Termez, Uzbekistán - Oficialmente ya no hay talibanes en la capital norteña afgana de Mazzar-i-Sharif. Pero en realidad todo es una cuestión de barbas. Sus banderas blancas y sus eslóganes integristas ya fueron retirados de calles y edificios. Pero los jefes talibanes siguen ahí. La diferencia es que no llevan barba y que ahora trabajan para el general Dustum, el «señor de la guerra» uzbeko, que es el nuevo amo de la ciudad.
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Los talibanes ni siquiera entregaron sus armas. Algunos fueron nombrados para cargos en la nueva administración, tanto en la ciudad como en las cinco «vilayat» (provincias) del Norte que controla el general. Es el caso de Hasim Grusiwani, el conocido comandante talibán uzbeko de la provincia de Faryab. Una afeitada bastó para que Dustum lo nombrase vicejefe militar de la provincia.
La lista es enorme. En Chimtal, 40 kilómetros al oeste de Mazzar, el jefe de la decimoctava brigada talibán, Gausadin Nazdratiar, un pashtún, continúa en su puesto.
Lo mismo ocurre en Kalacha, donde permanece el talibán Amir-Jan, o en Balj, a 20 kilómetros al este de la ciudad. Ahí continúan Shamshul Haq y Abdulsamad Nazeri. En Cherquend, otra localidad, está Said Jasad, y en Sar i Pul, Kasi Abdul Jai. Y en la propia ciudad de Mazzar, Abdulkayum Ajmadzai,Majmad Hasan y Ajter Mahmad Ibrahim Hel. Todos estos comandantes, sencillamente, se han amoldado a la situación.
Alternativa
Con la excepción de Said Jasad, que es hazara, y de Kasi Abduljai, uno de los raros tayikos talibanes, todos son de la etnia pashtún. Pero pashtunes «de aquí», se matiza.
En los años '40, el rey Zahir Shah, un pashtún, repobló con gente de esa etnia el norte de Afganistán. Los pashtunes son la matriz del Estado afgano -hasta principios del siglo XX, sólo los pashtunohablantes eran llamados «afganos»- y quienes han dominado el gobierno del país. Con su repoblación, el rey buscaba homogeneizar algo su variopinto reino en una zona dominada por las minorías.
Hoy estos pashtunes tienen raíces aquí y no se les ha perdido nada en Kandahar. Para todos esos comandantes, la única alternativa a una guerra sangrienta era amoldarse a la nueva situación, aunque «con el corazón siguen siendo talibanes», señala una fuente pashtún. Al general Dustum también le interesa contemporizar. Su prioridad es consolidarse en el Norte, donde la radio local ya lo trata de «vicepresidente de Afganistán».
Sus relaciones con Rabbani y los tayikos instalados ahora en Kabul son malas.
La socorrida afeitada de barbas fue la gran solución dentro de ese contexto. Los niños y las niñas (éstas después de un largo paréntesis de cuatro años) volvieron el miércoles a la escuela en Mazzar-i-Sharif. Hace dos días que no se registran disparos en la ciudad, que se encuentra todavía sin electricidad y con el suministro de gas reducido a la mitad de la localidad.
La mayoría de los comerciantes abrió sus tiendas, aunque algunos de nacionalidad pashtún no lo han hecho aún porque tienen miedo. Desde las matanzas de mayo de 1997 y agosto de 1998, hazaras y pashtunes tienen cuentas que saldar en Mazzar.
En uno de sus últimos programas, Radio Balj, la emisora local, elogió las ventajas de practicar el «jogging» e informó del comienzo de unos cursillos de inglés mixtos para chicos y chicas. La televisión local emitió su primera hora de programa en cuatro años. Entre las 10 de la noche y las 4.30 de la madrugada hay toque de queda. El general decretó la prohibición de que gente armada entre en la ciudad. Poco a poco, parece que la vida vuelve a su cauce en la capital del Norte.
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