11 de diciembre 2000 - 00:00

Un mal endémico que genera desconfianza en inversores

En promedio, cada uno de los 26 juzgados comerciales de Capital Federal tiene cerca de 10 mil juicios en trámite, repartidos en 56 secretarías en todo el fuero. «No sólo hay que atender al número, sino también a la complejidad de las causas. En una economía que se globalizó, nos encontramos con concursos y quiebras con partes y acreedores en diversos puntos del mundo, intereses cruzados y multiplicados, y verdaderas tramas de ingeniería financiera», explica un juez comercial que pidió reserva de identidad.

Esta complejidad convive con procedimientos que no variaron en un cuarto de siglo, desde que fueron creados los juzgados comerciales con un fuero especial.


Males endémicos


Los inversores son especialmente sensibles al funcionamiento de un sector de la Justicia al que deberán recurrir para reclamar pagos, o al que se someterán llegado el caso. Algunos de los males endémicos, que no siempre implican erogaciones por parte del Estado, son los siguientes:


Ausencia de bases de datos confiables:
el Estado no cuenta con registros únicos y completos, lo que ocasiona que desde los juzgados partan a diario decenas de oficios requiriendo información a diferentes oficinas públicas, las que a su vez abren expedientes, generando una suma de burocracias que equivale a atasco e ineficiencia. Se multiplican las bases de datos públicas, gran parte de ellas incompletas y desactualizadas.

Notificaciones:
se emiten cerca de 2.000 cédulas -aproximadamente cuarenta por secretaría-, las que deben ser entregadas por oficiales notificadores en mano, en cada domicilio. Otras vías de acceso, como Internet, ahorrarían el despilfarro de recursos económicos y humanos que el procedimiento implica, en especial a los denominados «domicilios constituidos» que corresponden a abogados y empresas, quienes están en contacto cotidiano con los juzgados.

Demora en designaciones de nuevos jueces:
a más de dos años de la integración del Consejo de la Magistratura, aún no nombró ninguna terna para ocupar una de las cuatro vacantes del fuero comercial que eran previas a la puesta en funcionamiento del organismo.

Meritorios:
según la Unión de Empleados de Justicia, en el Poder Judicial trabajan más de mil empleados que no gozan de ningún ingreso y a quienes no se les pueden reconocer oficialmente los servicios porque un poder de la Nación estaría reconociendo la situación ilegal de contratación. Esto genera evidentes consecuencias en el nivel de exigencia del desempeño de personal que no recibe remuneración, además de la injusticia que implica.

Horario part time y vacaciones:
en medio de este colapso, el Poder Judicial trabaja por reglamento de 7.30 a
13.30. La normativa impide que alguien pueda exigirles mayor dedicación a empleados de mesa de entradas ($ 450 de sueldo mínimo neto) ni a jueces de primera instancia con sueldos de $ 5.000. Hay dos ferias judiciales, una quincenal en julio, y otra mensual en enero; 45 días de vacaciones anuales.


Este «estilo de trabajo» deriva en causas eternas. El Banco de Italia aún tiene en trámite su liquidación, camino que probablemente seguirán los casos más recientes del Banco Mayo, el Patricios, o las compañías de seguros Belgrano y FIDES. También contribuyen a esta congestión casos de desmanejos estatales como ATC, o conflictos societarios como Supercanal. Otros vicios, vinculados con el trabajo cotidiano, no dejan de ser menos engorrosos para el desarrollo aceptable de la Justicia.


Enfermedades


Licencias médicas al personal:
«A veces, si un empleado denuncia alguna enfermedad menor, nos conviene decirle que se quede en su casa, porque en el servicio médico de la Corte le prescriben mayor reposo del que el personal desea», confiesa uno de los jueces que dialogaron con Ambito Financiero.

Suministros y mantenimiento informático:
algunos juzgados se encuentran con sorpresas en sus despachos cuando se acumula una pila de nuevos escritorios o muebles innecesarios, enviados por Suministros de la Corte, y en sentido contrario, escasean otros insumos básicos como bolígrafos o actualizaciones informáticas.

Costura de expedientes:
esta costumbre de agregar cada folio cosido con hilo requiere que por secretaría se dedique al menos una jornada laboral completa de un empleado a realizar la tarea. Muchos escritos presentados a diario tienen decenas de hojas.

Inexistencia de incentivos:
la productividad o la responsabilidad no permite diferenciaciones salariales o premios. Un juez le debe dedicar al menos un cuarto de su jornada laboral sólo a la firma de «proveídos», en una tarea casi mecánica, considerando un ingreso promedio de 600 presentaciones.

Hoy en día, suponiendo que un juez trabaje más de lo que le corresponde, llegando a las diez horas diarias, multiplicado por veintidós días hábiles mensuales, durante diez meses y medio en el año, significa que le dedica en promedio
a cada expediente que se encuentra «en letra» en su juzgado menos de catorce minutos.

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