8 de marzo 2001 - 00:00

Asumió Sharon y ofreció la paz a los palestinos

Jerusalén - «La mano del país está extendida en señal de paz hacia los palestinos», dijo ayer Ariel Sharon al jurar como primer ministro de Israel. «Si existe voluntad de ambas partes, creo que podemos tomar un desvío de la senda de sangre en la que estamos marchando», dijo y agregó: «Sostendremos negociaciones con los palestinos para alcanzar acuerdos políticos, pero no bajo la presión del terror y la violencia».

Un mes después de su abrumador triunfo frente a Ehud Barak, Sharon presentó ante la Knesset (parlamento) un gobierno conformado por 26 ministros y 13 viceministros, el más numeroso de la historia del país, formado tras la alianza de siete partidos que van desde la centroizquierda al ultranacionalismo.

Inmediatamente después de que prestara juramento, la Casa Blanca anunció que el nuevo líder israelí visitaría al presidente estadounidense George W. Bush el 20 de marzo. Además, en un gesto al nuevo premier, el secretario de Estado, Colin Powell, aunque no precisó fechas, ratificó la promesa de campaña de Bush de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, considerando que esta ciudad es la capital de Israel.

Adhesión

La coalición de gobierno agrupa al menos 73 escaños de un total de los 120 asientos en la Knesset. Sharon es el quinto primer ministro que rige en Israel en los últimos seis años. En el ala izquierda del gobierno de unidad nacional se encuentra Shimon Peres, laureado con el Premio Nobel de la paz por su participación en la iniciativa de paz con los palestinos, el acuerdo de Oslo. Peres, como nuevo ministro de Relaciones Exteriores, dijo que el gobierno de unidad se adherirá al principio de territorios a cambio de paz.

El mayor reto de la nueva administración es hallar una solución a los cinco meses de Intifada palestina y a la creciente ola de terrorismo. Durante el fin de semana, la organización integrista palestina Hamas había emitido un comunicado asegurando que diez mártires suicidas estaban dispuestos a atentar en el centro de Israel, por lo que durante la jura del nuevo gobierno, el ejército desplegó un impresionante dispositivo de seguridad. El primero de los palestinos actuó el domingo pasado en la ciudad de Natanya, causando la muerte a tres israelíes. Durante la noche del martes, una explosión menor sacudió un camión de basura en Jerusalén, sin causar heridos.

Ariel Sharon, quien fue electo ante el fracaso del gobierno de Barak en poner fin a la rebelión palestina, podría decepcionar a muchos de sus votantes más entusiastas de la derecha. En su discurso de apertura, no hizo promesas. Aseguró que no creará nuevos asentamientos judíos en los territorios y, a la vez, no prometió que no se desmantelarían algunos de ellos. Habló de la importancia de Jerusalén como capital eterna del pueblo judío, pero, apartándose del texto escrito de su discurso, omitió decir que seguiría «unificada bajo soberanía israelí».

Por ahora, los palestinos reaccionan fríamente ante el nuevo gobierno israelí. «No esperamos muchos avances en el proceso de paz, y no albergo esperanza alguna para este gobierno», dijo
Hanan Ashrawi, una prominente dirigente palestina.

El portavoz de
Yasser Arafat, Nabil Aburdeneh, dijo que «el nuevo gobierno israelí debe decidir si continuar con la política de negociaciones o en la reciente política de bloqueos, clausura de los territorios y escalada de violencia».

Ariel Sharon, figura que despierta un fuerte rechazo en el mundo árabe, nunca estrechó la mano de Arafat. Acusa al líder palestino de incitar a su pueblo a la violencia y lo responsabiliza por el terrorismo, al sacar de las cárceles a los factores más extremistas. Sharon se opuso consistentemente a grandes concesiones israelíes a los palestinos, y ahora afirma que lo máximo a lo que aspira es el alcance de un acuerdo temporario a largo plazo, considerando que la paz total podría demorarse una generación más.

Por otra parte, el Parlamento votó ayer en favor de la abolición la elección directa del primer ministro, una medida que contribuiría a dar estabilidad a la nueva administración hasta la próxima elección, prevista para 2003. El premier será elegido basándose en el partido que obtenga la mayor cantidad de bancas en la Knesset, a diferencia de lo que establecía la ley de 1996. La nueva medida podría ayudar a consolidar el bipartidismo entre el Laborismo y el Likud, evitando la inestabilidad política de los últimos años.

Dejá tu comentario