Una transición carente de lógica
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Alternativa
Hoy estos pashtunes tienen raíces aquí y no se les ha perdido nada en Kandahar. Para todos esos comandantes, la única alternativa a una guerra sangrienta era amoldarse a la nueva situación, aunque «con el corazón siguen siendo talibanes», señala una fuente pashtún. Al general Dustum también le interesa contemporizar. Su prioridad es consolidarse en el Norte, donde la radio local ya lo trata de «vicepresidente de Afganistán».
Sus relaciones con Rabbani y los tayikos instalados ahora en Kabul son malas.
La socorrida afeitada de barbas fue la gran solución dentro de ese contexto. Los niños y las niñas (éstas después de un largo paréntesis de cuatro años) volvieron el miércoles a la escuela en Mazzar-i-Sharif. Hace dos días que no se registran disparos en la ciudad, que se encuentra todavía sin electricidad y con el suministro de gas reducido a la mitad de la localidad.
La mayoría de los comerciantes abrió sus tiendas, aunque algunos de nacionalidad pashtún no lo han hecho aún porque tienen miedo. Desde las matanzas de mayo de 1997 y agosto de 1998, hazaras y pashtunes tienen cuentas que saldar en Mazzar.
En uno de sus últimos programas, Radio Balj, la emisora local, elogió las ventajas de practicar el «jogging» e informó del comienzo de unos cursillos de inglés mixtos para chicos y chicas. La televisión local emitió su primera hora de programa en cuatro años. Entre las 10 de la noche y las 4.30 de la madrugada hay toque de queda. El general decretó la prohibición de que gente armada entre en la ciudad. Poco a poco, parece que la vida vuelve a su cauce en la capital del Norte.



