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''La danza también me ha dado das de glamour y descanso''
Su virtuosismo ha llevado a Silvina a recorrer distintos lugares del mundo. "He viajado tanto que a veces me olvido de los lugares en que he estado", afirma la bailarina.
«Sí, el ballet me ha llevado por el mundo», concede Silvina Perillo, primera bailarina del Ballet Estable del Teatro Colón, «y he viajado tanto que a veces me olvido de los lugares en que he estado». De todos esos lugares, hay uno que le gusta reiterar: Miami, porque allí siente que trabaja y descansa al mismo tiempo, y que está rodeada por destacados colegas.
«Siempre voy al Festival Internacional de Ballet de Miami, porque es como un trabajo rodeado de vacaciones. Ir al International Ballet Festival of Miami me da cinco días de glamour y descanso, vengo renovada. Paseo por el Bayside, voy a la playa bien temprano y me cuido mucho de tostarme porque no puedo subir al escenario hecha un camarón. Además, ese festival me encanta porque van primeros bailarines y compañías del más alto nivel de todo el mundo, entre muchos otros, el Ballet Jorgen de Canadá, el Balleto del Teatro San Carlo de Napoles, el Ballet de la Opera de París, el San Francisco Ballet o la Kompañia Primavera de Polonia. Es importante ver cómo la danza se renueva, ver, por ejemplo, cómo otras escuelas preparan un pas-de-deux.»
Silvina Perillo profesa una forma de humildad que la lleva a comentar sus logros al pasar, sin enfatizarlos, mezclándolos con elogios a sus compañeros en la danza. «Raquel Rossetti, con la que tengo larga amistad, es asesora artística del festival de Miami para la Argentina. Pedro Pablo Peña, el director del festival, le pide que elija a los mejores bailarines, y ella siempre me invita.»
Silvina también es modesta con respecto a su apariencia. «Todos los bailarines aparentamos menos edad, no sé si se debe a la profesión, a la gimnasia, en mi caso creo que es genético: mi bisabuela parecía mi abuela, mi abuela mi madre y mi madre es como mi hermana», explica riendo, y considera que «el límite de edad de una bailarina es muy personal. Hoy, a los 38 años, me siento mucho mejor que a los 20. Todo se debe a la base que una tuvo, a las técnicas que le enseñaron sus maestros y al cuidado profesional».
«Mi primer modelo de bailarina fue Maia Plizetskaya. Es amplio el catálogo de aquellas que admiro. Allí están Alessandra Ferri, Natalia Makarova, Eva Evdokimova y nuestra Paloma Herrera. De Paloma me gusta mucho ver sus clases de ballet, su trabajo técnico, sus piernas, sus pies. Obviamente, admiro a Rudolf Nureyev, a Mikhail Baryshnikov y a Julio Bocca, un grande con todas las letras, fue un placer bailar con él en 2002, cuando me llamó para ser su partenaire en la gira por México con su Ballet Argentino.»
Por momentos, Silvina Perillo hace danzar a su memoria y pasa a saltos de Moscú a Madrid, de Berlín a Nueva York, de San Pablo a París, de Londres a Stuttgart.
«En 1993 estuve en San Petersburgo. Cuando vino Faruk Ruzimatov a bailar 'La Bayadera' con el Estable, que bailó con mi compañera Lila Flores en el Luna Park, me invitó a tomar un curso en el Kirov Ballet. En enero me fui todo el mes a tomar clases allí, fue una experiencia inolvidable. En danza se aprende mucho conociendo otras escuelas.» También le resulta inolvidable a Silvina, por otras razones, su visita a Moscú. «En 2002 viajé a Moscú acompañando a un bailarín que actuaba en un concurso. Aquí nos había preparado el maestro Leandro Regueiro, que es el actual maestro de la compañía del Colón. Como yo no tenía la presión del concurso, aproveché y me dediqué a recorrer la ciudad que es fascinante. Visité museos y palacios, caminé por la Plaza Roja. Me llamó la atención ver a mucha gente triste y otra exaltada. Como habían vivido un comunismo muy fuerte, muy opresivo, con la libertad se pasaban de la raya, se fueron al libertinaje. Se veían en la calle la droga y la prostitución. En el fondo era algo normal después de tanta represión.»
Para Silvina, muchas ciudades están marcadas como etapas de su desarrollo artístico. «Estuve en San Pablo de gira con la compañía, bailé 'Cisne negro' y después me invitaron a bailar 'Cascanueces'. En Berlín estuve nominada al premio Benois, haciendo un pas-de-deux con Luis Ortigoza, el argentino que es el primer bailarín de Chile. Y, después, estuve bailando en Santiago de Chile. Y el Día de la Danza, en 2004, estuve en el teatro Albéniz de Madrid. Y a Estados Unidos voy a cada rato. Es cierto, como le dije al comienzo, la danza me ha llevado por el mundo y me ha permitido que yo expresara mi forma de hacer ballet.»
Entrevista de M.S.

