27 de noviembre 2001 - 00:00

Un vice del PJ fortalece más las instituciones

La crisis económica, política y social que vive el país sumada al deterioro permanente de la imagen presidencial, muestra la existencia, de una crisis institucional sin precedentes. El desafío es sostener, fortalecer y consolidar al sistema democrático en el marco de la acelerada debacle económica y social de la que somos testigos. Un eminente jurista, de profunda raigambre y protagonismo durante el gobierno del Dr. Alfonsín y reconocido internacionalmente desde su cátedra en la Universidad de Yale como fue Carlos S. Nino encontró en el consenso una clave para reflexionar sobre los sistemas políticos, razonamientos perfectamente aplicables al caso argentino.

En un artículo que publicara en vísperas de la reforma constitucional de 1994, Nino contrapone dos concepciones de democracia: la democracia que él llama «pluralista» a la democracia que denomina «dialogal». La democracia pluralista distribuye el poder sincrónica y diacrónicamente entre una pluralidad de factores de poder, influenciada por las ideas de Rousseau. El poder se desconcentra evitando la tiranía o el predominio de intereses corporativos sobre el interés general, a costa de la concertación. La democracia «dialogal» en cambio, plantea que la discusión pública debe desembocar en la formación de un consenso que legitime las decisiones que tomen los poderes del Estado.

Una concepción de democracia «dialogal» parece ser difícil de aplicar en un sistema híper presidencialista como el argentino. Un candidato presidencial reúne en sí mismo una coalición de intereses de ideologías que a los fines de resultar electo, lo condicionan a sostener promesas vagas y políticas generales que, como sucedió en su momento con el propio Dr. Alfonsín y como sucede hoy con el Dr. De la Rúa, al momento de llegar al poder demuestran su vacuidad.

Ello hace que nunca se sepa muy bien cuál es el consenso subyacente en la elección de un presidente, por lo que puede surgirle la tentación de cambiar radicalmente su plan de gobierno respecto de los programas de la campaña, cuando advierte que la coalición de intereses que necesita para gobernar no es la misma que necesitaba para ser elegido. Esto produce una fractura, incompatible con el ideal de la democracia como organización de la discusión colectiva, entre el consenso obtenido como resultado del debate público previo a la elección presidencial y manifestado en esa elección y las soluciones adoptadas desde el gobierno.

La única manera de superar esa fractura y conciliar el ideal de la democracia es a través de un gobierno de coalición o con apoyo multipartidario, que exprese de modo equilibrado las diversas ideas e intereses que no tuvieron una resolución clara en la elección.

Sin embargo, según Nino, es casi imposible formar coaliciones multipartidarias post-elecciones en este sistema presidencialista de gobierno: la dinámica de confrontación entre los partidos provoca bloqueos entre los poderes del Estado, una gran agresividad en la lucha política -que se traslada a los sectores sociales que cada partido representa-, y necesariamente se traduce en el ataque constante a la figura presidencial que termina deteriorada y envuelta en crisis instituciones de difícil solución.

La inexistencia de válvulas de escape para estas situaciones hace del juicio político una alternativa teórica de solución. Estoy convencido, tal como también sostenía Nino, que el juicio político no constituye una solución, por su complejidad, y por derivar de una acusación concreta antes de una censura política.

Frente a esto la única opción que se abre es la de un régimen parlamentario o mixto para que el gobierno y las decisiones que tome sean el resultado del consenso.

La crisis institucional que amenaza a nuestro país es evitable en la medida en que se concrete la propuesta del justicialismo de que el Senado tenga la posibilidad de elegir a su presidente desde su representante de esta corriente política. Esta propuesta tiene el mérito de constituir una alternativa para un nuevo consenso político, base de una democracia «dialogal» de la cual Nino fue un ilustre propulsor. Gobernabilidad es sinónimo de consenso.

(*) Gobernador de la provincia de San Luis

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