Hay inquietud en el bloque PJ del Senado, y no es para menos. Aun cuando en el bloque se omite, ex profeso, cualquier debate sobre la reapertura del supuesto caso de sobornos de 2000, sus caciques son conscientes de que el escándalo los salpica.
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Muchos de ellos se preguntan, y no es la primera vez que lo hacen, para qué contrataron, a mediados de 2002, un costoso equipo de especialistas en imagen, encabezados por Héctor Stupenengo, quien desplegó gráficos en Power Point y distribuyó decenas de carpetas, bajo promesa de levantar el perfil del Senado y despegarlo de cualquier noticia o versión negativas.
El staff de filosos prenseros logró sobrevivir al confuso affaire sobre un presunto pedido de dinero a banqueros a cambio de frenar una ley que creaba una (otra más) caja sindical, en este caso, para los bancarios. No fue mérito propio, sino que la causa se cayó por la falta de pruebas y testimonios.
• Hallazgo
Ahora, con la rehabilitación de las denuncias por la ley Flamarique, los actuales senadores esperan algo más que las explicaciones de Stupenengo y Cía., a quienes se les puede atribuir un hallazgo involuntario: haber llevado, otra vez, a la tapa de los diarios el nombre del Honorable Senado de la Nación, aunque lejos de los términos en que habían prometido.
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