La Fundación Pensar, el think tank vinculado al PRO, marcó diferencias con el rumbo económico del gobierno de Javier Milei y puso el foco esta vez en el nivel de endeudamiento de los hogares. En un nuevo informe advierte que casi seis de cada diez argentinos recurrieron en los últimos meses a algún tipo de préstamo, crédito o financiamiento y señala que las familias atraviesan el mayor nivel de endeudamiento de los últimos 20 años.
El dato forma parte del análisis sobre la situación económica y social que realiza la entidad, que reconoce los avances en materia de estabilización macroeconómica, pero advierte que esa mejora todavía no se traduce de la misma manera en la economía cotidiana. El diagnóstico de Pensar plantea así uno de los principales puntos de tensión dentro del PRO frente a la administración libertaria, que sostiene el equilibrio fiscal y la estabilidad como pilares de su programa.
Según el informe, el 58% de los consultados tomó un préstamo, utilizó crédito o financió gastos durante los últimos meses. La proporción aumenta al 63% entre las mujeres y llega al 65% en los sectores de menores ingresos, lo que muestra que el recurso al financiamiento adquiere mayor peso entre los hogares con menor margen para absorber aumentos de gastos o caídas de ingresos.
Un informe de la Fundación Pensar advierte por los altos niveles de endeudamiento.
Qué dice el último informe de la Fundación Pensar
El destino del crédito también resulta significativo para Pensar. El 26% de quienes recurrieron al financiamiento lo utilizó principalmente para comprar alimentos, mientras que el 21% lo destinó a gastos cotidianos del hogar. Otro 15% fue utilizado para pagar servicios, impuestos u otras obligaciones y el 14% para cancelar deudas anteriores.
La composición de esos gastos muestra que una parte del crédito no está siendo utilizada para financiar bienes durables o inversiones, sino para cubrir necesidades corrientes. Tarjetas y préstamos personales aparecen así como una herramienta para complementar los ingresos disponibles de las familias, una situación que la Fundación ya había señalado en sus informes sobre el impacto del programa económico en el consumo.
La presión financiera también presenta diferencias según la actividad laboral. A partir de datos del INDEC, el informe señala que el 30% de los hogares vinculados al servicio doméstico debió recurrir a familiares o amigos para pedir dinero. Le siguen hoteles y restaurantes, con el 25%, mientras que industria, comercio y enseñanza registran un 18% cada uno.
Pensar vincula esta situación con la mayor incidencia de la informalidad y la inestabilidad de los ingresos en determinadas actividades. En esos sectores, el acceso al crédito formal puede ser más limitado y los hogares terminan recurriendo a redes familiares o personales para afrontar gastos que no pueden cubrir con sus ingresos habituales.
El endeudamiento se combina además con dificultades para cumplir con las obligaciones. El 54% de los consultados manifestó haberse atrasado o haber dejado de pagar alguna obligación por motivos económicos durante los últimos meses. El informe aclara que este indicador no equivale a la mora bancaria y que no permite afirmar que más de la mitad de los argentinos se encuentre en incumplimiento con el sistema financiero.
La mora bancaria, sin embargo, también muestra un deterioro. La irregularidad de las familias llegó al 12,9% en julio de 2026, frente al 5,6% registrado un año antes. Aunque la mora temprana se redujo desde el 6,6% de noviembre de 2025 hasta el 4,4% en julio de este año, Pensar advierte que la irregularidad bancaria familiar todavía se encuentra en el nivel más alto de la serie iniciada en 2010.
Los jóvenes aparecen entre los sectores más expuestos. Entre quienes tienen crédito, el 37% de los deudores de entre 18 y 25 años registraba mora, el mismo porcentaje que se observa entre quienes tienen entre 26 y 35 años. La proporción cae progresivamente con la edad hasta llegar al 16% entre los mayores de 66 años.
La brecha también se observa según el nivel socioeconómico. Los atrasos declarados alcanzan al 72% en los sectores de menores ingresos, frente al 43% en los sectores medios y al 30% en los sectores altos. Entre quienes se atrasaron o dejaron de pagar, los servicios concentran el 46% de las menciones, seguidos por las tarjetas de crédito, con el 36%, y los préstamos o deudas, con el 33%.
El deterioro se concentra especialmente en el crédito destinado al consumo. Los préstamos personales registran una irregularidad del 16,7% y las tarjetas de crédito del 12,8%, frente al 8,1% de los créditos prendarios y el 1,6% de los hipotecarios. La diferencia refleja, entre otros factores, que los primeros suelen utilizarse para cubrir necesidades de corto plazo y cuentan con menor respaldo patrimonial.