4 de enero 2001 - 00:00

Tibio apoyo árabe al plan de paz de Clinton

Jerusalén - Al regresar a Gaza al término de su reunión con la Liga Arabe en El Cairo, el líder palestino Yasser Arafat dio ayer públicamente por primera vez el sí a la propuesta de paz de Bill Clinton. «Esperamos que, como lo prometió, el presidente Clinton hará todos los esfuerzos antes del término de su período», dijo Arafat, quien se mostró así «esperanzado» en cerrar un acuerdo con Israel antes del próximo día 20.

La reunión panárabe en El Cairo terminó en un apoyo relativo al líder palestino. Resumiendo el resultado de la cumbre, el ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Amr Moussa, explicó que el bloque apoyará un acuerdo de paz con Israel siempre que éste respete las resoluciones internacionales que hacen a los derechos palestinos sobre Jerusalén oriental, la devolución de los territorios ocupados a cambio de paz y el derecho de regreso de los refugiados. Aunque el plan Clinton dista por ahora de garantizar estos puntos, el aval árabe asegura al menos la participación palestina en las intensas y posiblemente cruciales conversaciones de los próximos días.

Rol decisivo

Con todo, los delegados de Siria aclararon que no permitirán que la Liga Arabe sea un sello de goma para las resoluciones estadounidenses y los enviados de Arabia Saudita aseguraron haber llegado a la reunión para asegurarse de que Arafat no hará ninguna concesión en torno a Jerusalén.

Auspiciando esta reunión de la Liga Arabe, Egipto dio demuestras una vez más de su rol decisivo en las negociaciones de paz. El presidente Hosni Mubarak volverá a participar activamente el domingo, cuando se reanuden en su país las conversaciones en materia de seguridad entre palestinos y israelíes, con la novedad de la participación de la CIA.

Tratando de timonear lo que podría significar la coronación del proceso de paz en medio de una difícil y decisiva campaña electoral, el primer ministro israelí Ehud Barak hizo gala ayer de un trabajoso equilibrio ante los Grandes Rabinos de Israel, a quienes prometió que no transferirá la soberanía sobre el Monte del Templo a los palestinos.

Su gobierno emitió un comunicado aclarando que no habrá por ahora negociaciones formales con los palestinos y que los delegados que partirán a Washington tratarán solamente temas relativos a la reducción de la violencia, lo que debe preceder a cualquier eventual cumbre.

Aunque Clinton le aseguró a Barak que Arafat se comprometió a restaurar la calma, el líder palestino no ha hecho por ahora ningún llamamiento en ese sentido, lo que ilustra la dificultad que encuentra para imponer su autoridad sobre los sectores más radicales.

Mientras las últimas encuestas adjudican a su rival de derecha Ariel Sharon una cómoda ventaja y una intención de voto de 50%, Barak no se muestra demasiado optimista ante las posibilidades de éxito de las negociaciones, su última carta de triunfo en los comicios del 6 de febrero.
Es su canciller, Shlomo Ben Ami, quien se muestra más optimista y modera la desconfianza que provocan en el premier las tácticas de Arafat. «Si hay reducción considerable en la violencia aún podemos explorar la posibilidad de avanzar hacia un acuerdo», dijo ayer.

Según algunos analistas políticos israelíes, es técnicamente posible alcanzar un acuerdo antes del 15 de enero, pero en realidad las partes ya no hablan de la posibilidad de alcanzar un entendimiento completo sino que se muestran dispuestas a conformarse con opciones menores, como un acuerdo de paz marco.

Barak se enfrenta a un clima político cada vez más enrarecido, en el que recrudece la cruzada de la extrema derecha y los colonos judíos.

La huelga de hambre iniciada por 30 colonos y activistas de derecha en pos de la interrupción de las negociaciones con los palestinos, entró ya en su sexto día y las manifestaciones se multiplican en toda Cisjordania.

Los alumnos no van a la escuela y junto con sus padres marchan sobre Jerusalén. Algunos de los más jóvenes ayudaron en las tareas de infraestructura de una nueva posición judía, establecida de hecho cerca de Ramalah.

Los habitantes del asentamiento de Ofra, cerca de Naplusa, llegaron a Jerusalén al término de tres días de marcha y, frente a su domicilio, llamaron a Barak a aplicar toda la fuerza del ejército contra los palestinos.

Campaña electoral

La campaña electoral va tomando ya contornos personales. Ayer se publicó en la prensa árabe de Israel una fotografía de las masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Líbano en 1983, acompañada de una fotografía de Sharon, considerado el responsable de esos episodios, y una leyenda: «¡Ya saben quién es!».

El líder de la derecha dijo que esa publicación es una incitación directa a la violencia en su contra y Barak ordenó a sus jefes de campaña que no insistan con esa propaganda. Barak busca ganarse a toda costa al electorado árabe, que podría definir la elección.

El «halcón» Sharon, por su parte, sorprendió diciendo que valora la lucha palestina. «Aunque no me gusta y creo que es grave e innecesaria», aclaró. «Conmigo sabrán exactamente cuáles son las líneas rojas (que no se podrán cruzar), conmigo sabrán que no se mantienen negociaciones mientras continúa el fuego», dijo.

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