Viaje de compras de Garré hace tambalear acuerdo con Lockheed
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Nilda Garré junto al jefe de la armada de Francia y el titular de esa fuerza en la Argentina, almirante Jorge Godoy, ayer en un acto de condecoración del jefe naval por su «respeto a la ética naval».
En efecto, el ministro de Política Industrial, Anatoly Golovko, había expuesto a Garré el 10 de octubre pasado las propuestas de Ucrania, entre ellas la coproducción industrial aeronáutica en la Argentina, referencia directa a la planta de aviones cordobesa. Hay voces del ministerio y del gobierno de Córdoba que critican la falta de inversión y la inercia de Lockheed, que sólo sobrevive con el canon del gobierno nacional. Algo hay de cierto: Lockheed nunca consiguió vender un solo avión Pampa a terceros ni a otros mercados. A favor del complejo aeronáutico hay que decir que arrastra una pesada carga laboral de 900 empleados (de la anterior gestión pública) que nunca pudo depurar por presiones del gobierno de Kirchner y los gremios. En la actualidad Lockheed tiene sólo el contrato de reparación y mantenimiento de las aeronaves de transporte de la Fuerza Aérea, ya que el tramo de fabricación de 12 aviones militares Pampa para la Fuerza Aérea quedó reducido a 6 y la producción restante de esos aviones corre por cuenta de la empresa y para terceros.
¿Girará Kirchner como su amigo Hugo Chávez a la oferta rusa o ucraniana? En materia de armas no sólo importa el precio sino que los países tienen en cuenta las señales políticas que se dan al mundo con la elección del proveedor. ¿Se animará el Presidente a cortar el nexo que urdió la política de alineamiento de la década anterior? El gobernador José Manuel de la Sota había pedido a Julio De Vido, quien está a cargo de la renegociación del contrato de Lockheed, que cuando el gobierno nacional realice la compra de aeronaves, civiles como militares, pague una parte con el sistema Off Set, utilizado a nivel internacional. Este mecanismo contempla que parte del desembolso del Estado se realice mediante la entrega de aeropartes, que podrán ser fabricadas a precios competitivos por empresas nacionales asegurando fuentes de trabajo a la provincia, y luego de un período razonable se ubicará su producción en otros mercados. Es lo que hace Chile con los aviones F-16 que compró a Holanda. En pocas palabras, el negocio sería así: se recibe el helicóptero MI-17 y se paga con dinero y con la producción de repuestos que se fabricarían aquí en la planta de Córdoba ya concesionada a la nueva empresa de origen ruso o ucraniano, según fuera el caso.
Se sabe que la debilidad de los equipos rusos y ucranianos frente a sus competidores de occidente está en el «sostén logístico»: la seguridad y confianza en la provisión de repuestos, que quedaría subsanada con aquel mecanismo. El mercado para las aeropartes sería entre otros la fuerza aérea venezolana: Hugo Chávez ya adquirió 55 helicópteros rusos en sus distintas versiones, MI-17 (el que interesa a Garré), MI-26 y MI-35.
El resultado del tramo francés en la gira de Defensa garantiza al menos cierta permanencia en los estándares de la OTAN. Garré deja París hoy por la tarde con tres propuestas concretas: el ofrecimiento del Mirage F-1 (versión bombardero) en reemplazo del Mirage 2000 que había mencionado en Buenos Aires el coronel Jean Jaques Mora, agregado de Defensa galo; el estudio de un «joint venture» entre la empresa francesa MBDA y el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las FF.AA. (CITEFA) para repotenciar misiles Magic I y los letales Exocet (el negocio más atractivo, ya que en la región hay varios países que tienen Exocet), y la cesión a precio simbólico de los buques de transporte «Ouragan» y «Orage».




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