El viaje de Domingo Cavallo y Adalberto Rodríguez Giavarini, ayer, a Brasil, no sólo tendrá consecuencias sobre el diseño del Mercosur. También será utilizado por el ministro de Economía para que el Tesoro de los Estados Unidos se muestre receptivo ante el nuevo pedido de fondos que gestiona la Argentina para afrontar sus vencimientos más urgentes de deuda pública. En efecto, Cavallo se servirá del temor brasileño ante un default de la Argentina para que Timothy O'Neill comprenda que una situación de esa naturaleza comprometerá también al país vecino. Por eso para el nuevo ministro será decisivo que durante el desayuno de hoy se acepte su planteo sin demasiada resistencia, lo que dará una medida de la angustia que, por el trance argentino, ha ganado al gobierno de Fernando Henrique Cardoso.
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Tanto Cavallo como Giavarini supieron bien temprano el temperamento con que el gobierno de Brasil tomaría la decisión de aumentar aranceles para bienes de consumo y de bajar los dedicados a bienes de capital. No sólo hablaron, cada uno por su lado, con un amplio grupo de funcionarios de ese país, contactos entre los que debe destacarse una larga conversación del ministro de Economía con su colega Pedro Malan. Ya el miércoles por la noche Malan, el canciller Celso Lafer y el ministro de Desarrollo, Alcides Tapias, emitieron un comunicado sumamente comprensivo sobre la crisis argentina. Allí dijeron, oficialmente, que «Brasil no se opone a las medidas de naturaleza comercial que el gobierno argentino consideró necesario tomar para enfrentar la presente situación. Brasil entiende que excepcionalidades como la postulada respecto de la política tarifaria del Mercosur deben ser examinadas a la luz de los objetivos del proyecto de integración regional, de los intereses de todos los socios y de las estrategias de los gobiernos para encontrar los caminos que mejor respondan a las circunstancias que se presentan».
Esta definición, que por anticipado concede lo que se va a pedir, merece ser analizada en sus causas y en sus consecuencias:
En principio, los ministros de Cardoso están sumamente inquietos con el efecto de contagio que pueda tener la crisis argentina sobre el sector externo de Brasil. Malan prefirió no hablar en las últimas horas sobre el tema, por miedo a provocar brisas negativas. Arminio Fraga, el presidente del banco central, se inquietó sobremanera cuando advirtió que el miércoles aparecían dificultades con la colocación de un bono por 300 millones de dólares. El dato comenzó a generar la sensación de que una caída de la Argentina arrastraría también a Brasil. Sobre la situación del gobierno argentino y las intenciones de Cavallo los funcionarios de Brasilia tuvieron ayer la mejor información: Sebastiao do Rego Barros está en esa capital desde la mañana, con la excusa de una reunión de viceministros de Exteriores que se realiza allí.
Si los ministros que hoy tomarán juntos el desayuno plantearán algunas limitaciones es por la necesidad de no desatar lobbies contra la propia gestión Cardoso. Es el costado más negativo de la demanda de Cavallo de salir de la unión aduanera para ir a una zona de libre comercio: las empresas que exportan bienes de capital hacia la Argentina se verán afectadas por tener que pelear ese mercado con competidoras de otros países que también tendrán arancel cero. Y las que exporten bienes de consumo (textiles, zapatos, etc.) deberán resistir el cierre de la economía que el nuevo ministro argentino pretende en esos rubros.
Una consecuencia indirecta del planteo de Cavallo sobre Brasil es que reanimará un debate sofocado por la necesidad de mantener el Mercosur. Tanto la poderosa Federación de Industriales del Estado de San Pablo (FIESP) como un ala del gobierno de Cardoso (que se expresa sobre todo en José Serra, precandidato a presidente) aprovecharán la suspensión del arancel externo común para reclamar que también en el propio país se eleven algunas tasas de importación.
Hay otro efecto de esta negociación, que si no se festeja por lo menos se ve con cierta simpatía en Brasil. La presencia de una Argentina con cotas superiores de proteccionismo aproximará más a los dos países en la futura negociación del ALCA frente a los Estados Unidos. Porque si Buenos Aires dio un paso hacia atrás en el Mercosur, dio varios pasos más en la misma dirección en relación con el ALCA, sobre todo por el aumento de tasa para el ingreso de bienes de consumo.
La conversación de hoy por la mañana servirá también para que Cavallo escuche los reparos de la administración brasileña sobre el impuesto al cheque, que tan buenos servicios prestó a Malan cuando debió hacer ajustes fiscales drásticos como los de 1998. Sin embargo, el ministro de Hacienda de Cardoso, como muchos otros economistas del país, reprocha a ese gravamen su efecto cascada sobre toda la economía: se debe a la sencilla razón de que se aplica sobre operaciones de pago en toda la cadena productiva, aumentando innecesariamente los costos. Una ironía, claro, que un tributo de esa naturaleza sea sancionado en una ley que se denomina «de competitividad».
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