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Cavallo, tras los pasos de Pellegrini
En la economía real las quiebras se multiplicaban y los pasivos incobrables llegaron a trepar a 10 millones de libras.
narias con un discurso de guerra: «Hay dos millones de argentinos que ahorrarán hasta sobre su hambre y sobre su sed para responder a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros».
Junto con esa definición reduce 25% más los sueldos y pensiones, suspende obras públicas, no paga a los acreedores internos y se atrasa 6 meses con los sueldos de los empleados. Sólo se salvó el Ejército que ocupaba la nueva línea de frontera con el indio, el ferrocarril a Tucumán y los acreedores extranjeros. De un Presupuesto Nacional de $ 30 millones se baja a uno que sólo contempla $ 8,5 millones para gasto interno y $ 8,5 millones para servicio de la deuda.
La recesión se instala en las calles: los inmigrantes italianos piden volver a su país, desengañados del sueño americano, aumentan las quiebras y la calle Florida mostraba el desolador panorama de ver casi todas sus tiendas cerradas.
El poco oro que quedaba en los bancos -regía en ese momento la convertibilidad del peso con ese metal-se acaba. El ministro González acusa enfermedad y pide licencia. El 10 de mayo el gobernador bonaerense Casares le comunica a Avellaneda que se terminó el oro depositado en el Provincia, «que ya no puede hacer frente a la corrida de quienes quieren convertir en oro sus papeles». El día 14 de mayo cierra la oficina de conversión: el peso argentino cae al suelo y las tasas trepan a 15% mensual. La paridad de nuestros títulos en Londres baja a 30. Así el gobierno apeló a derogar la convertibilidad del peso como única manera de poder responder a una corrida que no pudo contener.
Distinto fue el segundo ejemplo histórico, quizás más ajustado a la ley que ahora promueve Cavallo. Fue el caso de Pellegrini que consiguió, en una sesión secreta y tumultuosa del Congreso, aprobar la Ley 1737, el 21 de octubre de 1885, una garantía de los ingresos de la Aduana para un empréstito por $ 42 millones en libras y francos para hacer frente a la deuda pública y obras pendientes de terminación. El mercado en ese momento estaba durísimo, pero no había dudas sobre la capacidad de pago de la Argentina. Un sindicato de bancos liderados por Morgan y Baring, accedió a dar el préstamo. «Quiero decir que estamos atados, que nos encontramos con el Tesoro agobiado por las deudas, con un mercado monetario que necesita un refuerzo en oro y amarrados a contratos irrealizables», dijo en esa sesión el diputado Adolfo Dávila, algo que muy parecido podría escucharse en boca de Baglini dentro de pocas semanas.


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