Londres - Hay dos Tony Blair. El idealista y el autoritario, el tímido y el valiente, el abogado y el actor, el que quiere «aniquilar» a los conservadores y el que se conforma con ser un buen «manager» del «Reino Unido SA». Ni él mismo sabe cuál de ellos va a ganar las elecciones de mañana.
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Se habla de nuevo laborismo, de tercera e, incluso, cuarta vía, socialdemocracia a la inglesa, pero lo que hay es Tony Blair, un gobierno pragmático controlado con mano de hierro desde Downing Street.
Tony «el tímido» tiene pánico a resultar impopular, a ser criticado por los periódicos y a que bajen las encuestas, a pasar a la historia como un perdedor. Es el Blair que encarga análisis de mercado antes de tomar decisiones, llama a Peter Mandelson y no hace nada sin consultar con Alistair Campbell, el director de comunicaciones.
Tony «el valiente» desea acabar con el clasismo y la pobreza infantil, crear una sociedad de derechos y responsabilidades, influir en Europa, hacer ilegal la caza del zorro, enterrar el legado del thatcherismo, formar una coalición de centroizquierda con los liberal-demócratas... Pero a veces, a pesar de gozar de una mayoría parlamentaria de 179 escaños, duda de sus propias fuerzas. Es como si no acabara de creerse el poder que tiene, aunque tal vez, a partir de mañana, sí.
• Sin compasión
Blair, igual que su amigo Clinton, lleva dentro la mezcla de abogado y actor, perfecta para un político. Puede parecer una mosquita muerta, pero ha enviado soldados británicos a una guerra, cesado dos veces a su amigo Mandelson y cortado de cuajo las carreras de colaboradores que lo ayudaron a llegar a la cima. En cuestiones de gobierno, carece de compasión.
La otra cara es el Blair que toca la guitarra, juega al fútbol con los niños, cambia los pañales de su hijo pequeño y llora con la muerte de la princesa Diana: un actor consumado, que consigue hacerse simpático a todo el mundo, incluidos los lectores de periódicos de derecha como el «Sunday Times» y el «Sun». ¿Quién puede estar contra un chico tan simpático?
Aunque a veces se exceda en su cultivo de las relaciones públicas, no hay que desmerecer los logros en su primer mandato: salario mínimo, más derechos para los trabajadores, permiso de paternidad para padres y madres, autonomía de Gales y Escocia, paz en Irlanda del Norte, estabilidad fiscal, reducción del paro, condonación de la deuda al Tercer Mundo...
Las críticas más serias a Blair no son desde la derecha, sino desde la izquierda: podría haberse desmarcado mucho antes del thatcherismo, destruido el corsé de gasto público que heredó de los conservadores, subido los impuestos de los más ricos..., pero su gran obsesión era consolidarse en el poder, convertirse en el partido natural de las clases medias y demostrar que el nuevo laborismo no es ninguna locura.
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