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17 de abril 2002 - 00:00

"Yo no coincido con Remes: hay que hablar de salarios"

Los sindicalistas de la CGT oficial, conocidos como los «gordos», visitaron ayer a Eduardo Duhalde para hablarle de dos aflicciones: quieren que se comience a estudiar un aumento de salarios y que les reconozcan un dólar especial, de $ 2,50, para los pagos de insumos importados que deben hacer sus obras sociales. Ellos mismos, bromeando, ya hablaban ayer del «dólar gordo» o «dólar CGT». Curioso comportamiento el de estos dirigentes: ellos recomendaron hacia el final del gobierno radical la devaluación, a ciegas. Ahora, ante los patéticos efectos de sus consejos, quieren salvarse solos, con un dólar de privilegio. Como siempre.

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No debe sorprender que el camino a seguir que aconsejan los sindicalistas sea tosco: los contertulios de Duhalde de ayer recomendaron, en las postrimerías del gobierno de Fernando de la Rúa, la devaluación de la moneda. A ciegas. Ahora, cuando el peso perdió tres veces su valor, ellos volvieron a la Casa Rosada para pedir que se abra la discusión salarial en el país y que les fijen un dólar especial para los insumos de sus empresas, las obras sociales. Lo quieren en $ 2,50 y lo llamaban ayer, con sorna, el «dólar gordo».

Duhalde escuchó las propuestas y se confesó así: «Yo coincido con todo lo que ustedes piden. También creo que hay que darles plata barata a las PyMEs, que hay que hacer viviendas e inclusive emitir un poco más para reactivar la economía. Pero me tienen que dar tiempo porque antes debe arreglarse con el Fondo. Sin eso no podemos seguir». El Presidente que dijo esa frase es el mismo que repite a menudo: «Estamos así porque afuera no nos creen, los hemos engañado mucho».



Duhalde adhirió de nuevo: «Yo estoy de acuerdo, ¿cómo no se va a hablar del salario si se está degradando? No coincido con el ministro de Economía que dice que de eso no hay que hablar; además, ustedes son actores sociales que se dedican a eso».

Atanasof se entusiasmó y sugirió que «las paritarias están abiertas y todo se puede discutir entre patrones y empleados». Hasta los más desenfrenados de la mesa sindical creyeron que el consejo era temerario. Por eso le sugirieron a Duhalde: «Si nosotros lanzamos todas las paritarias, vamos de cabeza a la hiperinflación porque es también una invitación a aumentar los precios. Necesitamos que el Estado intervenga en el problema y le dé a la discusión un marco de racionalidad, un límite. Por ejemplo, que los aumentos salariales sean a cuenta del IVA que pagan las empresas».

Duhalde miró hacia el secretario general, Aníbal Fernández (ex ministro de Trabajo de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires), quien recitó de memoria todos los antecedentes del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Todos quedaron en que se convocaría a ese organismo, que presidirá el segundo de Trabajo, Carlos Tomada.

«Tiene que ser después del 15 de mayo, que es cuando vamos a acordar con el Fondo. Si es que acordamos porque si no tenemos que pelearnos y sentarnos sobre otro programa», dijo Duhalde, más inquietante todavía. Eduardo Amadeo, que estaba sentado en el fondo de la sala, se alejó meneando la cabeza.



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