El juego del uno-dos sirvió ayer para dilatar de manera preocupante la firma del acuerdo con los gobernadores para una nueva ley de coparticipación federal de los impuestos. Los mandatarios del peronismo, que parecían más dispuestos a firmar el acuerdo, dilataron el gesto en espera de qué harían los aliancistas. No queremos, argumentaron, que nos hagan lo de siempre, firmamos primero y después van ellos más tarde y sacan un puntito más. Los radicales, más duros en la previa, aguantaron en su posición argumentando que los peronistas debían ir primero porque son oficialismo. Si vamos primero nosotros, quedamos pegados ante nuestro público, que todavía nos pide algún gesto opositor. Igual anoche cerraron juntos la jornada, peronistas y radicales, compartiendo unas penitenciales empanadas en la sede porteña del Consejo Federal de Inversiones.
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