23 de abril 2001 - 00:00

Cavallo, tras los pasos de Pellegrini

Domingo Cavallo le anunció el sábado a un grupo de banqueros el envío de un proyecto de ley de crédito público al congreso, que ya estaría negociando con los gobernadores, para garantizar a los bonos de la deuda pública con el producto de la recaudación impositiva. Un pedido similar le fue rechazado al ministro cuando hace dos semanas el Congreso debatió los poderes especiales por un año, aunque esta vez reiteraría su intención, pero no por una delegación de facultades sino una ley especial. El nuevo intento de Cavallo para garantizar los bonos de la deuda en medio de rumores internacionales que no cesan sobre un posible default argentino comenzó el sábado durante un encuentro con las cabezas de los principales bancos nacionales y extranjeros para calmar el ánimo de los mercados. Los banqueros presentes le atribuyeron a Cavallo una explicación histórica sobre los antecedentes de la nueva ley de crédito público, recordando que Nicolás Avellaneda hizo sancionar una ley similar durante su presidencia. Más preciso sería fijar el ejemplo en el primer mandato de Julio A. Roca, cuando Carlos Pellegrini en 1885, como ministro de Guerra y Marina, negoció un empréstito por $ 42 millones garantizado con la recaudación de la Aduana. Puede ser que el ministro haya confundido este hecho con la segunda presidencia de Roca cuando otro Avellaneda, Marco, ejerció como ministro de Economía.

Pero el ejemplo de Nicolás Avellaneda más que una referencia histórica pudo haber salido un acto fallido de Cavallo.

Cuando mediaba su presidencia, el ejercicio fiscal de 1874 cerró con un déficit impresionante: sólo existían $ 16 millones de ingresos para cubrir un gasto de $ 30 millones. El país se debatía en una crisis económico-financiera de proporciones. Se hicieron esfuerzos para contener el gasto, pero la recaudación caía y no se conseguía el equilibrio: los gastos se bajaron a $ 19 millones, pero la recaudación cayó a $ 13 millones, y el gobierno se lanzó a una reducción de los empleados públicos.

En la economía real las quiebras se multiplicaban y los pasivos incobrables llegaron a trepar a 10 millones de libras
.

Los rumores de dificultades del Estado para hacer frente a sus compromisos aumenta y «para pagar en oro a los tenedores de bonos el gobierno agota su existencia en la cuenta del Banco Provincia», según relatan los historiadores.

En ese momento se pide ayuda al gobierno británico y Avellaneda exige la renuncia de Cortínez, ministro de Economía. En su lugar se ofrece el puesto a Lucas González, cónsul argentino en Londres, que se hace cargo del puesto en octubre.

La prioridad que fija es mantener el crédito y las buenas relaciones con la ya exigente City porteña.
narias con un discurso de guerra:
«Hay dos millones de argentinos que ahorrarán hasta sobre su hambre y sobre su sed para responder a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros».

Junto con esa definición reduce 25% más los sueldos y pensiones, suspende obras públicas, no paga a los acreedores internos y se atrasa 6 meses con los sueldos de los empleados.
Sólo se salvó el Ejército que ocupaba la nueva línea de frontera con el indio, el ferrocarril a Tucumán y los acreedores extranjeros. De un Presupuesto Nacional de $ 30 millones se baja a uno que sólo contempla $ 8,5 millones para gasto interno y $ 8,5 millones para servicio de la deuda.

La recesión se instala en las calles: los inmigrantes italianos piden volver a su país, desengañados del sueño americano, aumentan las quiebras y la calle Florida mostraba el desolador panorama de ver casi todas sus tiendas cerradas.

El poco oro que quedaba en los bancos -regía en ese momento la convertibilidad del peso con ese metal-se acaba. El ministro González acusa enfermedad y pide licencia. El 10 de mayo el gobernador bonaerense Casares le comunica a Avellaneda que se terminó el oro depositado en el Provincia, «que ya no puede hacer frente a la corrida de quienes quieren convertir en oro sus papeles».
El día 14 de mayo cierra la oficina de conversión: el peso argentino cae al suelo y las tasas trepan a 15% mensual. La paridad de nuestros títulos en Londres baja a 30. Así el gobierno apeló a derogar la convertibilidad del peso como única manera de poder responder a una corrida que no pudo contener.

Distinto fue el segundo ejemplo histórico, quizás más ajustado a la ley que ahora promueve Cavallo.
Fue el caso de Pellegrini que consiguió, en una sesión secreta y tumultuosa del Congreso, aprobar la Ley 1737, el 21 de octubre de 1885, una garantía de los ingresos de la Aduana para un empréstito por $ 42 millones en libras y francos para hacer frente a la deuda pública y obras pendientes de terminación. El mercado en ese momento estaba durísimo, pero no había dudas sobre la capacidad de pago de la Argentina. Un sindicato de bancos liderados por Morgan y Baring, accedió a dar el préstamo. «Quiero decir que estamos atados, que nos encontramos con el Tesoro agobiado por las deudas, con un mercado monetario que necesita un refuerzo en oro y amarrados a contratos irrealizables», dijo en esa sesión el diputado Adolfo Dávila, algo que muy parecido podría escucharse en boca de Baglini dentro de pocas semanas.

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