Desafíos y oportunidades para crear una industria sólida

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El Presidente Alberto Fernández firmó el jueves 12 de noviembre el decreto 883/2020 con la nueva reglamentación de la Ley N°27.350 sobre "Investigación médica y científica del uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados". Ha sido un enorme paso adelante y un hecho histórico. Sigue en adelante, dar el fundamental impulso a una producción nacional de calidad.

Luego de muchos meses de vigilia, y en el medio de la crisis sanitaria global más importante del último siglo, el Presidente Alberto Fernández firmó el jueves 12 de noviembre el decreto 883/2020 con la nueva reglamentación de la Ley N°27.350 sobre “Investigación médica y científica del uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados”.

Fue un hecho largamente esperado por muchos usuarios, familias y todo el ecosistema de empresas y emprendedores cannábicos de Argentina. Ha sido un enorme paso adelante y un hecho histórico, que hemos tenido el privilegio de acompañar en un trabajo mancomunado realizado junto a diversos actores en la Red de Cannabis y sus usos medicinales (RACME).

El mismo tomó cuerpo a partir del 10 de diciembre del año pasado, cuando las nuevas autoridades llegaron con una mirada renovada, un espíritu de apertura y mucha comprensión sobre la realidad a la que estaba expuesta el conjunto de la población, complementada por una visión estratégica sobre las posibilidades que el cannabis le abre a la Argentina.

Esta nueva realidad jurídica, consigue sentar las bases de un mercado legal de cannabis medicinal en nuestro país, de la mano del concepto de soberanía en salud y descriminalizando el autocultivo como herramienta de acceso a una solución terapéutica; amparando así a los cultivadores solidarios, familias y agrupaciones que han sostenido la demanda de los usuarios, familiares y seres queridos en la necesidad de mejorar su calidad de vida sin afectar a terceros, aun poniendo en riesgo su libertad y exponiéndose a acciones penales.

En adelante, quien cuente con indicación médica y haya suscripto el consentimiento informado correspondiente, podrá inscribirse en el Reprocann para obtener la autorización de autocultivo controlado para sí, o para realizarlo a través de un familiar, una tercera persona o una organización civil autorizada.

Adicionalmente, y entendiendo que el autocultivo es una estrategia no abarcativa del universo de potenciales usuarios, se ha incorporado el expendio en farmacias habilitadas para vender y producir “formulaciones magistrales”, como aceites, tinturas o cremas, siendo que dicho mercado podrá ser abastecido desde la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), pero también desde el mundo privado. En esta línea, cabe recordar que hace pocas semanas fue emitido el primer certificado a un producto derivado del cannabis en el Registro de Especialidades Medicinales (REM) por parte de la ANMAT.

El uso de cannabis con fines médicos está ganando impulso a medida que se profundiza su investigación y ya es normal encontrar publicaciones científicas sobre la ampliación de sus usos casi a diario. Entre ellas: afecciones crónicas, como cáncer, artritis o neurológicas, como ansiedad, depresión, epilepsia y enfermedad de Parkinson y Alzheimer.

La alta prevalencia de cáncer -segunda causa principal de muerte en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS)- y la creciente carga de morbilidad del dolor crónico, y los importantes efectos secundarios asociados con el uso de opioides se espera que impulsen la demanda de cannabis medicinal, que sugiere ser una herramienta posible para su tratamiento paliativo.

Sigue en adelante, dar el fundamental impulso a una producción nacional de calidad que cumpla con los estándares y certificaciones de buenas prácticas agrícolas y de manufactura, y derive en la disponibilidad de productos que puedan ser trazables desde la elaboración hasta el almacenamiento y comercialización conforme lo que está ocurriendo en el resto del mundo.

Todo ello pone de relieve la necesidad de contar con cultivos productivos para disponibilizar materia prima para satisfacer dicha demanda. Se dibujan así los pasos iniciales en la conformación de lo que esperamos que se transforme en un mercado plural, competitivo e inclusivo que dé acceso a la población a productos de calidad, seguridad y eficacia comprobada, siendo que hasta aquí la misma había sido obligada a adquirirlos de manera no regulada en comercios y redes sociales sin posibilidad de control e incluso consumidos sin la debida prescripción o supervisión de ningún profesional de la salud en algunos casos.

En este sentido, es dable destacar la importancia otorgada en la reglamentación al fomento de la capacitación de los profesionales de la salud y de los estudiantes de medicina dentro del sistema de educación universitaria. Tras años de prohibicionismo, el nuevo statu quo del cannabis medicinal plantea desafíos diversos que se centran en la relación médico-paciente. Será necesario generar condiciones claras que animen la decisión de los médicos a prescribir cannabis fundada en el conocimiento científico disponible, sin que ello afecte su percepción sobre la minimización de riesgos y sus obligaciones éticas en atención a los intereses y beneficios de sus pacientes.

Vale mencionar en este sentido una cantidad de iniciativas que se vienen dando en diversos ámbitos. El próximo paso que Argentina necesita, es contar con un marco regulatorio que la ponga en carrera para desarrollar una agenda de investigación, inversión, diversificación productiva, innovación tecnológica, generación de fuentes de trabajo, divisas y riqueza en torno al cannabis.

Los proyectos de ley presentados las últimas semanas por las diputadas Mara Brawer y Carolina Gaillard son un hito clave en la construcción del mismo. En la misma sintonía, las reiteradas alusiones del Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, incluyendo al cannabis medicinal e industrial entre los “cinco ejes de largo plazo para la reactivación productiva” también nos hacen mirar el futuro con optimismo. Sabemos que allí se está trabajando en una propuesta que esperamos poder visualizar próximamente.

Debemos entender que estar a la altura de dicho desafío sólo será posible con los emprendedores y las empresas como protagonistas centrales de ese tiempo. Esta agenda verde de desarrollo científico, técnico y económico que el cannabis le plantea a Argentina es de una enorme riqueza para la puesta en valor de la cooperación empresarial con la ciencia, la academia y una estructuración público privada inteligente, alineada a los intereses nacionales.

Se requiere la creación de un Instituto Nacional de Regulación y Control del Cannabis -similar al de otros países que han avanzado en la materia- que establezca un sistema de licencias para cultivo, producción, comercialización, importación y exportación.

Se necesitará por parte del Estado un control férreo del mercado clandestino y la informalidad, siendo este un problema endémico de nuestro país pues perjudica las ventas legales, conspira contra la generación de empleo genuino y la radicación de inversiones, con el agravante de que en este caso no sólo genera daños económicos, sino también a la salud y a la seguridad de los ciudadanos.

Nuestro país tiene sobre la mesa la chance de generar u$s1.000 millones de exportaciones en los próximos 10 años y el hecho ser el único representante de Latinoamérica en el PIC/S (Pharmaceutical Inspection Cooperation Scheme) nos posiciona de manera sobresaliente en lo relacionado al desarrollo y comercialización de medicamentos para uso humano o veterinario a nivel internacional.

Yendo un poco más allá, sería deseable pensar en una reforma más profunda y holística, que regule la actividad del cannabis en todas sus etapas:, medicinal, industrial y recreativo; que de cuenta de que la despenalización del consumo adulto es un tema central de la agenda de las sociedades del siglo XXI.

Una norma de esas características hoy parece un escenario lejano, pero hemos abierto una ventana allí donde había una pared; ahora nuestra tarea será trabajar para derribarla. Asumimos que es un objetivo que más temprano que tarde vamos a ver plasmado en la realidad. Siempre la sociedad va un paso adelante que su dirigencia en materia de derechos.

(*) Presidente de Argencann, Cámara Argentina del Cannabis.

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