Una foto esperada por muchos, incluyendo al propio Presidente
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Néstor Kirchner cargó ayer contra los opositores, defendiendo
el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura
sancionado por el Senado.
Esa reunión colmó el deseo de muchos observadores que han criticado que la oposición en la Argentina se haya fragmentado como tal, neutralizando la eficacia a la hora de confrontar con el oficialismo y, principalmente, intentar el freno a las tentaciones hegemónicas. No le costó mucho al oficialismo reunir a estas expresiones que, por un instante, se pusieron por encima de lo mucho que las divide, alarmados seguramente por el último discurso de la primera dama en el cual dijo creerse protagonista de una «batalla» del peronismo contra el resto.
La foto le hizo un favor al gobierno porque le echó combustible al impulso confrontativo del oficialismo: «¡Miren los que se juntan!», se regocijó Néstor Kirchner en el Salón Blanco pocos minutos más tarde. «Estaban todos, sólo faltaba De la Rúa y el innombrable», tronó para entretenimiento de las OSG (organizaciones sí gubernamentales), que es como llama el senador Ernesto Sanz a los invitados que jalean los anuncios del Presidente todas las tardes.
Es lo que intentó describir Kirchner ayer cuando habló de «la máquina de impedir» y recordó «cómo dejaron el país cuando gobernaron».
Detrás de este debate sobre el Consejo de la Magistratura hay algo no dicho pero que le da impulso al proyecto oficialista: darle más poder al Ejecutivo en el manejo de la Justicia con el poder de veto que le darían los 5 miembros políticos sobre los 13 de la nueva integración está en el interés de los Kirchner, pero también de todo el peronismo.
Esa es la razón por la cual, más allá de la fuerza de convicción que transmita Cristina en sus discursos enardecidos, senadores y diputados le dan el voto con tanta facilidad al proyecto. Sólo Chiche Duhalde, solita en su banca, amagó con un contraproyecto testimonial frente a la iniciativa.
• Conveniencia
Al peronismo le conviene eso que dijo Miguel Pichetto a un grupo de jueces que lo visitó: Vamos a reponer la vieja Comisión de Acuerdos y el rol del Senado en el manejo de la Justicia. Lo reiteró hace pocas horas por televisión empleando ese gesto que él entiende es una sonrisa de ironía: «En este país hemos designado jueces que ahora se levantan todas las mañana repitiéndose: soy independiente, soy independiente» (programa «Scanner», viernes a la noche).
Les conviene también a los bloques del peronismo en el Congreso que todo el costo político lo pague el matrimonio Kirchner, en cuya boca se entonan los discursos de defensa más irritantes y por los cuales el gobierno paga costos tan fuertes como ver a toda la oposición reunida en frente, algo que para cualquier gobierno normal es un problema. A los Kirchner tampoco les viene mal que la oposición diga que es todo una manía personal del matrimonio; éste vive desvelado por la frágil base electoral de origen (22% de los votos perdiendo una elección; 26,1% de votos propios en octubre pasado) y está dispuesto a pagar cualquier costo a cambio de que le atribuyan una fuerza y un poder que no tiene.
Un gobierno que paga u$s 9.800 millones para que le crean que es independiente está admitiendo que no es independiente.
Que se juntase toda frente a un proyecto que está en el corazón del gobierno -no se recuerda que haya hecho antes tanta presión sobre la opinión pública-, es el mejor regalo que podía hacerle la oposición a este Presidente al que le gustan las peleas y está necesitando argumentos para juntar en torno de sí a todo el peronismo.




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