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El gobierno juega todo en la 3a. oportunidad en quince meses
1) Combate al déficit fiscal
2) Investment grade
3) Crecimiento
A partir de este estrepitoso fracaso de los objetivos planteados a la ciudadanía, se produjo el blindaje. Esa especialísima cobertura que fue vendida como un logro y conseguida precisamente por haber recuperado un lugar en el mundo durante la década del gobierno justicialista. Pero eso no fue un logro sino un salvataje financiero porque caíamos en default. Sin embargo, con esta capacidad autodestructiva que tiene la Alianza gobernante logró algo impensable: fagocitar el efecto positivo de este blindaje en menos de un mes.
Ante esta «verdadera emergencia fiscal», el Congreso ha tenido que votar un nuevo impuesto. Cavallo presentó esta iniciativa como un proyecto procompetitivo y así alegró a muchos argentinos, mejorando las expectativas. Pero los mercados todavía desconfían y resulta que el riesgo-país hoy no baja de un nivel alto que hace imposible el acceso a los mercados voluntarios de crédito. Otro dato a tener en cuenta es la caída de reservas líquidas en 4.000 millones, causada principalmente por la incertidumbre política y la falta de credibilidad.
A mi juicio, este impuesto a débitos y créditos en cuentas corrientes es otro impuestazo. Con la alícuota fijada en 0,25% se piensa recaudar entre $ 3.500 y 4.000 millones, esto equivale a 1,5% del PBI. Es decir, se transfiere al Estado 1,5% de todo lo que produce el sector privado, una cifra mayor a la que se planteó en el primer impuestazo.
Hay que poner en claro que el efecto directo de este impuesto en sí no es procompetitivo sino recesivo y distorsivo. Estos son recursos que directamente se sacan de la economía privada argentina (así como la reducción de sueldos afecta al consumo) y pasan a las arcas del Estado para tapar el agujero fiscal.
Sin embargo, el nuevo ministro ha debido tomar esta solución de urgencia (ojalá temporaria) para superar la situación de insolvencia que hace inviable el crecimiento y el futuro de la Argentina. En este sentido, indirectamente, por la mejora del frente fiscal es que el nuevo impuesto puede ayudar a crecer. También puede usarse para eliminar otros impuestos.
Sólo trece justicialistas votamos esta ley en Diputados, en el entendimiento de la emergencia y de que no les podemos negar a los argentinos una nueva cuota de esperanza que sin duda ha llegado con Cavallo. Su redesignación como ministro de Economía representa un reconocimiento inequívoco del carácter irreversible de las transformaciones estructurales de la década del '90, concretadas por el peronismo (el Modelo), que son el punto de partida para las múltiples transformaciones que aún faltan realizar en nuestra Nación.
Ya votamos por la tercera oportunidad para De la Rúa. Ojalá resulte.

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