16 de diciembre 2004 - 00:00

Washington habló de prensa "deformada"

La página Web OfficeNet, que suele distribuir recortes de prensa de los orígenes más insospechados, informa sobre un panel organizado en el Senado de los Estados Unidos acerca de la libertad de prensa en el continente en el cual se discutió la politización de algunos medios. El debate se centró en el periodista Horacio Verbitsky, su compromiso con el oficialismo y la actitud ante el caso de censura que denunció el periodista Julio Nudler. En ese debate no participó Verbitsky pero sí fue criticado por un colega que recordó cómo lo habían ayudado en el Senado de Washington en los años '90 a Verbitsky cuando denunciaba persecuciones como las que él ahora apaña en sus colegas. Veamos ese relato:

El periodista argentino Horacio Verbitsky estuvo el jueves presente en Washington en una conferencia sobre la libertad de prensa en América latina, pero tal vez no en la forma que él quisiera, o que se ha acostumbrado en el pasado.

Aunque estaba ausente físicamente y no podía escucharlo, Verbitsky recibió una crítica fuerte entre los reunidos por ejercer una especie de periodismo sujeto a compromisos políticos que llegó al extremo de enredarlo en un reciente caso de censura contra otro colega de su propio diario.

La conferencia de marras, que se llevó a cabo en el edificio Dirksen del Senado norteamericano, fue moderado por Michael Shifter, vicepresidente de la poderosa ONG, Diálogo Interamericano, con sede también en Washington.

Estuvieron como panelistas Eduardo Bertoni, un argentino que es el relator para la libertad de expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA); Joel Simon, representante del Comité para la Protección de los Periodistas, y Karin Karlekar, experta en medios de comunicaciones del grupo de los derechos humanos de Freedom House.

Al final de las presentaciones, Martin Edwin Andersen tomó la palabra para preguntar sobre lo que el autor y periodista norteamericano señaló como «una seria deformación profesional del quehacer periodístico», al referirse a algunos comentarios que Verbitsky hizo en otra conferencia --sobre «el nuevo periodismo iberoamericano-»- que fue llevada a cabo en setiembre pasado en la ciudad mexicana de Monterrey.

Andersen resaltó que, según se publicó el 5 de setiembre pasado en el propio periódico de Verbitsky -«Página/12»-, el argentino hizo una encendida defensa de una prensa latinoamericana a la que definió como « partidista y militante». Al mismo tiempo Verbitsky, que durante la década de los '90 acudió con frecuencia a los medios norteamericanos para pedir que defiendan su propia libertad de expresión, atacó «la presunta objetividad y equilibrio de la prensa estadounidense». «Llevado al extremo», embistió Verbitsky, «consiste en escuchar con atención a un judío y un nazi y luego dejar que el público saque sus conclusiones».

• Riesgo

También, Andersen remarcó el importante rol que Verbitsky mismo confesó y es de haber jugado el mes pasado en la censura que «Página/12» impuso a su propio colega Julio Nudler que se aprestaba a publicar una nota donde él había denunciado actos de corrupción en el gobierno de Néstor Kirchner. El evidente «traspaso de Verbitsky de su otrora rol de promover el accountability cívico a un abierto compromiso de activismo político ¿no tiene el efecto de dañar la credibilidad del periodismo en su conjunto?», preguntó Andersen a los panelistas.

Tomando la palabra Joel Simon, del Comité para la Protección de los Periodistas-, señaló que aunque es un derechode libertad de expresión el hacer lo que hizo Verbitsky, al usar el periodismo para dirimir cuestiones partidistas, se corre el riesgo «de corroer el apoyo popular a los medios» al convertirlos como parte de la política común y corriente.

«Si la percepción es que los medios son sólo un actor más en la política», remató Simon, «los pone en una situación de vulnerabilidad con respecto a sus reclamos para poder ejercer la profesión libremente». Karlekar, de Freedom House, agregó que tales actitudes también «hacen un tanto más fácil para un gobierno dispuesto a intentar poner trabas» al ejercicio del periodismo, dado que pueda pintar a los medios como sólo un factor más del poder.

Observadores de larga memoria se acordaron que fue el propio Andersen, cuando miembro profesional del staff del Comité de Relaciones Internacionales hace más de una década, quien «movió sus contactos» dentro del Departamento de Estado norteamericano para tratar de ayudar a Verbitsky cuando éste estuvo «apretado» por el gobierno de Carlos S. Menem a raíz de las denuncias de «Página/12» sobre la corrupción de aquel presidente argentino.

Agregó Andersen después de la conferencia: «Es una lástima que ' Página/12', que cuando se lanzó siempre hizo gala de su carácter pluralista, ahora se mantiene como tal solamente para los que esgrimen la misma opinión».

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