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El presidente Bush se sigue acercando hacia el "fast track"
Ahora el proyecto ha pasado al Senado donde, aunque la tarea tampoco será fácil, se anticipan menos dificultades. Es probable que allí la votación se postergue para después de fin de año. Pese al empeño del Ejecutivo por despejar la cuestión.
El episodio de la Cámara baja, cabe destacar, tuvo su costo. Elevado. Por una parte, para lograr los votos, la administración del presidente Bush, debió comprometerse a privilegiar al sector del acero, asegurándole una protección tarifaria de 40% para los próximos cuatro años. Por la otra, debió recortar beneficios comerciales ya concedidos en favor de los países del Caribe y del Africa subsahariana, en materia textil. Además, debió asumir un compromiso altamente peligroso: el de proteger a los productores de naranjas del estado de la Florida (cuándo no) contra las importaciones de ese producto originarias del Brasil. Como antecedente, complicado. Mañana puede tocarle a cualquier otro producto.
Mientras tanto, en paralelo, el Senado sigue como si no pasara nada, discutiendo el nuevo «Farm Bill» para la próxima década. Contiene subsidios de unos 171 billones de dólares, que permitirán a los productores norteamericanos seguir viviendo maravillosamente bien, más allá del clima y los mercados, con un ingreso total conformado en 50% por subsidios directos. Increíble muestra de proteccionismo. Se trata de un proyecto de los demócratas, liderados por el senador Tom Harkin, de Iowa, que está en línea con el enfoque también proteccionista de la Cámara baja, que ya votó una iniciativa parecida.
• Guerra
Pese a todo, los Estados Unidos se han embarcado en una verdadera «guerra de los tomates» con su socio del NAFTA, Canadá, que provee 43% de los tomates consumidos por los norteamericanos. Y, después de meses de delicadas negociaciones para corregir una flagrante arbitrariedad, el Senado ha puesto las cosas en su lugar al autorizar -finalmente a los camiones mexicanos (su otro socio del NAFTA) a transportar carga en los Estados Unidos. Aunque sólo luego de ser «verificados», en materia de seguridad, antes de poder entrar en su territorio.
Por cierto que nada es fácil en el sector comercial. Más allá de los discursos, promesas y retórica. Pero cabe seguir de cerca lo que allí ocurre. Bueno y malo.
(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.


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