ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

27 de octubre 2010 - 19:33

Una vida dedicada a la política

ver más
Néstor Kirchner cambió el rumbo de la política argentina en la primera década del Siglo, al marcar con gran energía fuertes enfrentamientos con distintos sectores del país y del exterior, bajo una firme impronta personal.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Así, se enfrentó con sectores de las Fuerzas Armadas, vinculados a la última dictadura, al igual que con la cúpula de la Iglesia, con medios de comunicación privados, sobre todo en los últimos años con el Grupo Clarín, con los funcionarios del Fondo Monetario Internacional y también, en distintos episodios, con la Casa Blanca. Mantuvo también firmes enfrentamientos con sectores internos del Partido Justicialista, que encabezó desde 2008 hasta su muerte.

En su gestión, iniciada en 2003, Kirchner mantuvo una serie de ejes de política económica que había iniciado el ex presidente Eduardo Duhalde tras la crisis de 2001 -el tipo de cambio alto, superávit fiscal y comercial-, lo que marcó altas tasas de crecimiento a partir de entonces. A eso, el ex mandatario le sumó una férrea negociación con los acreedores de la deuda pública, ante quienes logró una quita del orden del 75 por ciento.

Al encabezar la Presidencia hasta 2007 y aprovechando un contexto internacional favorable logró cifras récord de caída de la pobreza, la indigencia y la desocupación, así como aumentos en los niveles salariales y de consumo.

Cuando terminó su mandato, lo hizo con niveles de aprobación por parte de la población, que rondaron el 70 por ciento.

Kirchner había iniciado su carrera política en la década del 70, cuando también conoció en la Universidad de La Plata a Cristina Fernández, con quien se casó el 9 de marzo de 1975. Tuvieron dos hijos, Máximo, en 1977, y Florencia, en 1990.

En plena dictadura, el ex mandatario regresó a su Río Gallegos natal, donde se dedicó a la actividad privada -sus detractores criticarían ese hecho años más tarde-. En 1982 retomó la militancia política y creó el Ateneo Teniente General Juan Domingo Perón ("el Ateneo"), desde el que luego llegaría a la intendencia de la ciudad. Recuperada la democracia, desde fines de 1983 hasta julio de 1984 Kirchner fue presidente de la Caja de Previsión Social de Santa Cruz.

Su negativa a que los aportes previsionales fueran a un fondo unificado lo enfrentó al entonces gobernador, Arturo Puricelli, quien lo destituyó.

En 1986 Kirchner obtuvo su primera victoria electoral, en la interna partidaria que le otorgó mayoría y minoría del consejo local justicialista.

Al año siguiente, y por apenas 110 votos sobre su oponente del radicalismo, fue elegido intendente de su ciudad natal. Su impronta fue impulsar la obra pública junto con políticas sociales.

Para las parlamentarias de 1989 formó el Frente para la Victoria, su línea provincial, que con una lista encabezada por Cristina Fernández se adjudicó el triunfo y logró sus primeros cuatro legisladores.

El 10 de diciembre de 1991, con el 30,44 por ciento de los votos y mediante Ley de Lemas, Kirchner asumió la gobernación de Santa Cruz.

A partir de entonces, su relación entonces con el ex presidente Carlos Menem osciló: se acercó a él cuando el ex mandatario dio la posibilidad de obtener regalías petroleras a la Provincia y se enfrentó, por ejemplo, ante la intención del riojano de que los "Hielos Continentales" fueran considerados territorio chileno.

También se enfrentó con fuerza al ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, cuando le querían retacear fondos para Santa Cruz.

En 1995, con el 62,09 por ciento de los sufragios, se convirtió en el primer mandatario reelecto en la provincia.

Y en 1999, con el 52,07 de respaldo popular, inició su tercer período de gobierno.
En aquel momento, había formado el "Grupo Calafate", con dirigentes peronistas de centroizquierda, muchos de ellos provenientes de la militancia de los 70, para apoyar la candidatura presidencial de Duhalde.

Cuando Fernando de la Rúa gobernó el país se mostró como un gobernador díscolo, muy crítico de los ajustes impulsados a instancias del FMI por aquella gestión.

En 2002, caído De la Rúa, el entonces presidente Duhalde quiso nombrarlo jefe de Gabinete pero él se negó.

Y luego enfrentó a Duhalde: en mayo de ese año envió un avión de la provincia de Santa Cruz a Corrientes para que buscara a un senador correntino que iba a votar en contra de la derogación de la Ley de Subversión Económica, una medida exigida por el Fondo Monetario.

A pesar de esos enfrentamientos y cuando Duhalde se quedó sin la posibilidad de impulsar a José De la Sota y a Carlos Reutemann, se convirtió en el "delfín" del bonaerense y con apenas el 22,3 por ciento de los votos, accedió a la Presidencia -Carlos Menem se "bajó" de la segunda vuelta, ante una derrota segura-.

