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Cazando postales en Lençoís Maranhenses

Se equivocará si lo hace porque después de ese pequeño lago y de subir y bajar algunas dunas más se llega a la auténtica meta, a Lagoa Azul.
Hay muchos destinos como éste en los Lençoís, no se preocupe, puede haber uno para cada visitante curioso; nunca se sentirá agobiado por la presencia masiva de japoneses con sus cámaras digitales en ristre, ni excursiones masivas, ni nada por el estilo. Por ahora, al menos por ahora, se puede dar cuenta de esta inmensidad única en el planeta sin demasiados testigos. Lagoa Azul, Lagoa do Peixe, Lagoa da Esperanza, Lagoa Bonita. También el Oásis do Sula, el de Nicolau. Destinos exclusivos para coleccionistas de postales diferentes.
DESDE EL FARO
Cuando la noche cae sobre Lagoa Azul, lo mejor que puede hacerse, después del traqueteo del camino de vuelta a Barreirinhas y de una buena cena en alguno de sus bien surtidos restoranes, es esperar a que amanezca para volver a empezar de nuevo. Hay que salir pronto hacia Ponta do Caburé en el Océano Atlántico. Lo mejor es alquilar una voadeira que nos lleve por el río Preguiças hasta esta esquina de Brasil. El trayecto es inolvidable. El Preguiças nace en el centro del estado de Maranhao y alcanza su destino atravesando los Lençoís. Sin paradas, el trayecto duraría apenas 55 minutos; pero hay que parar y disfrutar de Vassouras, Espadarte, Morro do Boi, Mandacaru y, finalmente, Caburé. A esta parte se la conoce como Pequenos Lençoís.
En Mandacaru, es obligatorio ascender al faro. Inmejorablemente vista en 360 grados desde donde podemos ver largas extensiones plagadas de palmeras, palmeras de buriti, muy importantes para los habitantes de la zona ya que en sus manos pueden convertirse en una casa, en herramientas de trabajo, en una piragua y hasta en uno de los alimentos típicos de la región gracias a su fruto. Pero también, desde el faro tenemos al alcance de nuestros ojos una panorámica perfecta de la zona: el río, los Lençoís, los pueblos cercanos, el Atlántico al fondo, con Caburé en la punta.
Si la de Caburé no es la playa más larga del mundo, le falta poco. Ponta do Caburé es una enorme franja de arena que se extiende entre el Preguiças y el Atlántico; una playa de más de 30 kilómetros en línea recta. Tan virginal como todo lo que hemos visto antes. Una locura de paz y tranquilidad. Cuando además la marea está baja, uno puede meterse tanto en el océano que corre el riesgo de perder de vista la costa y con el agua apenas rozándonos las rodillas. Es otro lugar para estar solo bajo un impresionante cielo azul ribeteado de manchas blancas. Si aún le queda algo de tiempo no olvide tomarse al menos una caipirinha de la mejor cachaza, sentando en el porche de la cabaña número 7 de una pequeña posada llamada Porto Buriti, en la esquina nordeste de este Brasil hermoso y desconocido.


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