28 de diciembre 2005 - 00:00

Una foto esperada por muchos, incluyendo al propio Presidente

Néstor Kirchner cargó ayer contra los opositores, defendiendoel proyecto de reforma del Consejo de la Magistraturasancionado por el Senado.
Néstor Kirchner cargó ayer contra los opositores, defendiendo el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura sancionado por el Senado.
La foto del arco partidario que logró juntar ayer el gobierno en su contra en el debate sobre la reforma del Consejo de la Magistratura habla por sí sola: Mauricio Macri junto a Elisa Carrió, quien hizo escarnio de los negocios del padre del adversario durante la campaña; el ceteísta Claudio Lozano -que entró al Congreso en las listas del oficialismo- junto a Ricardo López Murphy; a éste junto a Fernando Chironi, jefe del bloque UCR, partido del cual migró el ex ministro con rencores que no se han apagado; el moderado socialista Hermes Binner codo con codo con ese emblema del conservadorismo que es Federico Pinedo.

Esa reunión colmó el deseo de muchos observadores que han criticado que la oposición en la Argentina se haya fragmentado como tal, neutralizando la eficacia a la hora de confrontar con el oficialismo y, principalmente, intentar el freno a las tentaciones hegemónicas.
No le costó mucho al oficialismo reunir a estas expresiones que, por un instante, se pusieron por encima de lo mucho que las divide, alarmados seguramente por el último discurso de la primera dama en el cual dijo creerse protagonista de una «batalla» del peronismo contra el resto.

Sólo Carlos Menem, pero mucho después de asumir, logró una foto semejante, aquella de la confitería El Molino que dio nacimiento al FrePaSo.

Esta vez no hay detrás de esta liga que se reunió ayer en el Congreso ningún proyecto político unificado que haga pensar en una alternativa al oficialismo. La expresión de rechazo es una forma de la negatividad, un terreno en el cual no se puede construir en política, como lo demostró la suerte de aquella otra foto, en la cual sí hubo proyecto políticopero que se basó también en la negatividad.

La foto le hizo un favor al gobierno
porque le echó combustible al impulso confrontativo del oficialismo: «¡Miren los que se juntan!», se regocijó Néstor Kirchner en el Salón Blanco pocos minutos más tarde. «Estaban todos, sólo faltaba De la Rúa y el innombrable», tronó para entretenimiento de las OSG (organizaciones sí gubernamentales), que es como llama el senador Ernesto Sanz a los invitados que jalean los anuncios del Presidente todas las tardes.

• Logro

Para la lógica del gobierno también fue un logro porque lo ayuda a amalgamar las alianzas internas. En un momento cuando el Presidente arma en silencio el ejército de la reelección recibe como respuesta que del otro lado se está armando algo. Cuando sus delegados en el conurbano (Julio Pereyra, Florencio Varela) reportan de sus gestiones para reclutar duhaldistas desencantados dicen que hay clima de espera hasta ver qué hace Roberto Lavagna, qué hace Daniel Scioli, qué hace Mauricio Macri; hasta hay quien remolonea a la espera de qué hará el mismísimo Eduardo Duhalde. Este dato es lo que explica la rabieta de Cristina de Kirchner con el vicepresidente en la última sesión del Senado. Que el matrimonio llegase a ver alguna amenaza en los movimientos de Scioli es una prueba de la extrema debilidad con la que encara los dos últimos años del primer mandato.

Ante ese panorama, ¿qué mejor alimento para el peronismo de todas las tribus que ver la foto de sus opositores? ¿Qué mejor llamador a unir filas junto al gobierno al que pertenecen que advertir que los enemigos de siempre encuentran un punto de identificación?

Es lo que intentó describir Kirchner ayer cuando habló de «la máquina de impedir» y recordó «cómo dejaron el país cuando gobernaron».

Detrás de este debate sobre el Consejo de la Magistratura hay algo no dicho pero que le da impulso al proyecto oficialista: darle más poder al Ejecutivo en el manejo de la Justicia con el poder de veto que le darían los 5 miembros políticos sobre los 13 de la nueva integración está en el interés de los Kirchner, pero también de todo el peronismo.

Esa es la razón por la cual, más allá de la fuerza de convicción que transmita Cristina en sus discursos enardecidos, senadores y diputados le dan el voto con tanta facilidad al proyecto. Sólo Chiche Duhalde, solita en su banca, amagó con un contraproyecto testimonial frente a la iniciativa.

• Conveniencia

Al peronismo le conviene eso que dijo Miguel Pichetto a un grupo de jueces que lo visitó: Vamos a reponer la vieja Comisión de Acuerdos y el rol del Senado en el manejo de la Justicia. Lo reiteró hace pocas horas por televisión empleando ese gesto que él entiende es una sonrisa de ironía: «En este país hemos designado jueces que ahora se levantan todas las mañana repitiéndose: soy independiente, soy independiente» (programa «Scanner», viernes a la noche).

Les conviene también a los bloques del peronismo en el Congreso
que todo el costo político lo pague el matrimonio Kirchner, en cuya boca se entonan los discursos de defensa más irritantes y por los cuales el gobierno paga costos tan fuertes como ver a toda la oposición reunida en frente, algo que para cualquier gobierno normal es un problema. A los Kirchner tampoco les viene mal que la oposición diga que es todo una manía personal del matrimonio; éste vive desvelado por la frágil base electoral de origen (22% de los votos perdiendo una elección; 26,1% de votos propios en octubre pasado) y está dispuesto a pagar cualquier costo a cambio de que le atribuyan una fuerza y un poder que no tiene.

Un gobierno que paga u$s 9.800 millones para que le crean que es independiente está admitiendo que no es independiente.


Que se juntase toda frente a un proyecto que está en el corazón del gobierno -no se recuerda que haya hecho antes tanta presión sobre la opinión pública-, es el mejor regalo que podía hacerle la oposición a este Presidente al que le gustan las peleas y está necesitando argumentos para juntar en torno de sí a todo el peronismo.

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