Néstor
Kirchner,
ayer por la
mañana,
emitiendo
su voto en
la mesa 47
de la EGB
70 de su
Río Gallegos
natal.
Cerca de
allí debería
haber
sufragado
su esposa,
Cristina
Fernández,
quien
decidió
quedarse
en Olivos.
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Una sorpresa está en que los resultados para el gobierno llegarían al «triunfo digno» que pidió de mínima el propio presidente de la Nación. Disminuye el logro oficial el gasto desde la Casa Rosada en encaminar obras e inversiones por montos sin precedentes en ningún proceso previo a elecciones en el país para ganar un comicio. El peligro para el gobierno es que este resultado sin carismas lo obligue al clientelismo permanente.
Basta pensar cuán dramático hubiera sido el desenlace de la contienda electoral de ayer para el oficialismo si no hubiera endulzado al electorado con anuncios de inversiones, más repartos y subsidios, por cerca de 25.000 millones de pesos (unos 8.200 millones de dólares). Si la alegría no era total en el gobierno los alentaba la caída fuerte del duhaldismo que ni llegaba al 19% ni evitar que Cristina le sacara más de 20% a Chiche.
Mauricio Macri en la Capital Federal, en cambio, triunfó demasiado holgadamente para el gusto del gobierno. Le sacó casi 14% al débil candidato oficial y eso que Macri compitió para legislador cuando atraería más electorado si se vota para administrar que se le reconoce es su fuerte.
Triunfó como era previsible Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Y se evitó que Chiche Duhalde llegara a 20% cuando aspiraba a más de 26%. Indudablemente el duhaldismo se debilitó y pierde su tercera elección consecutiva. Pero no fue tan contundente el triunfo de la primera dama: no llegó a 47% que logró Graciela Fernández Meijide contra la misma Chiche Duhalde en 1997. Y eso que el matrimonio Duhalde tenía la Gobernación.
Entre las sorpresas de ayer está que el duhaldismo no queda, con vistas al futuro, como la oposición más firme al kirchnerismo, aunque por el número de sufragantes del padrón bonaerense acumule todavía muchos votos (unos 1.500.000).
Además de Macri, la mayor contundencia de la oposición está en Juan Carlos Romero en Salta, en los Rodríguez Saá en San Luis, mucho en Jorge Sobisch, en Neuquén, con casi 50% de los votos porque le ganó a toda una coalición provincial, unida en su contra, y convocada por Oscar Parrilli, uno de los 5 íntimos del presidente Kirchner que dispuso de amplios fondos porque él mismo los distribuía como secretario general de la Presidencia . Sobisch con Mauricio Macri le provocaron las cifras más indigestas al gobierno. El triunfador contundente Sobisch es uno de los más repulsivos para el presidente de la Nación.
Otro triunfador neto es Hermes Binner en Santa Fe, cabeza de un socialismo moderno, tipo chileno, que triunfó por 7 puntos de ventaja sobre un Ejecutivo santafesino bien apoyado por el gobierno.
Elisa Carrió se cayó al final. Peleó el primer lugar y luego el segundo en la Capital Federal pero anoche mandaba al tercer lugar a Rafael Bielsa. Siempre le sucede lo mismo a Carrió: en encuestas pinta bien pero al momento de votar mucha gente se le retrae. Es enemiga frontal del kirchnerismo. Por eso Carrió integra una oposición pertinaz aunque no unida ideológicamente al resto.
De alguna manera destacable de ayer es que se va perfilando un centroderecha (Macri, Sobisch, Juan Carlos Romero, Carlos Menem, y hasta Ricardo López Murphy de magro desempeño pero acumulando votos en la más poderosa provincia del país) y un centroizquierda con la novedad de que quizá no sea terreno único del progresismo que rodea a Néstor Kirchner ni tampoco de la izquierda pura tradicional de los Jorge Altamira, Luis Zamora y otros.
Se estaría perfilando un centroizquierda moderno, no revanchista, lejos de cualquier iracundia y extremismo con Binner y Elisa Carrió.
Políticamente insinuó el país ayer que la agresividad, la belicosidad desde el gobierno no ayuda a sus practicantes y lo debe sentir hoy Néstor Kirchner que no habló anoche pese a ganar y con más de un centenar de diputados propios, cuando se le adjudicaban 80 o 90.
Tampoco se quiere al progresismo alocado que se apropia de la SIDE, que crea «SIDE paralela» con Horacio Verbitsky (ayer en su odio permanente escribió en su diario «Página/12» «Maurizio» Macri). Además se le rechaza que humille a la Justicia. Se puso un tilde de advertencia sobre la representatividad de una Corte Suprema totalmente designada por un progresismo que pese a ser gobierno y manejar fondos cuantiosos no se impone en varios distritos clave.
Los comicios, tal como se mostraron ayer, van a afectar la economía porque un triunfo electoral digno para quien gobierna lo condiciona en varios aspectos.
Por caso no siendo capaz de imponerse sin distribuir fondos le será difícil al presidente Kirchner cortar subsidios y eso puede agudizar la inflación, el gran drama del tiempo que viene.
Trabará algunos ajustes con seriedad, más si tiene un populismo muy herido como el de Duhalde ahora que le venderá caro (caro para el país) sus apoyos. Quizá se dé la paradoja de que el gobierno pueda disponer más comprensión de los legisladores del centroderecha, siempre volcados a cuidar el gasto desde el Estado .
Pese a sus alrededor de 115 legisladores propios Kirchner para llegar al quórum de 129 necesitará rivales, tal vez los radicales. O lograría los de derecha o hay estampida en el duhaldismo y tiene mayoría propia en Diputados y Senadores, con riesgo de la democracia. Pero tan poco le faltan para dominar diputados (ya tiene el Senado) que hacer oposición no será fácil.
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