29 de enero 2003 - 00:00

Denuncian desvío de fondos del Riachuelo para planes sociales

El Riachuelo tiene la longitud de un río, la forma de un río y lleva el nombre de un río. Pero no tiene olor a río, ni tiene el aspecto de un río. Ni siquiera tiene peces. No es fuente de esparcimiento para los habitantes de su ribera, ni es navegable. Y, lo que es peor, no tiene agua, es decir: ese líquido transparente, insípido, inodoro e incoloro compuesto por dos partes de hidrógeno y una de oxígeno.

Navegar por el Riachuelo es como adentrarse en el intestino de una ciudad. Sus aguas bajan macabramente contaminadas y negras, repletas de bacterias y burbujas de gases venenosos a lo largo de 64 kilómetros. El fantasma de la muerte se cierne sobre 5 millones de personas que viven sobre la cuenca Matanza-Riachuelo, conformada por 11 municipios de la provincia de Buenos Aires.

De los 250 millones de dólares
que el BID tenía dispuestos para las obras de saneamiento, hoy sólo quedan 93 millones. Porque, de la suma original, 150 millones fueron inconsultamente desviados por el gobierno de Eduardo Duhalde a «planes sociales». Con mayor precisión, al área que comanda Chiche Duhalde, esposa del Presidente.

Solamente fueron destinados a esta contaminada cuenca 7 millones de dólares, de los cuales sólo un millón se gastó en obras y en cancelar estudios de consultorías. El resto, es decir 6 millones de dólares, fue utilizado para pagar tasas de compromiso, lo que equivale a decir multas por no usar el préstamo.

• Bomba de tiempo

Para este año, el presupuesto nacional tiene programados 5 millones de pesos para paliar semejante degradación ambiental, fuente de infinitas enfermedades, inseguridad creciente y atraso socioeconómico. Hoy el Riachuelo es sinónimo de muerte silenciosa. Una bomba de tiempo ambiental.

• Provoca el doble de mortandad de niños de los partidos de la cuenca en la provincia de Buenos Aires, respecto de la Ciudad de Buenos Aires. Aun así, y trágicamente, no existen estudios oficiales sobre la salud de los habitantes en relación con el letal río.

«Hasta el agua del pozo está contaminada por las filtraciones que comunican el Riachuelo con las napas freáticas y por los millones de pozos ciegos que imperan en la zona, lo que acentúa el riesgo de graves enfermedades»,
dice Alfredo Alberti, presidente de la Asociación de Vecinos de La Boca, a Ambito Financiero.

Este desastre ecológico, patética cloaca a cielo abierto con pútridas aguas, degrada 2.300 km² que lo entornan (11 veces la superficie de la Capital Federal), troncha vidas, contraría las normas de salud pública y desvirtúa las más elementales normas urbanísticas con un epicentro como es La Boca, designado «lugar turístico de interés general». Desde el 4 de enero de 1993, cuando la entonces secretaria de Recursos Naturales, María Julia Alsogaray, se comprometió a limpiar el Riachuelo en 1.000 días, han pasado infinidades de promesas. Todo sigue igual.

«La conclusión más suave a la que pudimos arribar es que los funcionarios juegan al distraído, que prefieren suponer que no les compete, que aprendieron a conjugar sólo el verbo 'zafar', y que sólo fingen sensibilidad en épocas preelectorales»
, apunta Alberti.

Entre la desidia política y las internas entre Nación-provincia de Buenos Aires-Ciudad de Buenos Aires, se desliza la aguda sospecha de malversación de caudales públicos con impunidades persistentes y silencios cómplices.

La lentitud y la ineptitud con la que se manejan algunos funcionarios para dar respuestas a un problema que cumplió
120 años y que acumuló 150 proyectos sobre saneamientos contrasta con la velocidad con la que se desplazan el pestilente olor del Riachuelo, cuyos vapores manejados por los vientos llegan hasta las mismas vías respiratorias de los habitantes del lugar, produciendo graves dolencias, incluso cáncer.

Hoy, y gracias a la recesión,
el río recibe 25% desde efluentes industriales y 75% desde efluentes cloacales. Se presume que no son más de 100 las industrias, asentadas a la vera, responsables de la contaminación de 80% del río. Si ocurriese la anhelada reactivación industrial, el mencionado 25% se podría elevar a 60%.

El Riachuelo desemboca en el Río de la Plata, muy cerca de donde Aguas Argentinas tiene una importante toma de agua para potabilizar.
¿Puede un río ser «cloaca y bebedero» a la vez?, se preguntan los habitantes de La Boca.

«Es como si alguien hiciera desembocar la cloaca en su pileta y después de sacar un balde de esa misma agua, con un tratamiento de cloro, se lo diera de beber a sus hijos. Nuestro río nos horroriza, ya no sirve para alimentar, ni para recrear, entretener o refrescar a quienes habitan en sus orillas, sólo sirve para envenenarlos»
, sostienen.

Los datos son elocuentes:

• El 55% de los habitantes de la cuenca carece de cloacas y 35% no posee agua potable.

• Existen 42 basurales a cielo abierto y no se recogen los residuos en 13 asentamientos precarios que crecieron incontrolablemente a orillas del curso inferior del Riachuelo.

• Todavía permanecen hundidos 17 cascos y otros 67 se encuentran amarrados en la costa, afrontando el impiadoso paso del tiempo.

El temor es que la historia se repita. Pero, con una gravedad aun mayor que la epidemia de cólera en 1867 o las 16.000 vidas que se cobró el Riachuelo en 1871 con la epidemia de fiebre amarilla.

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