podrían cambiar el curso del actual conflicto, aun cuando el gobierno de Israel considere que no debe impedirle terminar con su tarea de vulnerar a Hizbollah. Según este interesante artículo de Anshel Pfeffer, publicado en el sitio Web de «The Jerusalem Post», la última palabra la tendrá George W. Bush. A continuación, sus principales pasajes.
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Para que el gobierno soporte una presión internacional ya considerable, que ahora se intensificará, para cancelar inmediatamente la ofensiva, deberá mantener los principios que lo han guiado en las últimas dos semanas y media. Primero, que una alta cifra de muertes o el temor a ello no pondrán esta vez fin prematuramente a esta operación, como Uvas de Ira después de Qana y la Operación Ajuste de Cuentas en 1993, antes de que se logre el principal objetivo, poner fin a la presencia armada de Hizbollah en el sur del Líbano. El segundo principio, decidido por el singular «hombre de paz» Amir Peretz, ministro de Defensa, de que los civiles que sirven como escudos a los combatientes y los misiles de Hizbollah no pueden seguir siendo vistos como inocentes no involucrados.
El resultado de estos principios señala las dos diferencias principales entre los bombardeos de Qana de 1996 y de 2006. Uvas de Ira fue una campaña relativamente limitada, basada en la artillería y la fuerza aérea, pero esta vez Israel ha invertido mucho más en una operación que supera en muchas veces lo que puede costear como para terminarla sin una ganancia tangible. Además, contrariamente a 1996, cuando una pieza de artillería perdida fue la causa de la carnicería, esta vez fue un bombardeo aéreo preciso, destinado a ese edificio. Por esa razón, Israel no va a disculparse y Olmert, Peretz y la Fuerza de Defensa de Israel (FDI) seguirán insistiendo en que Hizbollah estaba lanzando Katyushas y protegiéndose dentro del objetivo y que las muertes civiles son lamentables, pero que la responsabilidad es toda de Hizbollah. No se debe permitir a éste que se beneficie de su política de esconderse detrás de civiles.
La FDI será presionada a presentar alguna clase de prueba visual de que Hizbollah operaba alrededor del edificio, aun cuando esto probablemente no convencerá a los medios internacionales y mucho menos a los gobiernos extranjeros. Pero si se lo hace pronto, podría influir un poco en el tono y lograr algunas horas de plazo. En última instancia, serán Rice y George Bush quienes decidirán si a Israel se le permitirá exorcizar los fantasmas de Qana.




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