13 de noviembre 2000 - 00:00

"Vamos a despertar a la Argentina dormida"

Queridos argentinos. Vamos a decir las cosas como son.
La Argentina está mal. No estamos creciendo como necesitamos y además estamos enfrentando un contexto internacional totalmente adverso.
El desempleo, la fragmentación social, la pobreza, la crisis política interna, sumadas a una situación externa desfavorable en lo comercial y financiero, es una combinación que puede llevar a nuestra economía a una verdadera catástrofe si no actuamos bien y rápido.
Y eso es exactamente lo que vamos a hacer.
Vamos a actuar bien y rápido. Hoy quiero decirles categóricamente que el gobierno continuará cumpliendo rigurosamente con los compromisos genera-dos por su deuda. Esto lo garantizo personalmente y lo garantizan también nuestras instituciones y nuestra sociedad.
Soy consciente de que la política sigue en deuda con la sociedad porque no ha dado solución al desempleo ni ha conseguido reducir la pobreza. Que quede claro, esto es lo que más me preocupa. Es eso lo que me desvela.
Por ello, por los desempleados y por los pobres es que quiero extremar mi esfuerzo hasta el lí-mite. Mi esfuerzo y el de todos.
Por eso hago una convocatoria urgente para superar el trance generado por las turbulencias financieras.
Invito a los representantes de todos los argentinos. A los gobernadores, a los legisladores, a que juntos demos un impulso contundente al plan económico, el que votó la gente, que puse en marcha el 10 de diciembre.
Hoy nos toca trabajar juntos. Cuando hace más de una década alguien desafió la democracia pusimos a un lado las diferencias partidarias y nos mostramos juntos. Cuando años atrás la hiperinflación parecía querer devorarnos juntos, sin mezquindades ni intereses sectoriales, sentamos las bases de la estabilidad y la transformación económica.
Hoy tiene que ser igual. Si se está poniendo en duda nuestro crédito damos señales inequívocas de que hay valores que están fuera de discusión y que compartimos todos.
Los convoco a todos a sumarse a este plan de crecimiento. Cuento con el respaldo firme del Congreso para aprobar sin dilaciones el presupuesto 2001 y las leyes enviadas al Parlamento.
Cuento con los gobernadores de todas las provincias para suscribir inmediatamente un compromiso federal por el crecimiento y la disciplina fiscal.
Como son muchas medidas y medidas profundas que el país necesita con urgencia este mismo fin de semana me reúno con ellos.
Sé lo que hay que hacer para salir de esta situación y ni bien se despejen las dudas que hoy nos paralizan veremos la reactivación y el despegue final del crecimiento.
Yo les voy a decir lo que vamos a hacer y les puedo asegurar que tendremos el respaldo firme y fehaciente de los organismos multilaterales de crédito y de un importante conjunto de bancos. Así tendremos un reaseguro para No porque creamos que nuestra economía vaya a crecer poco. Al contrario, creemos que vamos a crecer a tasas elevadas y por mucho tiempo. Lo hacemos porque preferimos pecar de modestos. No queremos sorpresas. Porque el año que viene no se aumentarán impuestos. Al contrario, si estas proyecciones se quedan cortas, si crecemos como creo que lo haremos, los ingresos fiscales serán mayores a los proyectados y estaremos en condiciones de reducir más el déficit fiscal y, al mismo tiempo, seguir bajando impuestos.
La posibilidad de que aumente el déficit presupuestario del año que viene nos obliga a reformar la Ley de Solvencia Fiscal. Tenemos que profundizar sus objetivos, poniendo un mayor énfasis en la disciplina en el gasto público.
Tomo como compromiso de mi gobierno una política de reducción de impuestos. Un compromiso que comenzamos a hacer efectivo hace 15 días y que hoy mismo vamos a ampliar.
El impuesto a los intereses será eliminado de acuerdo a un cronograma que abarca hasta enero del año 2002.
También vamos a permitir que se deduzcan de la base de cómputo del Impuesto a las Ganancias, hasta un cierto monto, las cuotas pagadas por los créditos hipotecarios que se tomen de ahora en más para la compra de nuevas viviendas.
En el área previsional, estamos retirando el proyecto que enviamos al Congreso a media-dos de año y lo estamos reemplazando por una reforma más ambiciosa, que es, al mismo tiempo, más solvente y más solidaria.
Es más solvente porque concentrará los recursos estatales sólo en aquellos jubilados cuyos ahorros capitalizados no alcancen un cierto mínimo. Esta focalización del gasto permitirá ahorros millonarios para el Estado.
Es más solidaria porque, en el futuro, ningún nuevo jubilado recibirá menos de $ 300.
Además, incorporaremos una protección básica de $ 100 para los sectores marginados del mercado de trabajo formal, que hoy están quedando fuera del sistema previsional. Universalizamos, así, la cobertura del régimen jubilatorio. Además, vamos a equiparar la edad de jubilación de las mujeres a la de los hombres. Lo haremos de manera gradual y a partir del año 2002.
A partir de estas reformas, pierde sentido el régimen de reparto, que será abolido.
