13 de junio 2025 - 17:55

Desregular no es desproteger: el rol del profesional inmobiliario en la nueva era del mercado

Argentina necesita mercados más libres, sí. Pero también más responsables. Y eso no se logra eliminando a los profesionales formados, sino potenciándolos. La matrícula, el estudio, la experiencia y la ética no son pasado. Son el futuro.

En tiempos donde la confianza es el activo más escaso del mercado, el valor de la palabra, el compromiso y el conocimiento es más importante que nunca.

En tiempos donde la confianza es el activo más escaso del mercado, el valor de la palabra, el compromiso y el conocimiento es más importante que nunca.

La desregulación del mercado inmobiliario argentino ha sido celebrada por muchos como una apertura hacia la libertad comercial. Sin embargo, si no va acompañada de una mirada profunda sobre la calidad del servicio, la responsabilidad legal y la formación profesional, puede abrir la puerta a consecuencias que ya hemos visto en otros sectores: informalidad, falta de garantías y desprotección del consumidor.

Tres miradas, una misma preocupación

Escribo estas líneas desde tres lugares complementarios:

1. Como martillero y corredor público colegiado, que respeta el marco legal y ético de nuestra profesión.

2. Como empresario, que desde hace más de 20 años lidera una inmobiliaria que combina innovación, tecnología y vínculo humano.

3. Y como licenciado en Administración de Empresas (UCA), con formación de posgrado en UCEMA, que entiende los cambios del mercado no como amenazas, sino como desafíos que exigen una estrategia sólida.

Desregular no puede significar desprofesionalizar

La matrícula, la colegiación, los conocimientos legales y técnicos no son una barrera. Son un seguro para el cliente y una señal de madurez del sistema.

La reciente proliferación de franquicias y asesores informales ha contribuido a ampliar la oferta, pero también ha diluido la responsabilidad. En muchos casos, quienes hoy intermedian operaciones complejas no conocen ni la ley de fondo ni el derecho real involucrado.

¿Quién responde ante una operación mal cerrada? ¿Quién explica al cliente la diferencia entre un boleto, una escritura o un fideicomiso?

Eso no puede improvisarse.

El rol del empresario: evolución con identidad

Como empresario, celebro la innovación. Hemos integrado inteligencia artificial, análisis predictivo, puntos de asesoramiento personalizados y estrategias de marketing de vanguardia.

Pero nada de eso reemplaza la ética profesional ni la formación continua. Lo tecnológico debe sumar eficiencia, no reemplazar conciencia.

En tiempos donde la confianza es el activo más escaso del mercado, el valor de la palabra, el compromiso y el conocimiento es más importante que nunca.

La visión estratégica: más que vender, generar vínculos

Desde la administración de empresas, comprendemos que lo que está en juego no es solo la transacción, sino la experiencia y el vínculo de largo plazo.

El cliente no quiere solo que le vendan un inmueble. Quiere que alguien lo escuche, lo acompañe y lo oriente con visión, información y sensibilidad.

Por eso, el desafío actual no es elegir entre tecnología o profesionalismo, entre libertad o regulación, entre franquicias o inmobiliarias tradicionales.

El verdadero desafío es elevar el estándar del mercado. Y eso se logra con profesionalización, transparencia y coherencia entre lo que se promete y lo que se cumple.

A lo largo de esta nota me expresé desde distintos lugares, pero soy la misma persona.

El martillero colegiado que respeta la ley. El empresario que analiza los números. El profesional que estudió gestión organizacional. Y también el hombre que vivió cada cierre, cada firma, cada charla con una familia que confió.

Esa multiplicidad de visiones es la que me permite afirmar que el verdadero camino es elevar la vara. No desde la queja, sino desde la acción. Por eso formo, por eso comunico. Porque si queremos un mercado más justo, primero debemos hacerlo más profesional.

Conclusión

Argentina necesita mercados más libres, sí. Pero también más responsables. Y eso no se logra eliminando a los profesionales formados, sino potenciándolos. La matrícula, el estudio, la experiencia y la ética no son pasado. Son el futuro.

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