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Aripuca: una trampera como monumento natural
La gigantesca Aripuca, de 17 metros de alto, está ubicada a 15
kilómetros del Parque Iguazú.
-según el dicho popular-, es la metáfora que inspiró la construcción de una gigantesca Aripuca, en Puerto Iguazú, a 15 kilómetros del Parque Nacional y las Cataratas. Se trata de un monumento de 17 metros de alto, 30 de diámetro y 500 toneladas en madera, que combina 30 especies de árboles.
La Aripuca es una trampa utilizada habitualmente por los indígenas guaraníes para cazar pequeños animales sin lastimarlos. El mecanismo es simple: un pequeño trozo de madera, al ser desplazado, destraba el sostén de una jaula de madera que cae y encierra a la presa.
«El animal es atrapado sin saber. Si nosotros destruimos el medio ambiente, estamos activando una trampa. Por eso decimos 'no pisemos el palito'», explica Irma Sommerfeld, quien conduce con su marido, Otto Waidelich, y sus tres hijas ese emprendimiento familiar agro-eco-turístico que busca concientizar sobre el cuidado del medio ambiente y la naturaleza.
«Hace cien años que se está talando la selva. Creamos este museo para mostrar lo que había en este lugar», señala Irma, y cuenta que la Aripuca fue construida por completo con árboles recuperados de la selva misionera. Son troncos rescatados luego de tormentas que provocaron su caída o que murieron de forma natural. Algunos fueron adquiridos a distintos aserraderos, en un proyecto que requirió una inversión cercana a los 300 mil pesos a lo largo de sus 8 años de existencia.
Entre las especies que conforman la Aripuca se encuentran, entre otros, cedro misionero, timbó, laurel, palo rosa, lapacho y araucaria. La tala de estos tres últimos fue expresamente prohibida en Misiones. Se destaca en el museo un gigantesco tronco de caña fistula o iberá pitá, de 1.000 años, que fue trasladado desde una distancia de 150 kilómetros.
Una característica sobresale en la mayoría de estos grandes troncos: son huecos. «Un hongo ataca a la planta y la afecta desde la raíz y la pudre de adentro hacia afuera. Pero el árbol no muere, porque la savia circula por el exterior y la corteza queda sana hasta el final. Claro que se debilita y muchas veces termina cayendo», señala Irma.
Desde la Aripuca se programan, además, visitas guiadas a familias de agricultores locales, y a la zona de Andresito, donde se puede «apadrinar» un árbol.
Más información: www.aripuca.com.ar

