Para algunos cuando el mercado norteamericano cierra, se acaba el mundo. Son los mismos que sólo saben escuchar a Alan Greenspan y que creen que la globalización es un camino de una sola vía que deriva "sí o sí" en la destrucción de todos los mercados locales para terminar en un orweliano "Mercado Mayor", que todo lo ve y todo lo sabe, con sede en alguna oficina de Wall Street.
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Tal vez éste sea el futuro, pero si es así, lo menos que se puede decir es que será increíblemente aburrido. Mientras tanto la realidad del hoy demuestra tener miles de facetas, la mayoría complicadas. Por ejemplo, mientras en Rusia despiden a la gente del FMI sin haber llegado a ningún acuerdo y la Bolsa rusa (así como los títulos de deuda), ganando cerca de 5% en dólares, es una de las que más suben en lo que va de este duro 2000, en el extremo sur de América, la República Argentina que está pronta a renegociar una vez más con la gente del Fondo, ve a su mercado en el pelotón de las que más caen, perdiendo cerca de 20%. Que pasan cosas que habitualmente no vemos (por eso es buena una rueda de descanso como la de ayer) lo demuestran también los países islámicos, que están a punto de lanzar el primer mercado monetario que sigue las leyes de la Shariah (entre otras cosas, no se puede cobrar intereses). Antes de pensar que esto es el resultado de algún soñador, hay que considerar que ya se han anotado 53 países para integrar este nuevo sistema el cual se espera movilice unos u$s 150 millones por día. Y ya que hablamos de la Argentina, conviene también tener en cuenta lo que pasa en Turquía, de alguna manera el hermano gemelo en esto de los problemas y la búsqueda de alternativas para frenar el derrumbe de sus títulos y la suba de tasas locales. Si dos países generan intranquilidad hoy entre los especialistas en mercados emergentes estos son la Argentina y Turquía (a Perú se lo ve fortalecido con el cambio de gobierno, y de todas maneras su deuda es mucho más reducida). Para quienes miran sólo al NASDAQ viene bien ver qué ocurre con el más exitoso mercado europeo, el Neuer Markt, exitoso no tanto por la suba de precios, que en lo que va del año retrocedieron más de 60% desde los picos de marzo, sino por la capacidad de atraer empresas y lo que es más importante inversores (pero aquí es más claro que el temor es a una economía en descenso). En Japón, donde a pesar de ganar un voto de confianza el miércoles pasado, se le ve futuro apenas hasta febrero al primer ministro Yoshiro Mori, golpeado por un Nikkei en el mínimo de los últimos 20 meses y un yen que ya se negocia encima de la línea de 110 por dólar. Como decía la abuela, "en todas partes se cuecen habas".
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