El personal de las Fuerzas Armadas y de Seguridad será incorporado también al régimen de capitalización. Hay una focalización de los recursos del Estado en aquellos que más lo necesitan, de modo de cumplir mejor con ese valor irrenunciable que es para nosotros la equidad.
Los ahorros que obtendremos por los cambios en el sistema previsional son enormes y, además de reasegurar la solvencia fiscal, permitirán mejorar gradualmente los haberes de los jubilados que hoy están en situación más vulnerable.
Desde el primero de enero del año que viene, ningún jubilado mayor de 80 años percibirá menos de 200 pesos. Y, concluido el año que viene, esa garantía se extenderá a los mayores de 75.
Queremos concentrarnos en los que más lo necesitan. Por eso no podemos darnos el lujo de derrochar en los que menos necesitan.
Los recursos del sistema jubilatorio pertenecen a los jubilados, no al ANSeS. Por eso vamos a intervenirlo para mejorar su eficiencia y para que cumpla mejor con su función, y por la misma razón, y también pensando en nuestros jubilados, vamos a prorrogar la intervención del PAMI. La reforma del Estado se profundizará para garantizar la eficiencia y la equidad.
En cuanto al sistema de salud, su desregulación ya está en marcha, avanzada y encaminada para entrar en vigor a partir del primer día del año que viene. Se benefician los trabajadores, porque participarán de un régimen solidario y competitivo que les permitirá mejores servicios y porque sus gastos disminuirán, ya que podrán dejar de recurrir a sustitutos privados para aquellas prestaciones cuya calidad es hoy deficiente en la obra social.
Se benefician las propias obras sociales, que sanearán sus cuentas.
Y se benefician las empresas, porque a largo plazo contarán con una fuerza de trabajo más sana, evitarán duplicaciones de costos y porque el menor uso de los hospitales públicos quitará presión sobre el gasto del Estado y, por ende, sobre el sector privado que debe financiarlo.
La Argentina ha enfrentado en las últimas décadas un grave problema de evasión y contrabando. Por esto, he decidido conformar una comisión para que eleve al Poder Ejecutivo un diseño no vinculante sobre reforma tributaria que elimine impuestos distorsivos en los próximos meses, y avanzar decididamente en la tercerización y privatización del control y recaudación de algunos impuestos.
Ello incluirá al sector privado, a las provincias y municipios. Y abarcará tanto a la Dirección General Impositiva y a la Aduana.
Dije que quiero firmar un acuerdo con los gobernadores. Y eso es porque quiero que la solvencia fiscal y las condiciones para crecer surjan de un compromiso en todos los niveles de gobierno, no tan sólo el nacional. Hace rato que pasó la época en que los asuntos se definían sólo en la capital del país. Necesitamos que cada gobernador, cada legislador provincial, cada intendente y cada concejal asuma personalmente la obligación de ser responsable con los gastos públicos. Y queremos que esa responsabilidad sea una obligación. Aquí no hay margen para la discrecionalidad esto es un deber, porque no podemos aceptar que la prodigalidad de unos pocos deteriore el crédito de todos. Por eso voy a instar a los gobernadores, con toda la energía que me permiten las instituciones, a que firmen un compromiso federal por el crecimiento y la disciplina fiscal. Un pacto que garantice que en los próximos cinco años no aumentará el gasto primario ni en la Nación ni en las provincias. Un pacto para que las políticas fiscales no dependan de voluntarismos ocasionales, sino de instituciones que perduren en el tiempo y que resguarden los derechos de los argentinos por venir.
Si hoy nos pesa como nos pesa la deuda pública es porque en el pasado no hubo instituciones que impidieran la práctica cruel de cargar los derroches de la generación que gobierna sobre las espaldas de sus descendientes.
Yo siempre he respetado y siempre respetaré la autonomía de las universidades nacionales. Pero creo que es imperativo que en el seno mismo de ellas se haga un esfuerzo por asignar mejor los recursos que tienen y los que reciban en el futuro. El compromiso debe involucrarnos a todos.
No hay tiempo que perder. Ya llegará el momento en el que, superada esta crisis coyuntural, podremos volver a enfatizar nuestras legítimas diferencias y a sostener nuestras posiciones particulares. Pero ahora es el momento de defender, todos juntos, el interés nacional y asegurar así las condiciones de crecimiento para nuestro país.
Todo esto tenemos que conseguirlo ya, en un plazo mínimo. Y recuperaremos el respaldo y el crédito de la comunidad financiera nacional e internacional.
No podemos desaprovechar el esfuerzo realizado hasta aquí por todos los argentinos. Las condiciones necesarias para crecer sostenidamente están dadas. No permitiremos que esta turbulencia circunstancial frustre la oportunidad que tenemos por delante. Asumamos todos la responsabilidad que hoy nos toca. Este presidente, el ministro Machinea, todo el gabinete nacional está firme en este compromiso.
El rumbo está trazado. Vamos a despertar a la Argentina dormida. Vamos a crecer para entrar en los mercados. Vamos a competir y vamos a ganar. La recompensa está ahí, al alcance de nuestra mano.
Gracias por escuchar.

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