31 de julio 2006 - 00:00

Un hecho que puede cambiar la guerra

Los dramáticos episodios de ayer en el Líbano podrían cambiar el curso del actual conflicto, aun cuando el gobierno de Israel considere que no debe impedirle terminar con su tarea de vulnerar a Hizbollah. Según este interesante artículo de Anshel Pfeffer, publicado en el sitio Web de «The Jerusalem Post», la última palabra la tendrá George W. Bush. A continuación, sus principales pasajes.

«Por supuesto que me doy cuenta de que un error mío puede cambiar el curso de esta guerra,» dijo el coronel A., piloto de la fuerza aérea en la base de Ramat David cuando se le preguntó si le preocupaba que una bomba mal dirigida de su F-16 pudiera causar una repetición del equivocado bombardeo de un área de refugiados en Qana en abril de 1996, que dejó 102 civiles muertos y obligó al gobierno de Shimon Peres a terminar la operación Uvas de Ira. Pero esta vez, diez años más tarde, en el mismo lugar y aparentemente en las mismas circunstancias, el gobierno de Ehud Olmert busca cambiar el precedente.

Olmert y el resto del liderazgo de Israel tenían asumido que un desastre de proporciones similares era probablemente sólo cuestión de tiempo y, consecuentemente, su reacción fue rápida. No hubo un error aquí, enfatizó Olmert en la reunión semanal de gabinete, ya que el edificio había sido señalado como un refugio para quienes lanzaban los Katyushas de Hizbollah y los civiles habían sido advertidos hace días de que debían irse, por lo que no sería necesario aceptar un alto el fuego prematuro y terminar la ofensiva militar antes debido al incidente.

  • Modificación

  • Pero la determinación de Olmert puede no ser suficiente. El fondo que parecía emerger tras su reunión de la noche anterior con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, era que Israel tenía más o menos una semana más para atacar a Hizbollah, mientras los detalles de un cese el fuego y de una fuerza multinacional a implementar eran ultimados en las Naciones Unidas. Mientras, EE.UU. y Gran Bretaña seguirían blindando a Israel ante la presión internacional para que ponga fin a la lucha.

    El bombardeo de Qana podría cambiar todo eso. La primera reacción de Rice cuando aún estaba en Jerusalén fue cancelar lo que probablemente habría sido una visita sin sentido a Beirut, dadas las circunstancias, y decir que «deseamos un alto el fuego cuanto antes».

    ¿Significa esto que EE.UU. está cambiando su política? Las otras palabras de Rice dejaron abiertas opciones de cualquier índole.

    Para que el gobierno soporte una presión internacional ya considerable, que ahora se intensificará, para cancelar inmediatamente la ofensiva, deberá mantener los principios que lo han guiado en las últimas dos semanas y media. Primero, que una alta cifra de muertes o el temor a ello no pondrán esta vez fin prematuramente a esta operación, como Uvas de Ira después de Qana y la Operación Ajuste de Cuentas en 1993, antes de que se logre el principal objetivo, poner fin a la presencia armada de Hizbollah en el sur del Líbano. El segundo principio, decidido por el singular «hombre de paz» Amir Peretz, ministro de Defensa, de que los civiles que sirven como escudos a los combatientes y los misiles de Hizbollah no pueden seguir siendo vistos como inocentes no involucrados.

  • Diferencias

    El resultado de estos principios señala las dos diferencias principales entre los bombardeos de Qana de 1996 y de 2006. Uvas de Ira fue una campaña relativamente limitada, basada en la artillería y la fuerza aérea, pero esta vez Israel ha invertido mucho más en una operación que supera en muchas veces lo que puede costear como para terminarla sin una ganancia tangible. Además, contrariamente a 1996, cuando una pieza de artillería perdida fue la causa de la carnicería, esta vez fue un bombardeo aéreo preciso, destinado a ese edificio. Por esa razón, Israel no va a disculparse y Olmert, Peretz y la Fuerza de Defensa de Israel (FDI) seguirán insistiendo en que Hizbollah estaba lanzando Katyushas y protegiéndose dentro del objetivo y que las muertes civiles son lamentables, pero que la responsabilidad es toda de Hizbollah. No se debe permitir a éste que se beneficie de su política de esconderse detrás de civiles.

    La FDI será presionada a presentar alguna clase de prueba visual de que Hizbollah operaba alrededor del edificio, aun cuando esto probablemente no convencerá a los medios internacionales y mucho menos a los gobiernos extranjeros. Pero si se lo hace pronto, podría influir un poco en el tono y lograr algunas horas de plazo. En última instancia, serán Rice y George Bush quienes decidirán si a Israel se le permitirá exorcizar los fantasmas de Qana.
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