12 de diciembre 2001 - 00:00

La dolarización es todavía la salida pero si se decide pronto

En una nota de opinión titulada «Dolarización, un arma para crecer» publicada en Ambito Financiero en agosto de 2000 decíamos que «en el corto plazo, para la Argentina se puede convertir en una formidable arma para crecer, con todos los beneficios que esto significa: más riqueza para distribuir, menos desempleo, menos pobreza». La dolarización debe ser considerada y estudiada como una alternativa. El gobierno debe tratar el proyecto seriamente, sin politiquería, y si se concluye que es una buena salida, el presidente De la Rúa, debería poner la audacia y el liderazgo indispensables para lograrlo. Por supuesto que debería hacerse sin devaluar antes y a tiempo, sin esperar a estar ante una crisis de confianza. Puede ser, como fue la convertibilidad, una verdadera palanca para mejorar la vida de los argentinos y engrandecer la Nación. Esa es la verdadera soberanía: en este artículo enumeraba también las ventajas que tiene la adopción de la dolarización:

1- Eliminar el riesgo de devaluación, lo que consolida la estabilidad y baja el riesgo-país.

2- Bajar las tasas de interés internas y externas, lo cual produce un ahorro directo por intereses de la deuda pública e incentiva el crecimiento de la economía real con el aumento del crédito. Se mejoraría la injusta diferencia entre grandes empresas, que se financian en el extranjero, y PyMEs. Si por los efectos de esta medida logramos el Investement Grade, el Estado ahorraría $ 3.600 millones por año en intereses, con lo que estaría más cerca de eliminar el déficit.

3- Incentivar fuertemente el comercio con los países que participen en la unión monetaria, inicialmente los Estados Unidos y eventualmente Canadá, México y otros.

4- Atraer capitales, indispensables para crecer, ya que el ahorro de los argentinos es todavía insuficiente para financiar altas tasas de crecimiento. En la última década crecimos 60%, pero con una inversión externa directa de u$s 129.000 millones. Hoy, sin privatizaciones, es necesario competir por las inversiones y la tranquilidad puede colaborar mucho.

5- Eliminar el riesgo de la baja de los sueldos de los trabajadores vía devaluación. Evitar el riesgo de que haya, como ya hubo tantas veces, una moneda para ricos, el dólar y una moneda para pobres, la devaluada.

6- Mejorar el problema fiscal mediante los ingresos genuinos que se obtendrían por mayor crecimiento e incremento del intercambio comercial.

Desde entonces el gobierno sometió al país y al pueblo a sucesivos desaciertos políticos y económicos: desde la lucha intestina de la coalición que terminó en la irresponsable renuncia de Chacho Alvarez hasta el boicot sistemático de Alfonsín-Carrió a todas las propuestas económicas; falta de rumbo, impuestazo, falso discurso de la herencia recibida, ajuste sin reforma, aumento del déficit, violación de la ley de solvencia fiscal, equivocada decisión de vulnerar la convertibilidad, factor de empalme, megacanje muy oneroso, planes de competitividad por sectores, con mucha discrecionalidad y carísimos para el fisco ($ 3.000 millones), estatización de la deuda privada, capitalización de deudas fiscales y por último la reestructuración de la deuda que por más que tenga consenso, tiene también pésimas consecuencias que están a la vista.

A pesar de este activismo desembocamos en la afectación de los derechos de propiedad en el sistema financiero (último bastión) y control de cambios. El túnel del tiempo. En dos años el presidente De la Rúa nos ha retrotraído a los '80. Otra vez la Muralla China alrededor del país, el aislamiento, que resultará costosísimo a la hora de recuperar inversiones o volver a los mercados voluntarios de crédito. ¡En la era de la globalización...!

Lo peor de todo es que no debería ser así, se podría haber evitado. La Argentina después de un '99 recesivo, se estaba recuperando en el 4º trimestre y todos esperaban un efecto rebote apoyado en la cuota de esperanza que tiene todo gobierno cuando empieza. El riesgo-país estaba en menos de 500 puntos. Cuando en el año 2000, la economía ya estaba en problemas, era el momento de buscar una solución audaz que produjera un shock que cambiara las expectativas y abriera un nuevo horizonte, la dolarización.

Ya el Dr. Carlos Menem, que no por nada supo gobernar este país difícil con armonía, en paz y concretando fuertes y necesarias reformas, había señalado que ése era el camino. En cambio, se prefirió irresponsablemente tratar el tema con gran egoísmo y partidismo; desechándolo sólo porque venía de Menem.

Ahora, nos presentan la dolarización como una protección de los ahorros. Después de perder el crédito y más de la mitad de las reservas (u$s 18.000 millones) y en medio de una corrida bancaria. Llegamos a esto por el imperio de las circunstancias, igual que al déficit cero. No era ésta la dolarización que proponíamos, sino un Acuerdo de Unión Monetaria con los Estados Unidos (al estilo de la Unión Europea) en el que ellos asumieran parte importante del costo del señoreaje (intereses por las reservas).

A pesar de las diferencias de oportunidad para la dolarización, ésta sigue siendo la opción correcta para proteger la estabilidad y con ella el valor de sueldos, jubilaciones, ahorros y activos. Se terminaría el miedo a gastar o invertir previendo una devaluación.

Devaluar, que es la otra opción significaría además, perder la poca credibilidad que nos queda como país y no resolvería nuestros problemas de crecimiento porque para los argentinos es el dólar y no el peso la unidad de cuenta, como ya quedó demostrado en estos días y seguramente la economía ajustaría sus precios en base a la nueva paridad generando inflación. No debe pensarse sin embargo que la dolarización es una panacea. Se trata de un instrumento que va a dar resultado sólo en el marco de un programa económico creíble y políticamente sustentable acerca del cual nadie debe hacerse el distraído porque está en juego el éxito o el fracaso del país para los próximos años. Además la dolarización debe ser la puerta para el Nafta o el ALCA. Un verdadero proyecto estratégico para la Nación...

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