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26 de julio 2007 - 00:00

Una marcha donde sólo falta Magaldi

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Una vez más, la realidad imita al arte: la mezcla de Evita y el Che, que sólo podía ocurrir en la imaginación for export de Lord Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, autores de la ópera pop que durante tantos años irritó al peronismo más rancio, encarnará hoy en la marcha orquestada por el trío Bonafini-D'Elía-Peredo a lo largo del centro porteño.

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Las estrofas iniciales de ese Che brechtiano en el hit de Broadway: «Oh, what a circus, oh what a show!/ Argentina has gone to town/ Over the death of an actress called Eva Peron» («¡Oh, qué circo, oh qué show! Argentina se vino para el centro por la muerte de una actriz llamada Eva Perón»), adquirirán hoy una imprevista y ruidosa realidad. Para justificar el homenaje conjunto, D'Elía dijo que esa unión entre ambos símbolos históricos no fue hecha por la historia, sino por la memoria de los pueblos, restándole así copyright a los creadores de «Evita». Ellos, claro, los relacionaron de otra forma, pero fueron los primeros.

  • Madonna

  • La ópera nunca se representóen Buenos Aires. A Antonio Cafiero siempre le molestó, a Carlos Ruckauf mucho más. Y otros, más extremos, hasta llegaron a intentar que no se proyectara aquí la película para cuyo rodaje, sin pruritos e inocultablemente seducido por la protagonista, Carlos Menem abrió la Casa Rosada. Allí Madonna, una noche de febrero, se asomó al histórico balcón y extendió sus brazos sobre los descamisados a sueldo de la productora de Alan Parker, mientras el Che Banderas continuaba, desde el llano, tratando de decodificar el raro y encendido país que une o divorcia símbolos según épocas, valuaciones o efemérides.

    Y a propósito de estas últimas: si la marcha recordará los 55 años de la muerte de Eva, los 40 de la de Guevara (el próximo 9 de octubre) y, de paso, los 54 años del asalto al cuartel de Moncada, sólo restaría una fecha sin su correspondiente evocación para completar exactamente la tríada imaginada por la ópera: el próximo 8 de setiembre se cumplen 59 años de la muerte de Agustín Magaldi, otro bastión de la argentinidad que, junto con ellos, compartió simbología, pantallas y escenario.

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