Poco pensó Domingo Cavallo en su partido cuando decidió agregarse al gobierno de De la Rúa. Así piensan los adherentes a Acción por la República, aunque sus quejas son módicas para no ofender a su jefe. Hoy no se sabe si, para las próximas elecciones legislativas, el partido irá solo, integrándose con justicialistas o con la propia Alianza. Más bien se diría que Acción por la República es un bien mostrenco al cual muchos desean capturar para su beneficio.
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Si Cavallo produjo fisuras y crisis en el Frepaso y en la UCR, también su incorporación oficial desacomodó a su propio partido. Inclusive, cuando por necesidad invitó a Jorge Baldrich a que integrara su equipo, perdiendo un diputado en la Cámara ya que su reemplazante fue una peronista de Eduardo Bauzá, Raquel Correa de Pavón (en Mendoza en su momento se había hecho una coalición con ese fracción). Hoy, entonces, Fernando de la Rúa ofrece que Acción por la República se asocie a la Alianza con cargos y postulantes, Cavallo al mismo tiempo parece que negocia con los peronistas José Manuel de la Sota en Córdoba y Eduardo Duhalde en Buenos Aires, mientras los miembros del partido se preguntan por la independencia que iban a construir sin pegarse a nadie.
Como este turbión político resulta un tanto inexplicable -sobre todo a futuro-, habrá que detenerse en los hechos de hoy: a la sucesión de Baldrich por una peronista en Mendoza se sumó otro caso en la Capital: el diputado Alfredo Castañón también renunció a su banca para integrarse en Economía y le cedió su lugar a un demócrata porteño (Juan Carlos Lynch) que estaba en la lista de Acción por la República. De este modo, y por sucesivas renuncias, hoy los demócratas (conservadores, en rigor) capitalinos disponen de dos diputados (el propio Juan Lynch y ..... Allende Iriarte) que, sumados a los 3 de Mendoza (Jorge Zapata Mercader, Gustavo Gutiérrez y Carlos Balter), han conformado un número de legisladores como hace décadas no presumía este partido.
Transformación
Pero, como todo parece bastante loco, este grupo no revela cohesión entre sí a pesar de su origen: Gutiérrez se ha transformado en un político de izquierda que inclusive votó contra la ley de Cavallo, en las antípodas claro de Aguinaga -el único legislador que en la Cámara se animó a reivindicar a las Fuerzas Armadas en su lucha contra la guerrilla-y relación interrupta con Balter a pesar de vínculos amistosos y hasta empresarios. En cuanto a los dos demócratas porteños, nunca demasiado cariñosos con el justicialismo, han prometido disciplina total al nuevo jefe del bloque de Cavallo: José Luis Fernández Valoni, un ex militar que por circunstancias de la historia fue acompañante de los planteos de izquierda dentro del peronismo que, entre los '70 y '80 piloteara su compañero de armas Julián Licastro.
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