17 de octubre 2006 - 00:00

Viejas postales PJ en el Francés

Parece obra de la mala suerte o materia para el diván. A otra cosa no se le puede adjudicar la destructividad que tuvo el control de la crisis del Hospital Francés para el bordado que venía realizando el oficialismo para seducir a los porteños. ¿Qué estrategia de marketing puede neutralizar delante de la clase media «bienpensante» las imágenes de Sergio «Tuto» Muhamad moviéndose como King Kong entre policías y enfermeros, arrancando gorras y rompiendo maxilares? Ahora «Tuto» está escondido en Entre Ríos, sin jinetas «K» ni pergaminos de dirigente de «Chaca».

Fuera de peligro, tampoco implica un riesgo, salvo que en su pasión por Néstor Kirchner se le ocurra romperle el espinazo a algún asambleísta de Gualeguaychú, ahora que el gobierno soltó la mano de quienes corten el puente.

Queda el saldo. La cadena de mandos transformada en cadena de reproches. Alberto Fernández que pide respuestas a Héctor Capacioli y éste echándole la culpa a José Luis Salvatierra, el interventor del hospital, que se resiste a renunciar y dejar el puesto al director médico, Walter González. El coro «progre» de frepasistas y socialistas convocados para la aventura de la comuna reflexiona y cita a Jorge Luis Borges: «Incorregibles». Acaso tengan razón porque lo regular en el PJ que hoy conduce el kirchnerismo es «Tuto», no la transversalidad civilizadora.

  • Paternidad

  • En las últimas horas se exhumaron los antecedentes de ese «militante» caracterizado como «batata» después de su debut televisivo. Su genealogía más lejana remite a Raúl «Benichu» Padró, dirigente de Belgrano enfrentado a muerte con Alberto Iribarne, el ministro de Justicia. Padró es todo menos un pensador de centroizquierda. Su antigua paternidad sobre «Tuto» explica las declaraciones de éste, explicando que había que entrar a los golpes en el Francés «porque estaba la zurda».

    Padró tuvo gravitación extraordinaria en el Concejo Deliberante durante los albores del «grossismo», cuando Juan Carlos Suardi desenfundó un revólver para enfrentar a Jorge Argüello, quien pretendía la presidencia del cuerpo.

    Antecedente lejano de la irrupción de Muhamad en el Francés (algunos graciosos lo llaman con malicia «el Fernández», haciéndose los confundidos), aquella escena se repitió mil veces en la historia reciente del PJ metropolitano.¿O en el 97 Carlos Corach no mandó una tanqueta a la sede del partido para enfrentar a Claudia Bello y sus acólitos, que lo acusaban de fraude?

    El jefe de Gabinete no ignora esta tradición y por eso resulta más frustrante su empeño por superarla. ¿O no era candidato a vicejefe de Gobierno con el mismo Argüello en aquella interna en que estalló el escándalo por la compra de bolsas de comida en la interna de la sección 22? Tiempos en que ellos representaban, junto a Iribarne y Roberto Digón, al duhaldismo porteño.

    Muhamad no es otra cosa que la expresión actual de esa tradición, frente a la que toda la dirigencia del kirchnerismo parece asombrarse. Llegó a las cercanías del Presidente bastante temprano, de la mano de Claudio Ferreño, quien actualmente ejerce en la Jefatura de Gabinete el paradójico cargo de subsecretario de Relaciones Institucionales. «Tuto» orbitó en torno a Ferreño hasta que este dirigente se peleó con Héctor Capaccioli, por entonces secretario de Descentralización de la Municipalidad. En la división de bienes de la sociedad quedó del lado de Cappaccioli, lo que le permitió mantener su despacho en esa Secretaría que ahora conduce el socialista Roy Cortina.

    La adscripción de este «batata» en la Jefatura de Gobierno sobrevivió al propio Aníbal Ibarra e hizo que, según juran en la conducción del PJ, también Jorge Telerman terminara pagando los platos rotos en el Francés: el propio Kirchner se enfureció al suponer que algunas fotos publicadas en revistas del fin de semana le fueron entregadas al periodismo por Cortina, extraídas de los cajones del escritorio del exiliado «Tuto». Acaso no sea Telerman el único candidato afectado, indirectamente, por el estallido del Hospital Francés. Allí la comisión interna mira también hacia Daniel Scioli, investigando los pagos que se hicieron y dejaron de hacer por la deuda que la obra social del Congreso mantiene con la entidad.

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