27 de marzo 2001 - 00:00

Si Menem "dolariza", Cavallo ahora se inclina por "eurizar"

Desde ayer, Ricardo Lafferrière, el embajador argentino en España, se ha consagrado como el hombre con mayor capacidad de anticipación de la Alianza: desde hace tres meses había organizado, junto con Repsol YPF, la conferencia «Argentina frente al nuevo milenio» a cargo de Domingo Cavallo. El acto fue, obviamente, un éxito aunque la concurrencia no se mostrara tan interesada con el destino del país durante «el nuevo milenio» como con lo que suceda durante la próxima semana, ahora que es ministro de Economía.

Cavallo llegó a Madrid temprano y se alojó en la residencia de Lafferrière. El embajador es un dirigente radical entrerriano, que popularizó su sobrenombre «Chirola» en los años '80, cuando compartía la bancada del Senado con Fernando de la Rúa. Izquierdista --todo lo que puede serlo un radical--, el anfitrión de Cavallo nunca ocultó su admiración por este economista y hasta toleró berrinches de Raúl Alfonsín por esa simpatía. La predilección se vio reforzada por el segundo de Lafferrière, Eduardo Villalba, diplomático que fue secretario general de Economía mientras Cavallo ocupó ese ministerio en la década anterior. Gracias a estos vínculos, Lafferrière encolumnó a varias compañías españolas para recibir al economista en Madrid: Fundación Telefónica, Caja Madrid, Iberia, Unión Fenosa, AENA, ICEX, BBVA, Vallehermoso SA, Altadis, BSCH. Una versión afirmaba que por la presentación Cavallo se llevaría 30.000 dólares pero, qué duda cabe, se ha vuelto una «cuestión abstracta»: los funcionarios no pueden recibir dádivas ni compensaciones por ese tipo de servicios.

Desliz

La llegada del cordobés se volvió casi providencial en Madrid (las dudas eran tan importantes como las inversiones) y se notó enseguida en el protocolo. La invitación anunciaba que el presentador sería José Folgado, secretario de Estado de Economía, de la Energía y de la Pequeña y Mediana Empresa. Pero el ascenso de Cavallo --que en la misma cartulina figuraba como ex ministro--supuso también el de su maestro de ceremonias: en la conferencia de la tarde lo presentó Josep Piqué, el canciller del reino, quien partirá hoy hacia Washington y Texas acompañando a Juan Carlos y Sofía en su visita a los Bush.

Por la mañana, Cavallo se vio con José María Aznar y después con Rodrigo Rato, vicepresidente y ministro de Economía. Los dos le preguntaron lo mismo: si la Argentina devaluaría en estas horas. Sucede que Rato se maneja con esa versión desde el jueves pasado, por culpa de algún desliz de la inteligencia española o de la distracción de vaya a saberse qué ejecutivo español radicado en Buenos Aires. Lo cierto es que la reiteración de estas preguntas obligó al ministro a insistir, acaso más de lo debido, en la respuesta: «La Argentina puede 'eurizar' su convertibilidad, poniendo como referencia al euro y tal vez al real, además del dólar, sólo cuando la moneda europea muestre una paridad estable con la de los Estados Unidos. Pero para eso, que no significa abandonar el sistema de convertibilidad y tampoco devaluar, faltan un par de años».

Con Rato se desarrolló la charla más importante de todas: en ella Cavallo pidió el adelanto de 500 millones de dólares previstos como aporte español al blindaje. Durante toda la jornada no volvió a hablar de plata y desmintió así la versión según la cual pediría una suma similar a las empresas españolas con inversiones en la Argentina (este vaticinio, incumplido, era más preciso y decía que Alfonso Cortina, el presidente de Repsol-YPF, sería el encargado de pasar la gorra entre sus poderosos colegas). El momento compartido con Rato fue interesante por otra razón: el ministro es un candidato a heredar a Aznar pero sufre de permanentes vacilaciones ya que no sabe hasta qué punto el manejo técnico de la economía, aunque sea muy exitoso, puede ser cobrado en las urnas de manera directa. Una duda que Cavallo arrastra hace tiempo y que se volverá mortificante con el correr de los meses. Si tiene éxito, claro.

De la entrevista con Rato, el ministro partió hacia el elegante Paseo de la Castellana. En la sede central del BBVA --una mole de cemento color musgo que remeda a otra situada en Bilbao--lo esperaban a almorzar Emilio Ybarra, Francisco González, Cortina y Ramón Blanco. Los dos primeros son los copresidentes del banco y Blanco el segundo de Cortina en Repsol. La charla con estos empresarios --minuciosamente informados sobre la situación argentina--fue gaseosa, como todas las que mantiene el ministro en estos días. Dijo casi lo mismo que escucharon los ministros brasileños que estuvieron con él el viernes pasado: «No es hora de dar precisiones. Lo que necesito es el acuerdo político en el Congreso. Con eso en la mano comenzaré a recorrer el mundo para pedir respaldo. Es cierto que me darán menos poderes que los que reclamé públicamente pero eso, qué duda cabe, estaba previsto». Cortina quiso que los demás escucharan la propuesta sobre la canasta de monedas y Cavallo le dio el gusto. Al petrolero y director del Bilbao Vizcaya le resultó redundante: en diciembre pasado la había escuchado con todos sus detalles durante un seminario, cuando el actual ministro todavía no sospechaba que llegaría tan pronto al cargo. Sobre otras precisiones era imposible reclamar: nunca Cavallo fue tan huidizo, al punto de dar lugar a que alguien se preguntara si, en rigor, ya tiene un plan completo y preciso en su cabeza.

De la Castellana, a las corridas, de nuevo a Fernando el Santo, donde está la casa de Lafferrière. Allí Cavallo durmió una siesta y, algo repuesto, se dirigió al Paseo de Recoletos y Gran Vía (o «José Antonio», como prefiere llamarla el ministro). Allí está la Casa de América, antiguo palacio del Conde de Linares, en cuyo anfiteatro lo esperaban las estrellas del gobierno y el empresariado español. Estaban, del sector público, todos menos Aznar. Del privado, los que habían almorzado con él más
Emilio Botín, las hermanas Koplovitz, César Alierta, Pedro Amuchástegui, Martín Villa, entre otros. No faltaban argentinos: obviamente Lafferrière y también Alejandro Macfarlane, de Repsol-YPF. Allí Cavallo produjo sus más importantes definiciones públicas e inició un discurso que será permanente en sus próximos viajes por el exterior: «Los convoco a invertir en la Argentina, donde existe infinidad de posibilidades, que no se agotan en la Nación sino que se extienden principalmente a las provincias, en las que hay mucho por privatizar». Es casi seguro que al decir eso pensó en su Córdoba natal, desde donde está recibiendo el principal apoyo político que le llega del peronismo, como se observaba anoche en la Cámara de Diputados.

Terminada la conferencia en un salón abarrotado de gente, el ministro se dirigió a la embajada, donde atendió un par de llamados y habló con De la Rúa para ponerlo al detalle de todo lo ocurrido. Desde allí partió, casi sin respiro, al aeropuerto de Barajas donde a medianoche subiría a otro avión que lo dejaría en Buenos Aires, al alba de hoy.

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