Allí Kirchner inició su Presidencia: rechazó la posibilidad de un indulto a ex militares, impulsó una electrizante renovación de la Corte Suprema de Justicia, apuntó a la reactivación de juicios a represores al priorizar la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Se ganó el favor de los organismos de Derechos Humanos al convertir la ESMA, el mayor centro clandestino de detención de la dictadura en un museo. Y tuvo acciones de gran teatralidad, como cuando mandó al jefe del Ejército a descolgar el cuadro del ex dictador Jorge Rafael Videla del Colegio Militar.

En política exterior, su eje clave fue el acercamiento a los países de América Latina, todos ellos en un marco de importante bonanza económica por la suba de los precios de los productos primarios en todo el mundo.

Así, en 2005, en una convulsionada Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, junto varios colegas de la región rechazaron la pretensión de George W. Bush de implantar el ALCA, una asociación de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego.

Kirchner fue acusado por la oposición de autoritario, de cerrar las puertas del Congreso -por contar con una amplia mayoría a partir de 2005- a debates, de manejar la Justicia a través del Consejo de la Magistratura y de apañar casos de corrupción sobre todo en la obra pública, el sector de Transporte y la Energía.

Lo cuestionaron por manejar con mano de hierro "la caja" de la obra pública para disciplinar a gobernadores e integrantes del Congreso, al tiempo que lo criticaron por aliarse a intendentes del conurbano bonaerense.

El ex presidente, de la mano de Cristina de Kirhcner, quien fue electa senadora, derrotó a la estructura duhaldista de la provincia de Buenos Aires, territorio que pasó a manejar como eje de todas sus políticas.

En 2007, cuando Cristina Kirchner asumió la Presidencia, comenzaron tiempos muy convulsionados para el ex mandatario.

El matrimonio sufrió un gran traspié con la crisis de la "resolución 125", por la que las entidades del agro se negaban a pagar más impuestos.

Allí se agudizó el enfrentamiento de Kirchner con los medios y sobre todo con el "Grupo Clarín".

"¡Qué te pasa, Clarín?! ¿Estás nervioso?", enfatizaba el ex presidente en actos con sus partidarios, al cuestionar la línea del matutino, favorable a los reclamos del agro.

En el marco de la crisis financiera internacional en 2009, Kirchner protagonizó una derrota electoral, cuando se postuló a diputado por la Provincia de Buenos Aires y obligó al resto del PJ a protagonizar las "candidaturas testimoniales".

A pesar de esa derrotas, fue firme militante y en algunos casos mentor de las políticas llevadas adelante por Cristina Kirchner: la nacionalización de los fondos de las jubilaciones, la Ley de Medios, la ley de Matrimonio Homosexual, la Asignación Universal por Hijo.

No se cansó de repetir que la gestión de su esposa, a pesar de contar con menores índices de aprobación que la suya había sido "mucho mejor" que la que le tocó encabezar.

Kirchner nunca dejó de expresar en público y en privado sus diferencias con quien fuera.
Así fue perdiendo aliados: se enfrentó con su ex ministro Roberto Lavagna, con el ex gobernador de Santa Cruz Sergio Acevedo, con Eduardo Duhalde, con su ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, con el ex gobernador Felipe Solá, y también, en distintas ocasiones, con el actual mandatario bonaerense Daniel Scioli.

También se enfrentó con los empresarios que no respondían a sus políticas: "Coto, yo te conozco", dijo una vez en un discurso al apuntar al apellido de un gran supermercadista del país -también mantuvo disputas en algunas ocasiones con el Grupo Techint, petroleras y bancos-.

Kirchner fue acusado por la oposición de promover una "crispación" permanente, de rechazar "el diálogo y el consenso" como metodología, de "desperdiciar una oportunidad histórica" para la economía del país.

También de promover la "corrupción" y un "capitalismo de amigos" y de enriquecerse personalmente.

Sus seguidores lo recordarán como un líder fuerte, que promovió grandes cambios, que puso a la política en el centro de la escena del país, que enfrentó a corporaciones a los que la democracia nacida en 1983 nunca había tocado, que promovió la unión sudamericana desde la UNASUR, que puso en primer plano una visión "nacional" de la economía y de los problemas del país por sobre recetas "importadas".

Su imagen resultará inolvidable para admiradores y detractores: el saco cruzado abierto, los mocasines negros, siempre algo desaliñado, su voz quebradiza, el resoplido que se escapaba entre sus dientes, sus palabras punzantes, su media sonrisa, su tezón.

Al morir, aún tenía abiertas las posibilidades electorales. Las encuestas, si bien le marcaban un amplio nivel de rechazo lo convertían en el que sería el político más votado en una primera vuelta.

Pugnaba así por un "tercer" mandato presidencial para su proyecto -el segundo personal-, algo que ni Raúl Alfonsín ni Carlos Menem habían logrado tras una derrota electoral de medio término.

Desoyó los consejos de sus médicos ante una salud que se le escapaba de las manos: priorizó su pasión, la política como forma de impactar en la realidad, por sobre su suerte personal.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias